jueves, 13 de octubre de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 1, 1-10



Pablo, Apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, saluda a los santos que creen en Cristo Jesús. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo
con toda clase de bienes espirituales en el cielo,
y nos ha elegido en Él, antes de la creación del mundo,
para que fuéramos santos
e irreprochables en su presencia, por el amor.

Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos
por medio de Jesucristo,
conforme al beneplácito de su voluntad,
para alabanza de la gloria de su gracia,
que nos dio en su Hijo muy querido.

En Él hemos sido redimidos por su sangre
y hemos recibido el perdón de los pecados,
según la riqueza de su gracia,
que Dios derramó sobre nosotros,
dándonos toda sabiduría y entendimiento.

Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad,
conforme al designio misericordioso
que estableció de antemano en Cristo,
para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos:
reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra,
bajo una sola Cabeza, que es Cristo.

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 El apóstol escribe esta carta hacia el año 62, desde Roma, donde está cautivo. La carta es amable y llena de intención teológica. Les presenta cuál es el plan salvador de Dios Padre y sobre todo la riqueza del misterio de Cristo y de la Iglesia, su comunidad. El comienzo de la carta es un himno entusiasta al plan salvador de Dios. En pocas líneas dice cuál es la riqueza del proyecto de Dios, centrado en Cristo Jesús, que representa para nosotros la mayor suerte: nada menos que ser hijos en el Hijo. Si en verdad creemos esto -que Dios nos quiere, que ha pensado en nosotros antes que existiéramos, que nos ha incorporado al destino de su Hijo, que nos ha perdonado, que nos ha hecho por tanto también hijos en su familia, y que nos destina a la salvación plena- ¿no tendría que cambiar la cara con que vivimos cada jornada?


P. Juan R. Celeiro

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