sábado, 15 de octubre de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 1-10



Hermanos:
Ustedes estaban muertos a causa de las faltas y pecados que cometían, cuando vivían conforme al criterio de este mundo, según el Príncipe que domina en el espacio, el mismo Espíritu que sigue actuando en aquéllos que se rebelan.
Todos nosotros también nos comportábamos así en otro tiempo, viviendo conforme a nuestros deseos carnales y satisfaciendo nuestra concupiscencia y nuestras malas inclinaciones, de manera que por nuestra condición estábamos condenados a la ira, igual que los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con Él en el cielo.
Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe.
Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Si tuviéramos una visión de Cristo y de la Iglesia como la que tenía Pablo, no necesitaríamos muchas más motivaciones para intentar vivir como cristianos y ser sus testigos en el mundo. Nosotros ya conocemos a Cristo, y le seguimos. Pero podemos profundizar mucho más en esta fe, hasta que llegue a ser motor de nuestro amor y fuente de esperanza que ilumine nuestra vida, hasta el punto de poderla comunicar a los que entren en contacto con nosotros. Como Pablo. No sólo "conocerlo", sino conocerlo más profundamente, llegando a la convicción de quién es Cristo, de cómo lo ha glorificado Dios, y de cómo es Cabeza de todo y de todos. Nunca conoceremos suficientemente a Cristo. Y cuanto más lo conozcamos, más nos impulsará a vivir en él y como él.


P. Juan R. Celeiro

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