sábado, 1 de octubre de 2016

Lectura del libro de Job 42, 1-3. 5-6. 12-17



Job respondió al Señor diciendo:

«Yo sé que Tú lo puedes todo
y que ningún proyecto es irrealizable para ti.
Sí, yo hablaba sin entender,
de maravillas que me sobrepasan y que ignoro.
Yo te conocía sólo de oídas,
pero ahora te han visto mis ojos.
Por eso me retracto,
y me arrepiento en el polvo y la ceniza».

El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros. Él llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. Tuvo además siete hijos y tres hijas. A la primera la llamó “Paloma”, a la segunda “Canela”, y a la tercera “Sombra para los párpados”. En todo el país no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job. Y su padre les dio una parte de herencia entre sus hermanos.
Después de esto, Job vivió todavía ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Job murió muy anciano y colmado de días.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Job reconoce la grandeza de Dios y se muestra dispuesto a aceptar sus designios. Confiesa también que todo esto le ha hecho madurar. Y Dios le bendice con bienes incluso superiores a los que tenía al principio. El problema del mal no ha recibido, una respuesta filosóficamente convincente, pero le ha ayudado a crecer. La vida nos ayuda a madurar. Y una de las cosas que más influyen en nuestro fortalecimiento de carácter y en aquilatar nuestra fidelidad, son las pruebas, los momentos de dolor. No sabemos lo que es tener fe hasta que algo nos la pone a prueba. Igual que pasa con la amistad o el amor o la fidelidad. Si hemos experimentado el dolor en nuestra propia carne, tal vez hemos tenido que confesar, como Job: "te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos". ¿Será verdad que sólo vemos a Dios en el momento del dolor? Al menos, sólo podemos calibrar hasta qué punto es firme nuestra fe cuando ha resistido la prueba de la renuncia y del sacrificio. Si sólo le servimos cuando todo nos va bien y luce el sol, ¿estamos en realidad sirviéndole a él o buscándonos a nosotros mismos?


P. Juan R. Celeiro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog