domingo, 23 de octubre de 2016

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 12-14. 16-18


DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
 
 
 
El Señor es juez
      y no hace distinción de personas:
no se muestra parcial contra el pobre
      y escucha la súplica del oprimido;
no desoye la plegaria del huérfano,
      ni a la viuda, cuando expone su queja.
 
El que rinde el culto que agrada al Señor, es aceptado,
      y su plegaria llega hasta las nubes.
La súplica del humilde atraviesa las nubes
      y mientras no llega a su destino, él no se consuela:
no desiste hasta que el Altísimo interviene,
      para juzgar a los justos y hacerles justicia.
 
Palabra de Dios. 



Reflenionamos juntos

 Ya el sabio del AT decía que Dios tiene cierta parcialidad a favor de los pobres y humildes. Nuestra postura ante Dios no puede ser de orgullo y autosuficiencia, sino de humilde sencillez. Hace dos domingos nos decía Jesús que no "pasemos factura" por lo que hemos conseguido: "hemos hecho lo que teníamos que hacer". El domingo pasado nos invitaba a saber ser agradecidos, reconociendo lo que Dios hace por nosotros. Hoy nos disuade de adoptar una actitud de soberbia y engreimiento, en nuestra oración y en nuestra vida. A veces, esta oración humilde de los "atribulados" se convierte en grito. Todos tenemos la experiencia de que hay días en que nos sale espontánea la oración de gratitud y alegría, de alabanza y euforia, y que hay otros en que nos saldría más a gusto un grito de angustia o incluso de protesta ante Dios. Es como cuando Jesús, en la cruz, gritó: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Se nos quiere infundir confianza, sobre todo, para esos días aciagos. Los gritos de los pobres atraviesan las nubes.


P. Juan R. Celeiro

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