San Frumencio, obispo



Nacido en Tiro, fue en viaje con un tío suyo a Etiopía, pero el navío fue apresado y sus pasajeros pasados a cuchillo. Sólo se perdonó la vida a Frumencio porque era muy joven. Llevado a la corte del rey de Aksum, se conquistó muy pronto todas las simpatías y se lo dejó libre. Aprovechó su libertad para dedicarse a predicar el Evangelio a aquellas gentes y no tardó en convertir al mismo rey, introduciendo de esta manera el cristianismo en Etiopía. Está considerado como el verdadero apóstol de ese país. Los etíopes lo llaman "Abba Salama", el padre de la paz, el revelador de la luz. Murió el año 370.

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