domingo, 27 de noviembre de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 13, 11-14a



Hermanos:
Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de que se despierten, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Los agustinos sabemos bien que este texto de la Carta a los Romanos fue la última gota de gracia que convirtió a Agustín hacia Dios, cuando, en su huerto de Milán, luchaba angustiosamente contra las tentaciones del mundo y de la carne. Esto es lo que hoy pedimos todos nosotros, los cristianos: que en este Adviento nos convirtamos definitivamente al Señor Jesús, despojándonos de todas nuestras malas inclinaciones, despertando del sueño de una rutina acomodada y acomodaticia, caminando durante toda nuestra vida a la luz de Dios. Para conseguir esto no nos fiamos de nuestras propias fuerzas, sino de la fuerza invencible que vino a traernos el Niño de Belén. Que nuestra esperanza cristiana alimente, en este Adviento y siempre, nuestra vida cristiana.

Gabriel González del Estal

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