lunes, 21 de noviembre de 2016

Lectura del libro del Apocalipsis 14, 1-3. 4b-5


 
Yo, Juan, vi al Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, acompañado de, ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre.
Oí entonces una voz que venía del cielo, semejante al estrépito de un torrente y al ruido de un fuerte trueno, y esa voz era como un concierto de arpas: sus elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios, y delante de los cuatro Seres Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender este himno, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra. ,
Ellos siguen al Cordero dondequiera que vaya. Han sido los primeros hombres rescatados para Dios y para el Cordero. En su boca nunca hubo mentira y son inmaculados.
 
Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

 Este oráculo data probablemente de cuando se inició la reconstrucción del templo en Jerusalén, mientras algunos israelitas están todavía lejos de la patria y afloran esperanzas de renacimiento. El texto es festivo, y resuena en él una de las convicciones y experiencias más firmes de Israel: la presencia del Señor en medio de su pueblo, su morada en el templo como en su casa. El mensaje confirma una fe, injerta una esperanza, fortalece una actitud, porque el Señor se presenta en el templo, garantiza una morada estable, preanuncia su propia disponibilidad a una admisión universal, exhorta, a la alegría en la forma de exultación y, a la contemplación silenciosa de su presencia. María, en quien va a habitar el Señor, es en persona la hija de Sión, el Arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Señor: Ella es la morada de Dios entre los hombres.


P. Juan R. Celeiro
 

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