miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lectura del libro del Apocalipsis 15, 1-4

Cantaban el canto de Moisés y el canto del Cordero



Yo, Juan, vi en el cielo otro signo grande y admirable: siete Ángeles que llevaban las siete últimas plagas, con las cuales debía consumarse la ira de Dios.
También vi como un mar de cristal, mezclado de fuego. Los que habían vencido a la Bestia, a su imagen y la cifra de su nombre, estaban de pie sobre el mar de cristal, teniendo en sus manos grandes arpas, y cantaban el canto de Moisés, el servidor de Dios, y el canto del Cordero, diciendo:
«¡Grandes y admirables son tus obras,
Señor, Dios todopoderoso;
justos y verdaderos son tus caminos,
Rey de los pueblos!
¿Quién dejará de temerte, Señor,
quién no alabará tu Nombre?
Sólo Tú eres santo,
y todas las naciones vendrán a adorarte,
porque se ha manifestado la justicia de tus actos».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

A los cristianos que estaban perseguidos por el emperador romano, a fines del siglo I, el vidente de Palmos les quiere convencer de que la victoria es segura, que el Cordero y sus seguidores, aunque tengan que pasar por mil penalidades, van a terminar cantando himnos victoriosos y pascuales. A los del siglo I y a los que pasamos al XXI: porque todos sabemos de fatigas y dificultades en nuestro seguimiento de Cristo, y necesitamos palabras de ánimo. Cuando cantamos este himno en Vísperas, lo tendríamos que hacer con voz alta, expresando nuestra alegría, que nunca debería quedar ahogada por la rutina, por haber sido incorporados al triunfo de Cristo contra el mal y por habernos mantenido libres, con su ayuda, en medio de la corrupción general. No se repetirá la escenografía del Apocalipsis. Pero su contenido y su mensaje, sí. Y eso nos tiene que hacer dirigir una mirada pascual y esperanzada a la historia del mundo y a la nuestra personal. A pesar de que la lucha sigue.


P. Juan R. Celeiro

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