miércoles, 2 de noviembre de 2016

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b- 7


  CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS


Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios entre los hombres: Él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, Yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la Vida. El vencedor heredará estas cosas, y Yo seré su Dios y él será mi hijo».
Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

 El pasaje nos afirma que llegará el tiempo de una alianza definitiva e indestructible entre Dios y su Pueblo, un desposorio; una alianza gratuita, caracterizada por la presencia cercana e íntima de Dios entre los suyos; una alianza en base a la filiación: Él será nuestro Padre, nosotros sus hijos. Todo cristiano ya tiene primicias de ella por el bautismo y anhela que sea plena tras la muerte. ¿Desea nuestro corazón alcanzar esta Alianza? ¿Tenemos  una mirada de fe y de esperanza frente a la muerte propia o de los seres queridos? ¿Transitamos por la vida seguros y confiados de que toda la historia en Jesucristo y por Él  termina bien? ¡Señor, aumenta nuestra fe!


P. Juan R. Celeiro
                           

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