domingo, 6 de noviembre de 2016

Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 1; 7, 1-2. 9-14


 
El rey Antíoco envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios.
Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: «¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres».
Una vez que el primero murió, llevaron al suplicio al segundo. Y cuando estaba por dar su último suspiro, dijo: «Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes».
Después de éste, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: « Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de Él». El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos.
Una vez que murió éste, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: «Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por El. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida».
 
Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

 Es edificante la fortaleza de aquella madre y de sus siete hijos que resisten a todas las tentaciones y halagos y no quieren de ningún modo abandonar su fe y pasar al paganismo, con sus creencias y costumbres. Lo de comer o no la carne prohibida era sólo un detalle: se trataba de algo más profundo, de mantenerse fieles al conjunto de la fe en Dios. Pero la lección que hoy se resalta está sobre todo en la fe que muestran todos sus protagonistas en la resurrección y en la otra vida, que va a ser el tema del evangelio. Cuando están a punto de morir, los varios personajes de la historia -hoy no la leemos entera- van diciendo palabras muy significativas. Insisten en su fe convencida en la vida futura, en la resurrección que esperan. De esa convicción es de donde sacan fuerzas para su fidelidad.



P. Juan R. Celeiro

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