martes, 13 de diciembre de 2016

Lectio: Martes, 13 Diciembre, 2016


Tercera semana de Adviento
1) Oración
Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado, ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina ....
2) Lectura
Del Evangelio según Mateo 21,28-32
«Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: `Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.' Y él respondió: `No quiero', pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor', y no fue.¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?» -«El primero»- le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy trae una parábola. Como de costumbre, Jesús cuenta una historia sacada de la vida cotidiana de las familias; una historia común que habla por si sola y no necesita de mucha explicación. Por medio de una historia muy sencilla, Jesús trata enseguida de implicar a los oyentes y comunicar un mensaje. Se implican en la historia, sin, de momento, darse cuenta del objetivo que Jesús tenía en mente. Después que dieran una respuesta a la pregunta, Jesús aplica la historia y los oyentes se dan cuenta de que ellos se condenaron a sí mismos.
• Mateo 21,28-30: La historia de los dos hijos. Jesús hace una pregunta inicial: "Pero, ¿qué os parece?” Es para llamar la atención de las personas para que presten mucha atención a la historia que sigue. En seguida viene la historia: "Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: `Hijo, vete hoy a trabajar en la viña.' Y él respondió: `No quiero', pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: `Voy, Señor', y no fue”. Se trata de una historia de la vida familiar de cada día. Las personas que escuchan a Jesús entienden del asunto, pues ya lo habían vivido, a lo mejor, muchas veces en su propia casa. De momento no se percibe lo que Jesús tiene en mente. ¿Qué quiere alcanzar con esta historia?
• Mateo 21,31ª: La implicación de las autoridades en la historia de los dos hijos. Jesús formula la historia en forma de pregunta. Al comienzo dice: “Pero, ¿qué os parece?” y al final termina preguntando: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Los que escuchan son padres de familia y responden desde lo que debe haber acontecido varias veces con sus hijos: Los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo respondieron "El primero". Esta es la respuesta que Jesús quería oír de ellos y por donde los coge en flagrante para comunicar su mensaje.
• Mateo 21,31b-32: La conclusión de Jesús. “En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él”. La conclusión de Jesús es evidente y muy dura. En la opinión de los sacerdotes y de los ancianos, los publicanos y las prostitutas eran personas pecadoras e impuras que no hacían la voluntad del Padre. En opinión de Jesús, publicanos y prostitutas, de hecho, decían “No quiero”, pero acababan haciendo la voluntad del Padre, pues se arrepienten ante la predicación de Juan Bautista. En cuanto a ellos, los sacerdotes y los publicanos que oficialmente siempre dicen “¡Sí, señor, voy!”, pero acaban no observando la voluntad del Padre, pues no quisieron creer en Juan Bautista.
4) Para la reflexión personal
• ¿Con cuáles de los dos hijos me identifico?
• ¿Quiénes son hoy las prostitutas y los publicanos que dicen “¡No quiero!”, pero terminan haciendo la voluntad del Padre?
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

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