domingo, 18 de diciembre de 2016

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 1, 1-7



Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que Él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder
según el Espíritu santificador,
por su resurrección de entre los muertos.
Por Él hemos recibido la gracia y la misión apostólica,
a fin de conducir a la obediencia de la fe,
para gloria de su Nombre,
a todos los pueblos paganos,
entre los cuales se encuentran también ustedes,
que han sido llamados por Jesucristo.
A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, lleguen la gracia y la: paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


Estas palabras que escribe el apóstol san Pablo a los primeros cristianos de Roma deben servirnos a nosotros para formular, en este segundo domingo de adviento, un propósito acorde con las lecturas de la liturgia de hoy: el de nuestra conversión a Dios y a los hermanos, siguiendo siempre el ejemplo de Cristo que nos acogió a todos nosotros para gloria de Dios Padre. No es posible una verdadera conversión cristiana sin este propósito de amar a Dios y al prójimo, siguiendo siempre el ejemplo de nuestro Señor Jesús. Que en nuestras palabras y en nuestras obras se note siempre que estamos bautizados con el Espíritu Santo y con el fuego de nuestro Señor. Así lo hizo, a su manera, el mismo Juan el Bautista y así debemos hacerlo cada uno de nosotros. Si lo hacemos así, convertidos a Dios y al prójimo, estaremos caminando de verdad hacia el encuentro espiritual con el Dios niño, que nacerá en Belén.

Gabriel González del Estal

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