viernes, 23 de diciembre de 2016

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 1-4. 23-24



Yo envío a mi mensajero,
para que prepare el camino delante de mí.
Y en seguida entrará en su Templo
el Señor que ustedes buscan;
y el Ángel de la alianza que ustedes desean
ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el Día de su venida?
¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca?
Porque El es como el fuego del fundidor
y como la lejía de los lavanderos.
Él se sentará para fundir y purificar:
purificará a los hijos de Leví
y los depurará como al oro y la plata;
y ellos serán para el Señor
los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.
La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor,
como en los tiempos pasados, como en los primeros años.

Yo les voy a enviar a Elías, el profeta,
antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible.
Él hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos
y el corazón de los hijos hacia sus padres,
para que Yo no venga a castigar el país
con el exterminio total.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos 

En el contexto de la reconstrucción del segundo templo (mitad del S. V a.C.), el culto y la pureza religiosa del pueblo están en decadencia a causa de los matrimonios mixtos de los que volvieron a Jerusalén del destierro de Babilonia y viven impunes y tranquilos. Los observantes se preguntan: ¿dónde está la justicia de Dios? En nombre del Señor, el profeta responde denunciando el pecado de los sacerdotes y la violación de la ley del culto por parte de pueblo y anunciando como inminente «el día grande y terrible» de la venida del Señor en persona. Él purificará el templo y sus sacerdotes y juzgará a los malvados. Pero al Señor le precederá un mensajero, identificado con el profeta Elías, cuya misión será la de preparar el camino, purificar al pueblo de sus pecados y dirigirlo, mediante la reconciliación del corazón, a las sanas tradiciones de los padres. La profecía de Malaquías, leída en el contexto del N. T, se refiere a la venida de Cristo, precedida por su mensajero: Juan Bautista, cuya misión de Precursor será llamar al pueblo a la conversión y prepararlo al encuentro con el Mesías, «el Angel de la alianza », por todos esperado.

P. Juan R. Celeiro

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