lunes, 12 de diciembre de 2016

Lectura del libro del profeta Isaías 7, 10-14; 8, 10



En aquellos días:
El Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del abismo, o arriba, en las alturas». Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor».
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa "Dios está con nosotros"».

Palabra de Dios.


 Ante el enemigo, que cerca a Jerusalén para destruirla, el Señor promete que velará por su pueblo; y si no quieren creerle, su rey puede pedir una señal para que sepan que las promesas de Dios no son espejismos engañosos.
Ante la negativa de pedir una señal, el mismo Dios hace el anuncio de la misma: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. Al paso del tiempo, esta promesa que se refería a la defensa que Dios haría ante los enemigos de su Pueblo, llegará a su pleno cumplimiento con el nacimiento del Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María de Nazaret.
Así, por medio de Jesús, el Señor se hace Dios-con-nosotros. Él viene no sólo a reconciliarnos con Dios y a liberarnos de la esclavitud al pecado, sino a elevarnos a la dignidad de ser sus hijos, por nuestra unión a su Hijo, hecho uno de nosotros.
Y esta salvación no estará ya reservada a un pueblo, sino que se abre a todas las naciones, para que todos encuentren su Camino de Salvación en Cristo, hijo de María Virgen. Ella es la Madre del Verdadero Dios por quien se vive y contempla con gran ternura de Madre a quienes su Hijo encomendó como hijos; vela por ellos y los impulsa a encontrarse con el Dios de la Vida para tener en Él la salvación.
Ojalá y que nuestra devoción a María no se quede sólo en exterioridades, sino que llegue al compromiso de caminar junto con ella en la fidelidad a la voluntad de Dios sobre nosotros, hasta llegar al gozo definitivo de los bienes eternos.

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