domingo, 1 de enero de 2017

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Galacia 4, 4- 7



Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacemos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.

Palabra de Dios.


El Señor se fije en ti y te conceda la paz. Hoy, primer día del año 2017, celebramos también el Día Mundial de la Paz. La paz es el bien más necesario para una buena convivencia. La paz que pide Moisés a Dios para su pueblo, en esta lectura del libro de los Números, no era una paz pasiva, no era la paz de los cementerios; era una paz activa, una paz fruto de la concordia y de la justicia. Más de una vez se dice en la Biblia que la paz y la justicia se abrazan, se besan. Sin verdadera justicia no puede existir la paz. No podemos pedir a un pueblo, o a una persona, injustamente tratados, que quieran vivir en paz con quien les oprime o les maltrata. En este primer día del año debemos pedir por la paz; por la paz individual, por la paz familiar, por la paz entre todos los pueblos y todas las naciones de la tierra. Pidamos, pues, al Señor, que nos bendiga, ayudándonos a conseguir, en este año 2017, un orden social justo y pacífico, en el que se expresen y se realicen todos los derechos fundamentales de las personas.

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