domingo, 29 de enero de 2017

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13


Busquen al Señor, ustedes,
todos los humildes de la tierra,
los que ponen en práctica sus decretos.
Busquen la justicia,
busquen la humildad,
tal vez así estarán protegidos
en el Día de la ira del Señor.
Yo dejaré en medio de ti
a un pueblo pobre y humilde,
que se refugiará en el nombre del Señor.
El resto de Israel
no cometerá injusticias
ni hablará falsamente;
y no se encontrarán en su boca
palabras engañosas.
Ellos pacerán y descansarán
sin que nadie los perturbe.
Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Una vez más brota del mensaje profético la promesa de una liberación, la esperanza de una restauración que reúna en un pueblo nuevo a todos los hijos de Dios, dispersos por los mil rincones de la tierra. Ese pueblo nuevo resurgirá con la llegada de Cristo. Él, como otro Moisés, librará a los suyos del peso de la esclavitud. Ahora, tras la muerte y resurrección de Jesús, ya está formado ese pueblo. Es cierto que por el Bautismo nos integramos a Él, somos parte de la Iglesia de Cristo. Pero no hay que olvidar que el ser cristiano lleva consigo algo más. Supone una vida recta, una vida sincera. Una vida sin embustes ni hipocresías. Amar la verdad es ciertamente no decir mentiras, pero es ante todo vivir de acuerdo con lo que se cree. Por eso sólo el que es auténtico, el que es sincero, el que es honrado pertenece realmente al pueblo de Dios.


P. Juan R. Celeiro
 

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