sábado, 4 de febrero de 2017

Lectura de la carta a los Hebreos 13, 15-17. 20-21



Hermanos:
Por medio de Jesús, "ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios" que confiesan su Nombre. Hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque ésos son sacrificios agradables a Dios.
Obedezcan con docilidad a quienes los dirigen, porque ellos se desvelan por ustedes, como quien tiene que dar cuenta. Así ellos podrán cumplir su deber con alegría y no penosamente, lo cual no les reportaría a ustedes ningún provecho.
Que el Dios de la paz -el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna- los perfeccione con toda clase de bienes para cumplir su voluntad. Que Él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Se alterna, en la conclusión, la catequesis con la exhortación y la oración. Pero, el centro vivificador de estos versículos es uno solo: el misterio pascual de Cristo. Él es «el gran pastor de las ovejas»; es el Mesías esperado que, en virtud de su propia sangre, se ha convertido en mediador de una alianza eterna de vida y de paz entre nosotros y Dios. De aquí brota la novedad fundamental del culto cristiano, del que ha tratado la carta: por medio de Jesús, toda la vida del creyente puede llegar a ser ofrenda agradable a Dios. El sacrificio de alabanza se prolonga y se acredita a través del sacrificio cotidiano de la caridad activa y de la dócil sumisión a quien guía a la comunidad por los caminos del Señor. Esta existencia pascual es don que hemos de pedir y, al mismo tiempo, compromiso que hemos de asumir con responsabilidad; por eso, confía al Padre a los destinatarios. Sólo él, puede disponer los corazones para recibir el don de manera conveniente, es decir, en colaboración laboriosa con la gracia. La alianza establecida en la muerte y resurrección de Cristo es premisa y garantía de que el Padre escuchará esta oración


P. Juan R. Celeiro

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