domingo, 26 de febrero de 2017

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 4, 1-5


 
Hermanos:
Los hombres deben consideramos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel.
En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor, Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.
 
Palabra de Dios. 




Que la gente vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios… No juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor. No sólo los sacerdotes, sino todos los cristianos, debemos considerarnos servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Debemos hacerlo con fidelidad, con humildad y con amor. No debemos rechazar, ni condenar de antemano a nadie, porque Cristo murió por todos; dejemos que sea Dios mismo el que nos juzgue a todos. Repartamos la gracia y el amor de Dios a todas las personas, sin distinción sexo, clase social y etnia a la que pertenecen. Lo nuestro es hacer el bien y repartir la gracia de Dios; el juicio final se lo dejamos a Dios, que nos juzgará a todos en el momento final y lo hará, como nos ha dicho el profeta Isaías, como una madre que no puede olvidarse nunca del hijo de sus entrañas.
 
Gabriel González del Estal

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