domingo, 5 de febrero de 2017

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10




Así habla el Señor:
Si compartes tu pan con el hambriento
y albergas a los pobres sin techo,
si cubres al que ves desnudo
y no te despreocupas de tu propia carne,
entonces despuntará tu luz como la aurora
y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia
y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá;
pedirás auxilio, y Él dirá: «¡Aquí estoy!»
Si eliminas de ti todos los yugos,
el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento
y sacias al que vive en la penuria,
tu luz se alzará en las tinieblas
y tu oscuridad será como al mediodía.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos


Se nos dice que la compasión y la justicia misericordiosa, la caridad cristiana, es condición indispensable para vivir en la luz del Señor. Dios está, dice el profeta, donde hay un hombre y una mujer que sufre, Dios ha hecho una clara opción preferencial por el pobre y el abatido. La luz de los verdaderos cristianos, su práctica de una justicia generosa y misericordiosa, debe iluminar a la sociedad en la que vivimos. ¿Nos distinguimos precisamente los cristianos, dentro de nuestra sociedad, por ser personas especialmente generosas, misericordiosas y justas, tal como nos recomienda hoy Isaías y tal como practicó y vivió nuestro Señor Jesucristo? ¿También nuestra sociedad de hoy puede decir, como en los primeros tiempos del cristianismo, que a los cristianos se nos nota enseguida nuestra condición cristiana, por el amor generoso y desinteresado que tenemos y mostramos en nuestro comportamiento diario? Porque una Iglesia que no muestre y demuestre su amor hacia los más pobres, nos dice el Papa Francisco, no es la Iglesia de Cristo.


P. Juan R. Celeiro




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