domingo, 12 de marzo de 2017

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10



Querido hijo:
Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.
Porque El destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.

Palabra de Dios.


Querido hermano, toma parte en los duros trabajos del evangelio. Este es el consejo que san Pablo le da a su hijo espiritual Timoteo. Le pone el ejemplo de nuestro salvador Jesucristo, que salió del Padre y se acercó a nosotros para salvarnos. Jesucristo es Dios en salida porque salió del Padre, se despojó de su rango y tomó la forma de uno de tantos. Imitemos a Jesús, acerquémonos a los que más nos necesiten, a los más pobres, marginados y desamparados. Seamos cada uno de nosotros como un don para los demás. Salgamos de nosotros mismos y salvemos, cada uno según las fuerzas que Dios le dé, a los que se encuentran perdidos o desorientados.

Gabriel González del Estal

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