viernes, 31 de marzo de 2017

Libro de la Sabiduría 2,1a.12-22.


Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: 
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. 
El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, 
porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. 
Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios. 
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. 
Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. 
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. 
Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.» 
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. 
No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras. 



Palabra de Dios


Reflexionamos Juntos

Dinámica que vemos cumplirse a lo largo de los siglos y también ahora: los justos resultan incómodos en medio de una sociedad no creyente, y por tanto hay que eliminarlos. Hoy, junto a muchas personas que creen y aceptan a Cristo, hay otras muchas que han optado por ignorarlo, o incluso por perseguir toda idea suya. Una sociedad que va perdiendo valores fundamentales, acusa el impacto del testimonio de los creyentes. Los verdaderos profetas son con frecuencia perseguidos. Los falsos, los que no se preocupan de transmitir lo que Dios dice, sino lo que gusta a la gente, ésos prosperan. Le puede pasar al Papa, si lo que dice no gusta. A unos obispos o a unos misioneros, si su voz se levanta para denunciar injusticias o situaciones que afectan a intereses de poderosos. También a nosotros, si con nuestra vida damos un testimonio de valores diferentes, porque vivimos en sentido inverso de lo que es moda o de lo que dicen las estadísticas sociológicas. No llegaremos a ser perseguidos y amenazados de muerte, pero sí desacreditados o ridiculizádos o simplemente ignorados.

P. Juan R. Celeiro

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