viernes, 17 de marzo de 2017

Puntos para una Cuaresma distinta



Despréndete de tantas palabras huecas
y sin sentido: llénate de la Palabra de DIOS.

Abona tu FE con la participación diaria en la Eucaristía.
Un peregrino, no puede llegar al final de su trayecto,
sin saber por qué o por quién lo hace.

Carga tu conciencia con la rectitud del Espíritu.
No caigas en la tentación de pensar  que, tu conciencia,
es aquello que te da la posibilidad de realizar o pensar
lo que creas conveniente. Deja que Dios  la eduque.

Vive con sobriedad estos días. No por tener mucho
se es más feliz. La felicidad la da el uso correcto
y sensato de las cosas, no el despilfarro
ni la simple apariencia.

Busca, insistentemente, un espacio de silencio.
Para lo que queremos no hay inconvenientes
ni cansancio. Una iglesia puede ser la mejor
sauna para el cuerpo y el espíritu.

Recapacita sobre quién necesita de tu comprensión
o de tu perdón. Si estás enojado con alguien,
derriba esos muros que os separan.
Si, por el contrario, otros están distantes de ti,
no dudes en pedir perdón.

Lee, cada noche, un trozo de la Palabra de Dios.
¿De qué nos sirve una mesa si no se sirve comida?
¿Para qué una valiosa joya si nunca se luce?
La Biblia es la perla más preciosa y, no siempre
la más codiciada, en un hogar cristiano.

Haz oración. No pienses que es difícil, es cuestión
de ponerse. Si fueras a un médico, te diría
que el funcionamiento del corazón es muy difícil
de explicar, pero, el paciente sin saber tanto,
siente que en su interior se mueve con
dos movimientos. La oración es el palpitar de Dios
con el hombre y del hombre con Dios.

Bríndate generosamente. Haz algo, aunque sea pequeño,
en favor de alguna causa. Pero, sobre todo, cuando lo realices
ofréceselo a Dios. No te conviertas en un simple miembro
de una “ONG”. Como cristiano, la fuente de tu hacer el bien,
está en Dios y no el altruismo.

Busca la paz. Trabaja por ella en lugares tan cercanos
como el trabajo o la familia. ¿De qué nos sirve añorar
la paz en el mundo si, luego, somos incapaces de conseguirla
en nuestros pequeños campos de batalla?

Si hace tiempo que no frecuentas el sacramento
de la confesión, haz un esfuerzo. Nuestra vida necesita
un contraste, un consejo, una palabra oportuna.
Alguien que, en nombre de Jesús, vaya el fondo de nosotros,
nos cure y nos perdone. A veces, hasta una copa limpia,
necesita de una mano que la deje resplandeciente.

Guarda vigilia y  ayuno. Nunca como hoy está tan de moda,
diversas recetas para adelgazar: no comer. Pero, la Cuaresma,
nos dice que para hacer fuerte el espíritu, es necesario
–en el nombre de Jesús– estos signos que denotan algo
muy importante: LO HACEMOS PORQUE JESUS
SUBE A LA CRUZ. Lo contrario, en el fondo,
es debilidad de fe.

No te avergüences de ser católico y cristiano.
¿Por qué todo el mundo dice lo que quiere y nosotros
hemos de ser tan prudentemente peligrosos con nuestro
silencio? ¿Por qué tan tolerantes con otras religiones
y, tan poco respetuosos con la nuestra? Las raíces
de nuestra tierra, recuérdalo, revívelo y manifiéstalo,
son cristianas. ¡De ti depende!

Si vives bien y, además, arropado por el dinero, piensa
que es una bendición de Dios. Comparte, algo por lo menos,
con los necesitados. Una organización católica, tu parroquia, etc.,
serán el mejor cauce y el más seguro camino, para
–no solamente hacer limosna– sino, además promover la justicia.

Siéntete a gusto en tu Iglesia. Pide por ella. Por el Papa, los obispos,
los sacerdotes. En medio del desierto que estamos viviendo,
también el maligno nos invita a dudar, a abandonar engañándonos.
Ni sus representantes son tan buenos como quisieran ni,
por supuesto, tan mediocres como algunos nos los pintan.
Ama a tu Iglesia. Da la cara por ella.

P. Javier Leoz


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