lunes, 13 de marzo de 2017

San Nicéforo

Vivía en Antioquía un sacerdote llamado Sapricio y un seglar por nombre Nicéforo, que habían sido íntimos amigos por muchos años, hasta que surgió la discordia entre los dos, y a su amistad siguió un odio encarnizado. Esto continuó por algún tiempo hasta que Nicéforo, dándose cuenta de lo pecaminoso de tal rencor, resolvió buscar la reconciliación. Dos veces envió a algunos de sus amigos para que fueran con Sapricio a pedirle su perdón.

El sacerdote, no obstante, se negó a hacer las paces. Nicéforo los envió una tercera vez, siempre sin resultado alguno, pues Sapricio tenía cerrados sus oídos aun a Cristo, que nos manda perdonar si queremos ser perdonados. Nicéforo entonces fue personalmente a su casa, y reconociendo su falta, humildemente suplicó que lo perdonara; pero esto tampoco tuvo mejor éxito. Era el año 260, y repentinamente comenzó el furor de la persecución contra los cristianos, bajo Valerio y Galieno. 

Nicéforo persistía en negarse a ofrecer sacrificios a los dioses, debería perecer; y de acuerdo con esto, fue ejecutado.

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