domingo, 19 de marzo de 2017

Tú, Señor, eres el pozo de agua viva



Soy caminante en busca de lo alto
y por ello tengo sed, no tanto de beber,
cuanto de llegar a Dios.

¡Tú, Señor, eres el pozo de agua viva!
Mi camino, cansado y abatido,
son pasos que conducen hacia alguien:
¿Estarás al final, Jesús?
Mi camino, sabiendo que Tú esperas,
sé que será sendero que conducirá
entre pruebas y llantos,
alegrías y penas, al pozo de la amistad.

¡Tú, Señor, eres el pozo de agua viva!
Sentarme junto a Ti, Señor,
es contemplar la grandeza y la pobreza de mi vida,
es entender que, Tú, como nadie,
pones sobre la mesa aquello que, de mi vida,
muy poco o nada, me interesa pregonar ni ver.

¡Tú, Señor, eres el pozo de agua viva!
¿Cómo me darás de esa agua viva?
¿Cómo la sacarás, Señor?
¿Dónde tienes un cántaro?
¡Ah! ¡Ya lo sé, Señor!
Yo soy el vaso y el cántaro
con los cuales sacarás, para  mí y para los demás,
el agua viva que brota a chorros
de la fuente de tu costado.

¡Tú, Señor, eres el pozo de agua viva!
Entra, Señor, en el pozo de mi alma:
es hondo, como el de la Samaritana,
con fragilidades, como la vida de la Samaritana,
con sed de agua limpia, como la de la Samaritana
con sed de Dios, como la de la Samaritana.
Entra, Señor, en el pozo de mi alma.
Y que, como la Samaritana, pueda decir también:
He estado con Jesús…y sabe todo lo que he hecho.
Amén.

P. Javier Leoz

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