domingo, 2 de abril de 2017

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11



Hermanos:
Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Palabra de Dios.


 Vivimos en carne, nos dice la Carta a los Romanos, pero "no estamos en la carne". Somos carne, pero hay en nosotros otro elemento vivificador, que es el Espíritu de Cristo, que lo es de Dios. Este Espíritu, que resucita los muertos, es el que tiene la última palabra. Hay, pues, esperanza para los hermanos. Nuestro cuerpo no será definitivamente destruido, sino vivificado y transfigurado. La promesa de vida adquiere nuevo vigor en la era de Cristo, que es la era del Espíritu. El Espíritu de vida ya "habita en nosotros". El anuncio del Profeta ya ha empezado a cumplirse. Si tenemos el Espíritu con nosotros, nuestra condición carnal queda superada y nuestra condición mortal queda vencida. Ya no podemos vivir según la carne, que es ley de pecado, sino en el Espíritu, esto es «por la justicia». Y ya no debemos temer la muerte, porque el Espíritu «vivificará nuestros cuerpos mortales». Estamos abiertos, pues, a la esperanza.

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