domingo, 2 de abril de 2017

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14



Así habla el Señor:
Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que Yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.

Palabra de Dios.


Aunque el texto de Ezequiel no habla directamente de la resurrección de los muertos, sino la liberación del pueblo elegido, se insinúa ya un éxodo más radical y universal en el que la muerte y todo lo que mortifica a los hombres ha de ser vencido por la resurrección de Cristo. Es en la Pascua de Cristo donde se abre el acceso a la verdadera vida y los hombres entran en comunión con Dios definitivamente. Ezequiel, desterrado con los desterrados, ve con sus propios ojos la situación lamentable de su pueblo que yace en las tinieblas de la muerte como un montón de huesos, sin esperanza. Babilonia es la tumba de los pueblos, allí se consume poco a poco el pueblo de Israel. Pero Dios sacará a su pueblo elegido de esa tumba y lo conducirá a la tierra de los vivos, a la patria lejana y deseada de la que había sido deportado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog