martes, 11 de abril de 2017

¿Servir o servirnos?



¿Nos arrodillamos o permanecemos
impasibles ante el sufrimiento?
¿Perdonamos o guardamos todas las ofensas
en el disco duro de nuestra memoria?
¿Damos vida o generamos muerte?
¿Partimos y repartimos el pan o lo escondemos?
¿Elevamos la copa llena de vida
o escasa de buenos deseos?

¿Nos entregamos o preferimos pasar desapercibidos?
¿Amamos sin distinción o con condiciones?
¿Recordamos a Jesús o es el gran olvidado?
¿Buscamos libertad o libertinaje?
¿Adoramos a Dios o a nuestros propios dioses?
¿Nos dejamos lavar por Jesús
o por el lodo del mundo?
¿Comemos el pan eucarístico
con apetito o por simple rito?

¿Bebemos la sangre de Cristo con sed o por inercia?
¿Vivimos la unidad con Dios o la dispersión de hermanos?
¿Vivimos el amor o nos conformamos con cantarlo?
¿Somos los primeros para dar o los últimos en ofrecernos?
En Jueves Santo, todo cambia de color y de sitio:
Jesús se arrodilla y el hombre se eleva.
La traición es acogida en la mesa.
El sacerdocio se hace ofrenda y víctima.
El amor se explaya sin límite.
La hermandad se convierte en distintivo.

La jofaina en bandera de servicio.
El pan en signo de una presencia real.
El vino de una sangre que transforma.

P. Javier Leoz      

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