miércoles, 3 de mayo de 2017

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 1-8


Hermanos:
Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.
Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

Palabra de Dios.


Jesucristo es el Evangelio viviente del Padre. No tenemos otro nombre ni otro camino mediante el cual podamos salvarnos. Por eso no podemos falsear el Evangelio, ni podemos hacer una relectura del mismo conforme a nuestros intereses.
El Enviado del Padre murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día, dándonos muchas pruebas de que estaba vivo; ahora, después de cumplir su Misión, vive para siempre sentado a la diestra del Padre Dios. En el fondo vemos el amor hasta el extremo que Dios nos ha tenido. Quien crea en Cristo no sólo anunciará lo que sabe de Él y que los apóstoles nos han transmitido, sino que dará testimonio del Señor proclamando su Evangelio desde la propia vida, que se convertirá en una Buena Noticia del amor salvador de Dios para todos los pueblos.
No podemos, por tanto, convertirnos en una Iglesia con una doctrina diferente a la que realmente proclamó el Señor, pues si eso hiciésemos estaríamos creyendo en vano. Conozcamos y experimentemos el amor que Dios nos ha manifestado por medio de su Hijo Jesús, y demos testimonio de Él con una vida en plena unión con el Señor y con lo que nos transmitieron los apóstoles y nos hacen llegar, con la verdad que viene del Espíritu Santo, los legítimos sucesores de los apóstoles.

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