domingo, 7 de mayo de 2017

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pedro 2, 20b-25


Queridos hermanos:
Si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios.
A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. Él no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron sanados. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.

Palabra de Dios.



Cristo, cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas nos han curado. El sufrimiento de Cristo fue un sufrimiento redentor, su sufrimiento nos curó, así nosotros también debemos soportar nuestros sufrimientos y convertirlos en instrumentos de salvación. El dolor y el sufrimiento son algo inherente a la condición humana, lo importante es, como decimos, hacer de nuestros dolores y sufrimientos caminos de salvación. El dolor es como el fuego, puede destruirnos, o purificarnos. De nosotros depende elegir una cosa u otra. Lo que Cristo eligió ya lo sabemos, tal como hemos leído hoy en estas palabras del apóstol Pedro. Seamos buenos discípulos y seguidores del único Señor y Pastor al que queremos seguir. Y que nuestro dolor sea provechoso y redentor no sólo para nosotros, sino también para los demás.

Gabriel González del Estal



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