sábado, 3 de junio de 2017

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 28, 16-20. 30-31



Cuando llegamos a Roma, Pablo recibió autorización para alojarse en una casa particular con un soldado que lo custodiara.
Tres días después convocó a los judíos principales, y cuando se reunieron les dijo: «Hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos. Después de interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada que mereciera la muerte; pero ante la oposición de los judíos, me vi obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi pueblo. Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la esperanza de Israel llevo estas cadenas».
Pablo vivió dos años enteros por sus propios medios, recibiendo a todos los que querían verlo, proclamando el Reino de Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo concerniente al Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Pablo ha llegado a Roma. Sin perdida de tiempo emprende su evangelización. Aprovecha toda ocasión. Aquí escribió sus cartas a los Colosenses, a los Efesios, a Filemon. Probablemente será liberado después de 2 años y emprenderá un nuevo viaje misionero hasta que encarcelado  nuevamente morirá bajo la persecución de Nerón hacia el año 67. Ayúdanos, Señor, a que sepamos aprovechar toda ocasión para proclamar la “buena nueva”. Reina en nosotros para que podamos hablar validamente de ti a todos aquellos que de algún modo se acerquen a nosotros, como lo hacia Pablo.

P. Juan R. Celeiro

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