domingo, 25 de junio de 2017

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13


Dijo el profeta Jeremías:
Oía los rumores de la gente:
«¡Terror por todas partes!
¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!»
Hasta mis amigos más íntimos
acechaban mi caída:
«Tal vez se lo pueda seducir;
prevaleceremos sobre él
y nos tomaremos nuestra venganza».
Pero el Señor está conmigo
como un guerrero temible:
por eso mis perseguidores tropezarán
y no podrán prevalecer;
se avergonzarán de su fracaso,
será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo,
que ves las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,
porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor,
porque El libró la vida del indigente
del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Jeremías ve el peligro, oye el cuchicheo de sus enemigos, se da cuenta de sus intrigas. Sabe que lo van a delatar, que intentan calumniarlo, que viven al acecho para aprovechar el primer desliz, el primer traspiés. Momentos de angustia que le hacen temblar, asustarse, sentir miedo. Sus lágrimas corren abundantes, sus lamentaciones se desgranan en unas letanías interminables... Jeremías, figura de Cristo paciente, mensaje para el justo que sufre y pena. En efecto, Jesús crucificado es la respuesta, sin palabras y sin más explicación, del sentido "sinsentido" que tiene el sufrimiento del elegido de Dios. Y en medio de ese dolor, de ese miedo, surge una exclamación de esperanza, un grito de gozo entrañable. El profeta se alza de su postración, se levanta con vigor y coraje, seguro, indomable en su propósito de anunciar el mensaje de Dios. De pronto ha comprendido que no está solo, se da cuenta de que a su lado está el Señor de los ejércitos, como un fuerte soldado, como valiente guerrero que decidirá favorablemente la contienda.


P. Juan R. Celeiro


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog