domingo, 11 de junio de 2017

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD




En aquellos días:
Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos.
El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el Nombre del Señor. El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad».
Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que éste es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Moisés se siente anonadado ante la infinita grandeza de Dios, ante ese misterio indescifrable que es el amor divino. Ese amor que es fuerte y abrasador, amor siempre vivo, bondad que no conoce la traición ni el olvido, cariño que permanece eternamente el mismo, siempre fiel y leal, misericordia que se repite de generación en generación. Animado por esa extraordinaria grandeza del amor divino, se atreve a interceder por su pueblo, a pesar de que ese pueblo es terco y contumaz, recalcitrante en su actitud de pecado, en su desobediencia a Dios... Del mismo modo nos atrevemos, a hablarte confiadamente, a pedirte con sencillez. Perdona nuestros pecados, disimula nuestras bajezas. Te es propio el compadecer y el perdonar, incansablemente. Compadécete, una vez más, de nosotros. Y haz que ante tu infinito amor y tu eterno perdón, se despierte en nuestros corazones un amor profundo y sincero que, con una entrega incondicional y generosa, corresponda a tu maravilloso misterio de amor.


P. Juan R. Celeiro

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Buscar este blog