miércoles, 26 de julio de 2017

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 24-30




 
Jesús propuso a la gente esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?».
Él les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo».
Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero».
 
Palabra del Señor.


 ¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Dios ha sembrado la Buena Semilla de su Palabra en todos nosotros, que somos la arada del Señor. En el contacto con muchas personas, muchas veces se puede desviar nuestro corazón del camino del bien. Cuando comienzan a aparecer los frutos, en lugar de ser un buen trigo podríamos manifestarnos como personas que no sólo producen frutos venenosos, sino que incluso llegan a convertirse en aquellos que inducen a otros al mal, convirtiéndonos así, no en sembradores de la Buena Semilla del Evangelio, sino en sembradores del mal, del pecado y de la muerte.
A pesar de que seamos grandes pecadores, de tal forma que llegáramos incluso a pensar que ya no tenemos perdón de Dios, sepamos acogernos a la Gracia de Dios. Él siempre está dispuesto a perdonarnos; pero espera de nosotros que, recibido el perdón, en adelante ya no vivamos para nosotros mismos, ni volvamos a nuestros caminos equivocados, sino que vivamos para Aquel que por nosotros murió y resucitó.
Mientras aún es tiempo, volvamos al Señor rico en perdón y misericordia para con todos.


Siembra,
lo importante es sembrar
-poco, mucho, todo -
el grano de la esperanza.

Siembra tu alegría,
para que resplandezca
a tu alrededor.

Siembra tu energía,
para enfrentar con fortaleza
las batallas de la vida.

Siembra tu coraje,
para alentar el coraje
de los otros.

Siembra tu entusiasmo,
tu fe o tu amor.

Siembra las cosas mínimas,
aquello que parece no contar.

Siembra y ten confianza:
cada grano enriquecerá
un rinconcito de la tierra.

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