domingo, 2 de julio de 2017

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-4. 8-11


Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre Él. Al morir, Él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.


 Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte… para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así nosotros andemos en una vida nueva. Por el bautismo hemos sido incorporados a Cristo, el bautismo fue para nosotros nuestro nacimiento espiritual, como una primera resurrección del pecado a la vida. Por el bautismo nos incorporamos a Cristo y como Cristo una vez resucitado ya un muere más, la muerte ya no tiene domino sobre él, así nosotros, si permanecemos incorporados a Cristo, viviremos para siempre. Lo que quiere decirnos san Pablo en este texto de su carta a los Romanos es que nosotros, como cristianos, participaremos de la resurrección de Cristo, no moriremos para siempre. Es un mensaje de esperanza en la vida eterna, un mensaje que debemos recordar, sobre todo, en medio de las dificultades y tribulaciones de esta vida. La fe y la esperanza en la resurrección debe ser para nosotros nuestra principal fuente de fortaleza espiritual, sobre todo en los momentos difíciles. Así lo fue para san Pablo, que llegó a decir que si no existiera la resurrección, los cristianos seríamos los hombres más desgraciados del mundo. Reavivemos, pues, nuestra esperanza en la resurrección y actuemos siempre con valor espiritual ante las dificultades de esta vida.

Gabriel González del Estal

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