domingo, 9 de julio de 2017

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 9. 11-13



Hermanos:
Ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. y si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.
Hermanos, nosotros no somos deudores de la carne, para vivir de una manera carnal. Si ustedes viven según la carne, morirán. Al contrario, si hacen morir las obras de la carne por medio del Espíritu, entonces vivirán.

Palabra de Dios.                          


El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. La palabra “carne”, en este texto de la carta de san Pablo a los Romanos, no significa propiamente “cuerpo”, sino debilidad y pecado. Lo que nos da fuerza espiritual a los cristianos es el Espíritu de Cristo. El que no está habitado por el Espíritu de Cristo no es cristiano. San Pablo sabía que tenía una condición humana débil y pecadora, pero que la fuerza del Espíritu de Cristo habitaba en él. Por eso, decía que se gloriaba de sus debilidades humanas para que así se viera que lo que le daba fuerza era el Espíritu de Cristo que habitaba en él. No nos fiemos nosotros de nuestras propias fuerzas para alcanzar la santidad, sino de la gracia de Dios, del Espíritu de Cristo que habita en nosotros. Trabajemos esforzadamente para alcanzar la santidad, sabiendo que, si Cristo habita en nosotros, la fuerza de Dios nos salvará. Trabajemos, sí, en nuestra propia santidad, pero fiándonos siempre de Dios, porque nuestro Dios es un Dios que salva.

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