domingo, 23 de julio de 2017

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19


 
Fuera de ti, Señor, no hay otro dios que cuide de todos,
a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos.
Porque tu fuerza es el principio de tu justicia,
y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos.
Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree
en la plenitud de tu poder,
y confundes la temeridad de aquéllos que la conocen.
Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza,
juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia,
porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, Tú enseñaste a tu pueblo       
que el justo debe ser amigo de los hombres
y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza,
porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.
 
Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 El pasaje del Libro de la Sabiduría forma parte de la reflexión sapiencial sobre los castigos infligidos por Dios a los cananeos. Dios se ha mostrado indulgente y les ha concedido, con un castigo dosificado y gradual, una ocasión para arrepentirse. Dios no actúa con moderación por miedo o debilidad, sino por su gran misericordia, pues Yahvé es el único Dios que juzga de todo y no tiene que dar cuentas a nadie de su proceder, pero quiere demostrarnos que sabe juzgar con justicia. El S. 85 recuerda que Dios es clemente y misericordioso. Por eso hemos de acudir a El con confianza, sabiendo que es bueno y tiene compasión de nosotros. Obrando así, Dios enseña que el justo debe ser humano. La justicia deja de serlo cuando no se deja aconsejar por la misericordia. Dios no se precipita en sus castigos y da lugar al arrepentimiento, pues no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.





P. Juan R. Celeiro

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