sábado, 29 de julio de 2017

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8



Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: «Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor».
Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. Luego tomó el documento de la Alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: «Estamos resueltos a poner en práctica ya obedecer todo lo que el Señor ha dicho».
Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la Alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Moisés actuando como mediador de la Alianza, derrama sangre sobre el altar y sobre el pueblo ratificando así simbólicamente el vínculo que une a Dios con Israel. La sangre de estas victimas es figura de la Sangre de Cristo que sello la Alianza nueva y eterna. “Estamos decididos a poner en practica todas las palabras dichas por el Señor”. La decisión de fidelidad por nuestra parte solo es eficaz si se apoya en la propia fidelidad del Señor demostrada a lo largo de toda la historia de la Salvación y a lo largo de nuestra propia historia de salvación. Hagamos un examen de conciencia para ver como estamos cumpliendo las “palabras dichas por el Señor” y renovemos nuestra alianza personal y comunitaria con una decisión más firme y madura para ponerlas en práctica.


P. Juan R. Celeiro

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