domingo, 13 de agosto de 2017

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 9, 1-5



Hermanos:
Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza.
Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.

Palabra de Dios.


El dolor que siente Pablo por sus hermanos judíos que no aceptan a Jesús, ¿lo sentimos nosotros por tantos hermanos que aún no conocen a Dios, el amor, la justicia, la paz? Pablo sale del “bienestar” que le da la fe, y se encuentra con este dolor. Nosotros, ¿nos abrimos a quienes esperan nuestra palabra?

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