sábado, 23 de enero de 2010



2 Sam 1,1-4.11-12.19.23-27


Después de la muerte de Saúl, David volvió de derrotar a los amalecitas y permaneció dos días en Siquelag. Al tercer día, llegó un hombre del campamento de Saúl, con la ropa hecha jirones y la cabeza cubierta de polvo. Cuando se presentó ante David, cayó con el rostro en tierra y se postró. "¿De dónde vienes?", le preguntó David. El le respondió: "Me he escapado del campamento de Israel". David añadió: "¿Qué ha sucedido? Cuéntame todo". Entonces él dijo: "La tropa huyó del campo de batalla y muchos del pueblo cayeron en el combate; también murieron Saúl y su hijo Jonatán". Entonces David rasgó sus vestiduras, y lo mismo hicieron todos los hombres que estaban con él. Se lamentaron, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, porque habían caído al filo de la espada. "¡Tu esplendor ha sucumbido, Israel, en las alturas de tus montañas! ¡Cómo han caído los héroes! ¡Saúl y Jonatán, amigos tan queridos, inseparables en la vida y en la muerte! Eran más veloces que águilas, más fuertes que leones. Hijas de Israel, lloren por Saúl, el que las vestía de púrpura y de joyas y les prendía alhajas de oro en los vestidos. ¡Cómo han caído los héroes en medio del combate! ¡Ha sucumbido Jonatán en lo alto de tus montañas! ¡Cuánto dolor siento por ti, Jonatán, hermano mío muy querido! Tu amistad era para mí más maravillosa que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los héroes, cómo han perecido las armas del combate!".


Reflexión


La imagen de David perdonando a su perseguidor, triunfando de los enemigos de Israel, y llorando la triste suerte de Saúl y Jonatan, es aleccionadora. Devuelve bien por mal; David se coloca por encima de las circunstancias y pone su mirada en la salvación de Israel, no en sus apetencias o intereses. Lejos de alegrarse, ahora podía reinar en lugar de ellos, entona una elegía. Para David, Saúl continuaba siendo el “ungido” del señor, el rey consagrado por la unción divina. Y es profundamente escandaloso que un hombre elegido por Dios conozca un destino tal. Por eso la pregunta: “¿Cómo han caido?”, queda sin respuesta.
P. JR Celeiro

miércoles, 20 de enero de 2010

Cinerario Parroquial


El depósito de las cenizas de nuestros difuntos se realiza los días 24 de cada mes una vez finalizada la Santa Misa.


Las cenizas de los difuntos serán depositadas en el cinerario común. Esta sepultura es definitiva. Por lo tanto las cenizas que se coloquen en este Cinerario, no podrán ser ulteriormente requeridas, por ningún familiar u otra persona. La parroquia llevara registro de los restos depositados.

Los interesados deberán acercarse previamente a Secretaría, martes y viernes de 17 a 18:30 hs. y solicitarlo; trayendo:

a. fotocopia del certificado de defunción.
B. Fotocopia del certificado de incineración.
c. Llenar el formulario “convenio privado” firmado por el familiar que se hace responsable.

Cinerario Parroquial


“Porque yo se que mi redentor vive; que con mi propia carne, veré a Dios, mi corazón desfallece esperándolo”. - Job 19, 25-27.

Un lugar para La Esperanza

La noticia de la Resurrección de Cristo es la más bella e imponente que hemos recibido en nuestra vida: es la Buena Noticia, la que nos responde todo lo que podamos preguntarnos acerca del misterio del hombre. En la Resurrección de Cristo está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, ya que “si Cristo no hubiera resucitado, vana serían nuestra fe y también nuestra esperanza” (1Cor.15, 14). La existencia misma no tendría sentido. Pero sabemos que Jesús no sólo ha resucitado, sino que nos ha prometido resucitarnos también a nosotros. La Iglesia nos enseña que así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos el último día. O sea que nuestra vida no termina con la muerte, ya que hay otra Vida después de esta vida: la que el Padre soñó para nosotros, sin dolor, enfermedad ni miseria que nos lastime. Juan Pablo II decía que para esa vida fuimos creados por Dios y por eso la vida cristiana terrena es como una gran peregrinación hacia la casa del Padre, que es nuestra verdadera patria.

La Virgen María nos muestra, con su vida en la tierra y su Asunción al Cielo, el camino que hemos de recorrer todos nosotros. El que María sea una mujer plena y totalmente humana, unido al hecho de que Ella está en el Cielo en cuerpo y alma en forma gloriosa, nos deja entrever la maravilla que Dios nos tiene preparada.

Es por eso que, en medio del enorme dolor de perder a un ser querido, en nuestro corazón se enciende la esperanza de volver a vernos y la certeza de que esta separación no es para siempre. Y mientras esto sucede, el hecho de dar un descanso cristiano y digno a los restos de nuestros difuntos, así como se veneran las reliquias de los santos, nos brinda un poco de consuelo y nos hace sentir un poquito menos separados.

Para ese descanso digno y conforme a la esperanza cristiana, la Iglesia acepta también la cremación y recomienda, dada la complejidad de las grandes ciudades, que seria provechoso que en determinados templos, ya sean parroquias, iglesias o santuarios, se diera un espacio físico a las cenizas de los cuerpos de los hermanos difuntos, con el decoro y cuidado merecidos. Ese espacio físico se llama cinerario y retomaría la antigua tradición de sepultar a los difuntos en las inmediaciones del templo parroquial. De este modo La

Iglesia que, como Madre, ha llevado sacramentalmente en su seno al cristiano durante su peregrinación terrena, lo acompaña al término de su caminar para entregarlo en las manos del Padre y le ofrece su casa para su descanso.

Esto es sólo una estación de paso. Como dijo santa Teresa, “es como pasar una

mala noche en una mala posada.” No te mueras con tus muertos, porque ellos viven en

Dios y un día volverás a abrazarlos. El cinerario tiene por finalidad solucionar el problema de la disposición final de las Cenizas de los Fieles Difuntos en un lugar apropiado y decoroso, en tierra bendita.

Los restos de los difuntos que fueron cremados y reducidos a cenizas, pueden encontrar su descanso definitivo en este cinerario, dentro del ámbito de la parroquia.

Las cenizas, que son la última expresión material de lo que fue el cuerpo, tienen una enorme carga simbólica porque remiten a la memoria de lo que la persona significó para sus familiares y amigos. Una adecuada pastoral integra el momento de depositar las cenizas con un rito que exprese el valor de la despedida y la esperanza en la futura resurrección: "con los ritos exequiales, la Iglesia, madre piadosa, siempre ha procurado no sólo encomendar los difuntos a Dios, sino también avivar la esperanza de sus hijos y dar testimonio de su fe en la futura resurrección, con Cristo, de todos los bautizados".

Durante la vida de un cristiano en la Tierra, el cuerpo, que fue creado por Dios y elevado en el Bautismo a una dignidad especial, sirve como un templo del Espíritu Santo. En nuestros tiempos, en que algunos no valoran la vida, los abortos son legales, y la eutanasia se considera caridad, no es de extrañar que quienes no tienen fe, con frecuencia, rápida y hasta descuidadamente quieran desprenderse del cuerpo.

En las Misas de Difuntos, la Iglesia celebra el Sacrificio Eucarístico de la Pasión de Cristo por los que han fallecido y ofrece oraciones y peticiones por ellos. En comunión con todos los miembros de Cristo, estas oraciones proporcionan fortaleza espiritual y una esperanza consoladora. El velorio del cuerpo de un ser querido que ha fallecido ofrece una ventajosa oportunidad en beneficio del bienestar mental de los sobrevivientes, haciéndole frente a la realidad del momento en su mente y en sus emociones. Los terapeutas, que asesoran a quienes están experimentando una profunda pena, indican que esta experiencia ayuda a los deudos dejados atrás a aceptar la muerte.

Desde el S. I, los cristianos han seguido la costumbre semítica de enterrar al difunto. Es tradición expresa de la Iglesia Católica, que la práctica del entierro cristiano de los fieles se mantenga. El Código de Derecho Canónico declara, que “La Iglesia sinceramente recomienda que la piadosa costumbre de enterrar el cuerpo de los difuntos se observe; sin embargo, no prohíbe la cremación, a menos que haya sido elegida por razones contrarias a la enseñanza cristiana”.

Los católicos pueden elegir la cremación, siempre que de ninguna forma exprese una negación de la enseñanza católica de la dignidad del cuerpo, creado por Dios Todopoderoso para ser un templo del Espíritu Santo y destinado a compartir plenamente en la resurrección de los justos en el Ultimo Día.

Por eso hay que subrayar que “los restos cremados de un cuerpo deben ser tratados con el mismo respeto dado a los restos corporales de un cuerpo humano. Esto incluye el uso de un recipiente digno para contener las cenizas, la manera en que son llevadas, el cuidado y la atención para colocarlas y transportarlas de manera apropiada, y la disposición final”.

La disposición final de los restos cremados siempre debe reflejar la creencia cristiana en la resurrección corporal y el respeto que se le ofrece al cuerpo humano aún después de la muerte. Velando por la dignidad de las personas, la Iglesia, aconseja vivamente sepultar las cenizas en un lugar especialmente consagrado donde los creyentes puedan reunirse una y otra vez a orar por sus seres queridos. Es decir recomienda no mantener las cenizas en casa, ni esparcidas en el mar, en el aire o en algún parque o jardín.

En nuestra parroquia contamos ahora con un Cinerario en donde podemos guardar las cenizas de nuestros difuntos queridos, allí donde podemos tenerlos muy cerca, en un espacio que sabemos nuestro.




Normas

1.- Las cenizas serán depositadas en el día y hora que el Sr. Cura Párroco establezca, luego de la Misa de Difuntos dándole así a este ritual el marco eclesial y sagrado que le corresponde, en donde puedan participar los familiares acompañados por la comunidad parroquial.
2.- Sólo podrán sepultarse en este CINERARIO PARROQUIAL las cenizas de:
a. los fieles católicos difuntos; asimismo, podrán ser inhumadas las cenizas de los catecúmenos.
b. También podrán ser sepultadas las cenizas de: los niños no bautizados cuyos padres hubieran expresado el deseo de bautizarlos; y de cristianos no-católicos, si esa hubiere sido su voluntad. Quedando ambas situaciones sujetas a las consideraciones que pudiere hacer el Ordinario del lugar.
c. En cualquier otro caso y ante cualquier duda que pudiere surgir se consultará al Ordinario del lugar y se implementarán sus disposiciones.
3.- Las cenizas de los difuntos serán depositadas en el cinerario común. Esta sepultura es definitiva. Por lo tanto las cenizas que se coloquen en este Cinerario, no podrán ser ulteriormente requeridas, por ningún familiar u otra persona. La parroquia llevara registro de los restos depositados
4.- Los interesados deberán acercarse previamente a Secretaría, martes y viernes de 17 a 18:30 hs. y solicitarlo; trayendo:
a. fotocopia del certificado de defunción.
B. Fotocopia del certificado de incineración.
C.. Llenar el formulario “convenio privado” firmado por el familiar que se hace responsable.
5.- El mantenimiento y limpieza del lugar estará a cargo de la parroquia, para lo cual contará con la colaboración económica y solidaria de los familiares y amigos de quienes sean inhumados en este cinerario.
6.- No se colocarán placas recordatorias.
7.- Habida cuenta de que se trata de un lugar sagrado no se podrán desarrollar en el actividades que resulten irreverentes o indecorosas (tales como jugar, comer, gritar, etc.); ni ofensivas o contrarias a la fe católica (celebración o ritual que no sea cristiano).
8.- Las visitas podrán realizarse en los días y horarios que establezca la parroquia guardando el debido decoro y respeto que merece el lugar.
9.-Para proteger y resaltar el carácter sagrado de este lugar, la Parroquia velará por el cumplimiento de estas normas llegando incluso a prohibir la entrada de todos aquellos que no las respeten.
10.- Los responsables de la Diócesis y de la Parroquia se obligarán a mantener este lugar con su específico destino. Y vigilarán para que se cumplan estas normas.
11.- Este servicio es gratuito. Los familiares y amigos colaboraran voluntariamente al sostenimiento del mismo.

martes, 19 de enero de 2010

Recordamos a San Expedito




Historia de San Expedito

Los datos más precisos sobre la vida militar de Expedito fueron recopilados por un grupo de Jesuitas llamados Bolandistas, que se dedicaron a investigar y recopilar del modo más preciso posible la vida de nuestro santo. Con siglos de crónicas, San Expedito es conocido en toda Europa y Asia menor. El santo habría sido armenio, y si bien se desconoce su lugar real de nacimiento, es probable que haya sido la localidad de Metilene, que es también en donde sufre su martirio. Otra posibilidad es que fuera oriundo de Roma, y enviado en misión militar a Metilene. Esta ciudad fue construida en el Siglo II por el emperador romano Trajano. Armenia fue una de las primeras regiones en recibir las enseñanzas de los apóstoles Judas Tadeo, Simón y Batoloméo, como así también un lugar de innumerables persecuciones a los cristianos. En este país se derramó la sangre de muchos mártires, entre ellos San Expedito y San Pantaleón.

San Expedito era contemporáneo de Santa Filomena y San Jorge y vivió a principios del siglo IV. Nuestro santo era un militar del Imperio Romano que tenía a su cargo toda una legión a las ordenes de Dioclesiano, emperador que años más tarde lo mandaría a matar. La Tradición cuenta que Expedito era jefe de la 12ª Legión Romana conocida como "Fulminante", que estaba establecida en Metilene, sede de una de las provincias romanas da Armenia. Militar de carrera, tenía más de seis mil hombres a su cargo, y había recibido el estricto entrenamiento militar de las legiones del César, comprometido con la defensa del imperio y sus leyes. Se cree que su nombre deriva de “Expedici”, que era un tipo de formación militar romana ligera y veloz; seguramente nuestro santo se inició en una unidad de este tipo y de allí deriva su apellido.

Milagro en batalla

Las legiones eran poderosas unidades militares dispersas a lo largo y ancho del imperio, con unos siete mil soldados de infantería cada una y apoyadas también por caballería. Expedito estaba a cargo de la Legión “Fulminante”, con el título de Tribuno, equivalente al rango de General de División. Las milicias romanas habían recibido de Diocleciano el decreto ordenando la persecución de los cristianos, que se oponían a profesar la fe politeísta oficial del imperio. La pena era la muerte, y en particular era la pena de flagelación y decapitación para los funcionarios del imperio, militares o civiles, que se convirtieran al cristianismo.

La legión de Expedito estaba basada en Armenia y tenía como misión principal luchar contra los pueblos bárbaros en la zona de Germania, esto es en Armenia y Turquía. Habían luchado durante mucho tiempo, bajo las órdenes de su general, pero habían agotado las provisiones de alimentos y agua en tierras que estaban infectadas de enemigos. Finalmente, enfrentaron una vez más la batalla sin tener las fuerzas para hacerlo. Expedito les habló, trató de levantar sus espíritus una vez más, pera nada logró esta vez. El enemigo estaba cada vez más cerca, y sin fuerzas, alimentos ni bebida, nada podía hacerse.

Los soldados romanos habían visto muchas veces lo que hacían los cristianos cuando enfrentaban la muerte que ellos mismos les prodigaban: elevaban sus brazos al cielo y pedían ayuda a su Dios. Y la leyenda decía que ese Dios muchas veces escuchaba sus pedidos y oficiaba milagros. Para sorpresa de Expedito, sus soldados, de uno en uno empezaron a elevar sus brazos al cielo y rogar a ese Dios único de los cristianos del que ellos habían escuchado hablar. Las tropas enemigas se sorprendieron porque nunca habían visto a una Legión Romana completa elevando sus brazos al cielo y rogando a Dios en pleno campo de batalla. Se detuvieron extasiados, sin comprender lo que ocurría. En ese momento el cielo se oscureció y precipitó un vendaval de viento y agua que cubrió a soldados y bestias, transformando el lugar en confusión. La Fulminante se recompuso y aprovechando la situación volvió a salir victoriosa de la batalla.

La conversión y muerte de Expedito

Muchos de los soldados de la legión se convirtieron al Cristianismo de inmediato, felices de haber testimoniado el Poder del Dios Único. Expedito no comprendía lo que ocurría, sin embargo su corazón estaba tocado por la fortaleza de ese Dios que se había acordado de sus hombres, y de él mismo. Su corazón sabía que Dios lo estaba llamando, pero su puesto en la milicia romana no era compatible con tal conversión, lo esperaba la muerte en caso de desafiar la autoridad del Emperador. Los hechos llegaron a los oídos de Dioclesiano, que preocupado envió ordenes para que se detenga esa revuelta militar, de soldados romanos convertidos al cristianismo.

Expedito dudó y dudó, postergó su decisión una y otra vez. Muchos de sus propios soldados se habían unido a Jesucristo, a la fe de los cristianos. Su corazón no se decidía entre los apegos a las glorias humanas, a su carrera militar, y el llamado que indudablemente recibía desde lo alto. Pero cierto día Expedito fue tocado por la Gracia de Dios y recibió la Luz Divina. Este episodio cambiaría para siempre su vida, convirtiéndose inmediatamente al cristianismo, cueste lo que cueste.

Conmovido por los hechos vividos e inspirado por el Espíritu Santo, Expedito resuelve un día cambiar su vida y convertirse al cristianismo. Fue entonces que se le apareció el espíritu del mal en la forma de un cuervo. El cuervo le gritaba ¡cras...cras...!, palabra latina que quiere decir "mañana...mañana". Esta decisión déjala para mañana, le decía el cuervo. ¡No tengas apuro! ¡Espera por tu conversión! Pero San Expedito reaccionó enérgicamente aplastando al cuervo con su pie derecho mientras exclamaba Hodie... Hodie... Hodie (que en latín significa Hoy... Hoy... Hoy...). ¡No dejaré nada para mañana, a partir de hoy seré cristiano!

El circo romano había sido creado por el Emperador para demostrar el poder del Imperio, pero irónicamente había producido el efecto contrario, el de difundir el cristianismo más y más. Cuando Expedito se convirtió al Cristianismo comenzó a proteger a los mártires que eran devorados por los leones en el circo. Para Dioclesiano esto era inadmisible, un general a cargo de una Legión del Imperio se atrevía a desafiar su decreto Imperial. De inmediato se ordenó el arresto y el interrogatorio de Expedito y sus más cercanos soldados y amigos, todos convertidos a la fe de Cristo, por aquellos que hasta poco tiempo atrás eran sus compañeros de milicia.

El 19 de abril del año 303 de nuestra era, por orden del Emperador Diocleciano, nuestro santo fue sacrificado en Melitene, sede de una de las Provincias Romanas en Armenia junto con sus compañeros de milicia Caio, Galatas, Hermogenes, Aristonico y Rufo. La pena fue de flagelación (dando lugar al posible arrepentimiento del reo) y la decapitación. Su sangre regó aquellos primeros siglos de la Iglesia, junto a la de tantos otros mártires que comprendieron que Cristo mismo, en Su Cruz, tiene Su Trono en la celebración Eucarística legada en la noche del Jueves Santo.

La devoción a San Expedito

La devoción a San Expedito se ha ido difundiendo especialmente en la época moderna. Se recogen noticias de su devoción hacia mediados del siglo XVII en Sicilia, especialmente, en las ciudades de Mesina y Arcireale, donde en 1781 fue declarado segundo patrono de la ciudad y patrono especial de comerciantes y navegantes, y también protector para obtener rápida solución a los problemas urgentes. En nuestros tiempos, infinidad de Iglesias tienen imágenes de nuestro santo, y rinden culto a su devoción.

En forma coherente con su propia historia de vida, San Expedito tiene un rol de intercesión especial frente a Dios para atender los casos urgentes. Nos referimos a los casos en que de producirse una demora habría un gran perjuicio. Es conocido como uno de los abogados de las causas imposibles junto con Santa Rita de Cascia y San Judas Tadeo (oriundo de Nazareth y primo del Señor), a quienes también se les suele invocar en estos casos. También ha pasado a ser patrono de las personas que quieren obtener una Gracia por una causa perdida, pero la necesitan inmediatamente. De este modo, San Expedito es reconocido por el Don que Nuestro Padre Misericordioso le dio para resolver nuestras necesidades en formas urgente pero también es Patrono de los Jóvenes, Socorro de los Estudiantes, Mediador en los Procesos y Juicios, Salud de los Enfermos, Protector en los Problemas de Familia, Laborales y Negocios, pudiendo ser invocado en otros casos.

lunes, 18 de enero de 2010

Santa Misa

2da Parte

LITURGIA DE LA EUCARISTÍA


Presentación de ofrendas - Plegaria Eucarística.

El segundo momento de la Misa comienza con la preparación de la Mesa del altar para el banquete eucarístico.

En la Última cena, Cristo instituyó el sacrificio y el banquete pascual y encomendó a sus discípulos que lo repitieran en conmemoración suya.




En la preparación de los dones llevamos al altar pan, vino y agua: los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos. Mientras el sacerdote o diácono recibe las ofrendas, entonamos un canto, que simplemente acompaña el momento.






"Desde el principio, junto con el pan y el vino para la eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta, siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos..." (Catecismo de la Iglesia Católica, Nº 1351). Luego, el sacerdote se lava las manos, expresando así su deseo de purificación interior.






En la Plegaria Eucarística se da gracias a Dios por nuestra salvación y se hace la ofrenda del Cuerpo y Sangre de Cristo. Podemos distinguir dentro de ella algunos elementos:

Acción de gracias, en la cual el sacerdote en nombre de todo el pueblo da gracias por la salvación. Todos nos unimos a la alabanza incesante de la Iglesia, cantando a Dios el Santo, que es el canto más importante de la Liturgia de la Eucaristía. Se trata de un canto de inspiración bíblica, tomado en su primera parte del libro del profeta Isaías y en la segunda, del Evangelio de Mateo. Con esta aclamación, cantamos nuestra alabanza al Dios creador y salvador y exclamamos nuestro gozo por "el que viene", Cristo Jesús.




Epiclesis: la Iglesia pide al padre que envíe su Espíritu Santo sobre el pan y el vino, para que se conviertan por su poder en el Cuerpo y Sangre de Cristo.


Relato de la Institución de la Eucaristía y Consagración: la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes su Cuerpo y su Sangre.



Anamnesis: hacemos memoria del mismo Cristo, recordando principalmente su Pasión, Resurrección y Ascensión. Luego, se presenta la Padre la hostia consagrada. La Iglesia procura que los fieles aprendamos a ofrecernos a nosotros mismos en este momento.



Intercesiones: se expresa que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia, del cielo y de la tierra, y que la ofrenda se hace por ella misma y por todos sus miembros, vivos y difuntos.






Doxología final: se expresa la glorificación de Dios ("Por Cristo, con Él y en Él...") y se confirma y termina con la aclamación del pueblo: Amén, que es el más importante de toda la Misa, porque con él manifestamos nuestra adhesión decidida a todo lo que el sacerdote ha afirmado durante la Plegaria.
Esta extensa oración es el centro de la Eucaristía. Aún así, no siempre le damos la importancia que se merece.








El Padre Nuestro es el primero de los pasos que nos prepara para la Comunión. En esta oración pedimos el pan de cada día, aludiendo también a la Eucaristía e imploramos la purificación de los pecados. Los que vamos a acercarnos a recibir al Señor, sólo nos atrevemos a hacerlo desde una postura de mutuo perdón. Sigue el Saludo de la paz, en el que imploramos la paz y la unidad para la Iglesia y todos los hombres, y nos expresamos mutuamente la caridad con un gesto de amistad y acercamiento.

Jesús quiso manifestarse en el gesto de la Fracción del Pan. El Pan fraccionado es el cuerpo compartido de Jesús. También significa que nosotros, por la comunión de este Pan de Vida, nos hacemos un solo cuerpo. Este gesto es acompañado por el canto del Cordero de Dios. Con este canto invocamos a Cristo como Redentor, como Cordero que es entregado por todos nosotros, al Cristo Pascual que ha vencido y en la comunión se nos da como alimento.







El momento culminante de la Eucaristía se da cuando la comunidad participa del Cuerpo y Sangre del Señor. Todas las actitudes, palabras, canciones y gestos quieren ayudarnos a expresar, alimentar y educar nuestra actitud de participación consciente en este misterio. Vamos a comulgar en procesión, manifestando así que somos un pueblo en marcha, que camina y avanza al encuentro con su Señor. Luego, como una justa y debida acción de gracias, hay un momento de silencio, en el que también podemos cantar.








La celebración concluye con una bendición que el sacerdote, en nombre de Cristo, da a toda la comunidad. Bendecir es decir "bien". Dios, que es fuente radical de todo bien, cuando bendice es eficaz en su gracia y en la salvación que da.




Luego se despide al pueblo con una frase que no es sólo de despedida, sino también de envío. En esta despedida se disuelve a la asamblea para que regrese cada uno a sus quehaceres alabando y bendiciendo a Dios. Respondemos dando gracias, lo que ha sido a lo largo de la Eucaristía, que significa precisamente "acción de gracias", la actitud fundamental.

El canto final tiene el sentido de una salida gozosa, y acompaña la salida de los ministros.
Imágenes: Parroquia Bellavista

Santa Misa

¿Qué es la Santa Misa?

Jesús es nuestro Salvador. Después de haber compartido nuestra vida en todo, menos en el pecado, nos manifestó su amor hasta el extremo muriendo en una cruz y venciendo la muerte para liberarnos del pecado y hacernos partícipes de la Vida Divina. La Santa Misa es el Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, en ella El renueva y actualiza su entrega de amor, se hace presente entre nosotros como Jesús Resucitado para ofrecer a cada uno y a toda la asamblea su poder transformador y liberador.

Por eso podemos decir que la Santa Misa es:


Sacrificio: La entrega de Jesús al Padre y a nosotros.

Acción de Gracias: A Dios Padre por el don inefable de su Hijo y de su amor.

Sacramento: Signo visible de la Presencia de Jesús resucitado que continúa en nosotros su obra salvadora y la comunica a través de nosotros.

Alimento:
Que hace crecer a Jesús en nosotros comunicándonos sus mismos sentimientos y actitudes.

Fuente de comunión: Porque fortalece y recrea nuestros vínculos fraternos y nos capacita para amarnos como El nos ama.



1ra Parte

Ritos Iniciales y Liturgia de la Palabra




Ritos Iniciales





La entrada solemne del celebrante y sus ministros al templo supone, requiere y hace efectiva la asamblea ya reunida. Con ella y por ella, Cristo está presente. El reunirnos es una actitud profunda que debemos vivir en la Misa; somos el Pueblo de Dios convocado; es Jesús el que nos ha invitado a juntarnos. La Misa empieza en este momento y toda ella es un solo acto. Por eso, la gente que llega tarde rompe la unidad y quita a Dios algo que es de Él y de su Iglesia.

Mientras el sacerdote entra, comienza el canto de entrada. "La finalidad de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión entre los presentes e introducir los espíritus en el misterio del tiempo litúrgico o de la fiesta, ya acompañar la procesión..." (Instrucciones generales del Misal Romano, Capítulo II, Nº 25)





Durante el canto, el celebrante saluda al altar. Puede hacerlo mediante un beso y, en ocasiones especiales, perfumándolo con incienso. Estos son signos de veneración a Cristo, a quien el altar simboliza. Luego el sacerdote saluda a la asamblea La entrada solemne del celebrante y sus ministros al templo supone, requiere y hace efectiva la asamblea ya reunida. Con ella y por ella, Cristo está presente.




El reunirnos es una actitud profunda que debemos vivir en la Misa; somos el Pueblo de Dios convocado; es Jesús el que nos ha invitado a juntarnos. La Misa empieza en este momento y toda ella es un solo acto. Por eso, la gente que llega tarde rompe la unidad y quita a Dios algo que es de Él y de su Iglesia.


Luego sucede el acto penitencial, que puede hacerse de diversas formas. Luego de un momento de silencio, se canta o recita el "Señor ten piedad" o el "Yo confieso". El sacerdote termina con una absolución para todos. Éste es un rito de purificación, de reconciliación con Dios y los hermanos para poder encontrarnos sin que nos separe el pecado.








El Gloria es un himno de alabanza. Un canto de la asamblea de antigua tradición, una oración modelo que proclama la salvación en Cristo Jesús, da gracias al Padre, y suplica a Dios Trinidad. Nos hace empezar cantando nuestra actitud interior de admiración, gratitud, confianza y súplica.









El Rito Inicial culmina con la oración de la asamblea u oración colecta. Esta oración se llama así porque recolecta las intenciones individuales en una sola oración que se convierte en la oración de la Iglesia. Por eso el sacerdote la dice en plural en nombre de toda la comunidad y se responde Amén.





Liturgia de la Palabra





En la Liturgia de la Palabra, Dios se hace presente y habla a su pueblo. Cristo, antes de hacerse alimento para el cuerpo, se hace palabra para el alma. Se presenta y se vive la proclamación de la Palabra como un acontecimiento actual. Se actualiza la fuerza de la revelación y salvación de Dios.

Los días de fiesta y los domingos se leen dos lecturas. La primera es del Antiguo Testamento y la segunda es del Nuevo Testamento. Los días de semana se lee una única lectura. El Salmo Responsorial y el Evangelio nunca se suprimen.





El Salmo Responsorial pone en práctica dos acciones: escuchar y responder. Por eso se llama "responsorial". El salmo es el canto más importante de la Liturgia de la Palabra. No es un simple canto de meditación, sino que forma parte de la Biblia (Antiguo Testamento). Es inspirado por Dios.









El Evangelio se saluda con una aclamación que en hebreo significa "Gloria al Señor", y es el Aleluia.
El Aleluia tiene por sí mismo el valor de rito o acto con el que la asamblea recibe y saluda al Señor que va a hablarles.








Evangelio significa "buena noticia". Su proclamación está a cargo del celebrante o de un diácono. Si bien todas las lecturas son Palabra de Dios, esta lectura es particularmente Palabra de Cristo. Él se hace presente para hablarnos.






Inmediatamente sigue la Homilía. Tiene por finalidad explicar la Palabra de Dios proclamada en las lecturas y actualizar su mensaje para poder confrontar nuestra vida con ella.
















Luego rezamos juntos confesando y proclamando nuestra fe en el Credo. Allí está resumido todo lo que creemos los cristianos católicos. Por eso también se lo llama símbolo o profesión de fe.








"En la Oración Universal u Oración de los Fieles, el pueblo, ejerciendo su función sacerdotal, ruega por todos los hombres" (Instrucciones generales del Misal Romano, Capítulo II, Nº 45). En nuestras celebraciones hay muchos tipos de oraciones por nosotros, pero ésta es una oración de intercesión por los demás; de mediación. Ponemos delante de Dios nuestra historia con sus fallas y urgencias.




En breve

2da Parte. Liturgia de la Eucaristía





Imágenes: Paroquia Bellavista

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