lunes, 20 de noviembre de 2017

Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64



En aquellos días:
Surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. Fue entonces cuando apareció en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: «Hagamos una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas, nos han sobrevenido muchos males».
Esta propuesta fue bien recibida, y algunos del pueblo fueron en seguida a ver al rey y éste les dio autorización para seguir las costumbres de los paganos. Ellos construyeron un gimnasio en Jerusalén al estilo de los paganos, disimularon la marca de la circuncisión y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades.
El rey promulgó un decreto en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo y renunciaran a sus propias costumbres. Todas las naciones se sometieron a la orden del rey y muchos israelitas aceptaron el culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.
El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todas las ciudades de Judá. En las puertas de las casas y en las plazas se quemaba incienso. Se destruían y arrojaban al fuego los libros de la Ley que se encontraban, y al que se descubría con un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real.
Sin embargo, muchos israelitas se mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que mancharse con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron. Y una gran ira se descargó sobre Israel.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Se nos habla del aislamiento que sufrían los judíos, siendo considerados por los griegos como “bárbaros”. La libertad de costumbres de los griegos no encajaban con la fidelidad de los judíos a la Ley y a la Alianza. Eran perseguidos por esta fidelidad, por su rechazo a las nuevas normas que querían imponerles. Los dioses, a los que tenían que rendir culto, la obediencia a la soberbia del rey era impuesta, en detrimento de la adoración al único Dios; los judíos fieles eran castigados por su desobediencia y llevados a la muerte. La historia se repite. En algunos países, los cristianos que quieren ser fieles a su fe, también son perseguidos hasta la muerte. En otros lugares, esta persecución no es violenta, incluso en ambientes tradicionalmente católicos, a los que siguen fieles en sus prácticas religiosas, se les tacha de retrógrados, para ser progresista hay que ser liberal y romper con toda la tradición cristiana. A pesar de todo, hoy como ayer, encontramos fervientes cristianos dispuestos a dar su vida por Cristo. ¿Dónde me encuentro yo?

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 118, 53.61.134. 150. 155. 158



R.    ¡Dame vida, Señor; y guardaré tus mandamientos!

Me lleno de indignación ante los pecadores,
ante los que abandonan tu ley.
Los lazos de los malvados me rodean,
pero yo no me olvido de tu ley. R.

Líbrame de la opresión de los hombres,
y cumpliré tus mandamientos.
Se acercan a mí los que me persiguen con perfidia,
los que están alejados de tu ley. R.

La salvación está lejos de los impíos,
porque no buscan tus preceptos.
Veo a los pecadores y siento indignación,
porque no cumplen tu palabra. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 35-43



Cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
«Señor, que yo vea otra vez».
Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.

Palabra del Señor.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

 "Jesús, ten compasión de mi". Son las palabras del ciego, las palabras de los leprosos... las nuestras. Con esta sencilla oración reconocemos nuestras pobrezas personales y sociales, y no pedimos nada concreto a Jesús. Rezar "Ten compasión de mi" es decir "Dame lo que tú quieras, tú lo puedes todo, tú sabes mejor que yo lo que necesito". Podemos orar haciendo nuestros los sentimientos y palabras del ciego.

¿Cuáles son nuestras cegueras? ¿está bien nuestra mirada? ¿cómo miramos a Dios, como Padre? ¿vemos en las personas hermanas y hermanos nuestros? ¿qué vemos en el dinero y en las cosas? Pedimos a Dios luz para descubrir y reconocer nuestras cegueras personales, familiares, sociales.

A veces creemos que nuestras cegueras, nuestras pobrezas son solamente un estorbo, una desgracia. Y tenemos la sensación de que reconocer nuestra miseria nos hunde, nos anula. Más bien al contrario. Si no somos conscientes de nuestra debilidad ¿cómo vamos a comprender y perdonar la debilidad de los otros? Si no reconocemos que a veces no tenemos nada bueno que ofrecer a Dios ¿cómo vamos a experimentar que Él nos quiere gratuitamente? El que se humilla, será enaltecido, dice Jesús.

Tú no eres Señor, un Dios impasible,
no eres distante y duro con los hombres.
Tú conoces nuestra debilidad,
nuestras tendencias orgullosas, violentas y egoístas.
Conoces bien todas nuestras miserias.
Tú eres misericordioso y compasivo
Tú padeces y compadeces,
Tú eres compasión.
Compadécete de nosotros.
Ven, Señor, a socorrernos,
y danos un corazón nuevo,
un corazón limpio y sincero,
un corazón lleno de compasión,

Qué sintamos la impotencia del caído y le ayudemos a levantarse.
Qué compartamos el dolor del enfermo y le cuidemos.
Qué miremos con misericordia al que se equivoca y le enseñemos el Camino.
Qué suframos el miedo del cobarde y le animemos.
Qué padezcamos la decepción del engañado y le mostremos la Verdad.
Qué comprendamos el vacío del violento y le ayudemos a buscar la paz.
Qué soportemos el pesimismo del desilusionado y sembremos esperanza.
Qué probemos la necesidad del hambriento y le ofrezcamos pan y cariño.
Qué hagamos nuestra la rabia del golpeado y lo tratemos con dignidad.
Que nos compadezcamos del egoísta y le amemos.

Quédate con nosotros, para ser cada día más parecidos a ti. Amén.

San Edmundo Rich, Obispo de Canterbury

Nació en Abingdong, Berkershire en el seno de una familia de comerciantes. Cuando los hijos fueron mayores, el padre ingresó en un monasterio, mientras su madre se encargó de la familia con eficacia. Estudió en Oxford, donde hizo voto privado de celibato. Cuando murió su madre volvió a Inglaterra para cuidarse de sus hermanas y, al dejarlo todo ordenado, volvió a París donde obtuvo el doctorado en Teología y fue profesor de la universidad parisina; luego se unió a los canónigos agustinos de Merton, en Surrey. Su vida fue de profunda piedad, oración y penitencia, al mismo tiempo que fue admirado por su ejemplo. Ordenado sacerdote volvió a Inglaterra. Profesor de Filosofía en Oxford (1219-1226), tuvo a san Ricardo de Chichester como asesor en la universidad de Oxford. Predicó misiones populares en Oxfordshire, Gloucestershire y Worcestershire.

Fue nombrado canónigo-tesorero de la catedral de Salisbury donde estuvo once años, donde era sabido que las rentas que administraba iban a manos de los pobres. Predicó, por encargo del papa Gregorio IX, la Cruzada contra los musulmanes; tuvieron sus predicaciones muchísimo éxito, y muchos pecadores se arrepintieron e hicieron donaciones para la liberación de Tierra Santa.
 
Escribió “Espejo de la Iglesia”.
Fue designado arzobispo de Canterbury (1233) y el obispo de Salisbury tuvo que ordenárselo para que aceptara, pues se negaba aceptar el cargo, como antes se había negado a otros beneficios, como el cobrar por sus predicaciones. Durante su episcopado tomó especial interés en el cuidado de las jóvenes sin medios, para las que fundó una institución propia para protegerlas. Su posición intransigente a favor de la buena disciplina, de la observancia monástica, le llevó a la desobediencia de los monjes que querían sus privilegios, y como no podía con ellos tuvo que excomulgarlos.
 

Su defensa de la justicia en las altas esferas del reino, le llevó a la enemistad con el rey Enrique III, con su propia curia diocesana y con el legado del Papa. Fue desterrado por Enrique III, a Pontigny en 1235, y al destierro fue acompañado por san Ricardo de Wych, futuro obispo de Chichester. Cuando llegó a Francia san Luis IX y su corte le recibieron con respeto y afecto. Quiso volver a Inglaterra, pero ya enfermo murió en el convento agustino de Soisy, asistido en todo momento por su amigo san Ricardo de Chichester. Al morir dijo: “Señor yo sólo te he deseado a ti”. Está enterrado en la abadía cisterciense de Pontigny, Yionne.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Jornada Mundial de los Pobres


Recordamos a San Expedito


La parroquia permanece abierta de 8 a 20 hs. 

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31



Una buena ama de casa, ¿quién la encontrará?
      Es mucho más valiosa que las perlas.
El corazón de su marido confía en ella
      y no le faltará compensación.
Ella le hace el bien, y nunca el mal,
      todos los días de su vida.
Se procura la lana y el lino,
      y trabaja de buena gana con sus manos.
Aplica sus manos a la rueca
      y sus dedos manejan el huso.
Abre su mano al desvalido
      y tiende sus brazos al indigente.
Engañoso es el encanto y vana la hermosura:
      la mujer que teme al Señor merece ser alabada.
Entréguenle el fruto de sus manos
      y que sus obras la alaben públicamente.,

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

En este elogio de la mujer perfecta parece estar insinuado un simbolismo, una lectura alegórica: esta mujer sería una personificación de la Sabiduría. Y también sería válida una lectura desde la Alianza entre Dios y su Pueblo en clave nupcial. Pues será alabada la mujer que teme al Señor, vale decir, que vive según su voluntad, atenta en sus actitudes al querer del Marido. Se ensalza a esta mujer porque Dios-Esposo puede confiarle su corazón, bendiciéndola sin medida. Si bien el pasaje resulta provechoso para sugerir actitudes evangélicas a las esposas cristianas con respecto a la vida familiar, el centro del mensaje podría ser éste: ¿la Iglesia, mi comunidad parroquial y yo mismo vivimos de tal modo nuestra Alianza con Dios que seamos para Él un motivo de gozo como lo sería esta mujer perfecta para su marido?; ¿estoy atento a cuidar la Casa del Señor, su Pueblo, su Reino que se hace presente en la historia, su obra en medio de la comunidad como lo haría una empeñosa ama de casa?


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 127, 1-5



R.    ¡Feliz el que ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.  R.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.  R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén!  R.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1-6



Hermanos:
En cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores del parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar.
Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios.

Palabra de Dios.


Pablo insiste en que la llegada del día del Señor nadie sabe cuándo será. Por ello utiliza imágenes que nos son familiares. Dios se comporta, en sus apariciones al hombre, como un ladrón. Es imprevisible y no se deja controlar por ninguna máquina programadora. La fe en la "parusía" relativiza la actitud del cristiano frente a todas las grandes realizaciones históricas. Por eso, cuando estén diciendo: "paz y seguridad, entonces de improviso les sobrevendrá la ruina". En una palabra, los cristianos, aun alegrándose de las victorias humanas sobre sus múltiples alienaciones, nunca juzgarán definitiva una época histórica, sino que siempre adoptarán frente a ella una actitud crítica y de espera. Hay que vivir la vida de forma positiva, como dice Martin Seligman, valorando el presente, sin añorar demasiado el pasado y con la ilusión de conseguir metas que están a nuestro alcance.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 14-30



Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.
En seguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos ganó otros dos; pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presento otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel; y  que respondiste fielmente en lo poco, te encargare de mucho mas: entra a participar del gozo de tu señor».
Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!» Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

Palabra del Señor.


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Conocemos muy bien esta parábola. Pero no se trata solamente de conocer bien. Se trata de descubrir en cada momento qué nos está queriendo decir Dios en cada momento de la vida.

Nos podemos preguntar:
¿Qué talentos he recibido a lo largo de mi vida? ¿Los valoro y agradezco?
¿Qué hago con los talentos que he recibido?
¿Qué ocurre cuando trabajo los talentos recibidos? ¿Qué ocurre cuando los escondo?
¿Qué me dice Dios en este momento de mi vida? ¿Qué le digo?

Señor, tú nos has confiado muchos talentos, muchas capacidades, muchas posibilidades de crecer y servir. (los recordamos)
Hay talentos muy vistosos: la simpatía, la facilidad de palabra, la fuerza física... Otros talentos están más ocultos: la capacidad de amar, de escuchar, de rezar...
Señor, gracias por todos los talentos he recibido a lo largo de mi vida. Dame sabiduría para reconocer hasta los talentos más ocultos y aquellos que crecen en mí cuando me acerco a ti y a los hermanos.
No permitas que, en vez de agradecer los talentos recibidos, esté continuamente echando de menos los que han recibido otros.
Señor, gracias por todas las personas, por todas las situaciones complicadas que me ayudan a descubrir y desarrollar talentos nuevos, desconocidos.
Gracias por ayudarme a poner mis capacidades al servicio del prójimo y del necesitado, de un mundo más hermoso, de una iglesia más evangélica y evangelizadora.
Te pido perdón porque no he trabajado todos los talentos, porque muchos han acabado escondidos bajo tierra.
Señor, ayúdame a conocer, valorar, agradecer y trabajar los talentos recibidos. Así crecerá la alegría en mis hermanos y en mi corazón y en el tuyo. Amén.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 14-16; 19, 6-9




Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas,
y la noche había llegado a la mitad de su rápida carrera,
tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo,
desde el trono real,
como un guerrero implacable,
en medio del país condenado al exterminio.
Empuñando como una espada afilada tu decreto irrevocable,
se detuvo y sembró la muerte por todas partes:
a la vez que tocaba el cielo, avanzaba sobre la tierra.
Porque la creación entera, obedeciendo a tus órdenes,
adquiría nuevas formas en su propia naturaleza,
para que tus hijos fueran preservados incólumes.
Se vio a la nube cubrir el campamento con su sombra
y emerger la tierra seca de lo que antes era agua;
apareció en el Mar Rojo un camino despejado
y una verde llanura, entre las olas impetuosas:
por allí pasó todo un pueblo, protegido por tu mano,
contemplando prodigios admirables.
Eran como caballos en un pastizal
y retozaban como corderos,
alabándote a ti, Señor, su liberador.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

La Palabra todopoderosa que se abalanzó para hacer “del mar Rojo un camino despejado” y dar así la salvación a su pueblo, es la misma Palabra que hoy leemos, oramos, contemplamos y compartimos. La misma Palabra que cada día viene hasta nosotros... ¿dejamos que también vaya realizando maravillas en nuestra vida? Quizá necesitamos más de ese “silencio apacible que envolvía todas las cosas”... Un silencio como puerta abierta para que entre esta Palabra con poder y pueda hacer su obra en nosotros. El Señor quiere que hoy experimentemos lo mismo que aquel pueblo de Israel: que veamos cómo su Palabra convierte nuestro “mar Rojo” en “camino despejado”. Quiere que tengamos plena confianza en Él, sabiendo que “vamos protegidos por su mano”. Así caminaremos felices “contemplando prodigios admirables”, alabando al Señor, nuestro libertador.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 104, 2-3. 36-37. 42-43



R.    ¡Recuerden las maravillas que hizo el Señor!

¡Canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor! R.

Hirió de muerte a los primogénitos de aquel país,
a las primicias de todo ser viviente;
sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y nadie desfalleció entre sus tribus. R.

Él se acordó de la palabra sagrada,
que había dado a Abraham, su servidor,
e hizo salir a su pueblo con alegría,
a sus elegidos, entre cantos de triunfo. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 1-8



Jesús enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario".
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"».
Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»

Palabra del Señor.


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

¿Cuál era la intención de Jesús al proponer esta parábola? El mismo texto nos lo dice: Jesús quería que entendiesen, que entendamos, que hay que orar siempre, sin desanimarse. Para crecer en la fe, en la amistad con Jesucristo no sirve solamente  rezar de vez en cuando, cuando me apetece, cuando necesito algo. La fe crece con la fidelidad en la oración. Sin embargo en muchas ocasiones rezar se convierte en un trabajo duro, incluso repelente... Pido al Señor el regalo de la perseverancia para rezar siempre.

 ¿Para qué rezar tanto? Algunos dicen con razón: "Dios ya sabe lo que necesito", "Dios no es un juez injusto, es Padre bueno y generoso, que nos da todo antes de pedir nada", "Hay muchas cosas que hacer"; sin embargo sacan una consecuencia equivocada: "Rezar es un pérdida de tiempo". Jesús, sin embargo, nos invita a rezar siempre. Él rezaba para dar gracias a Dios, para pedir fuerzas a su Padre, para desahogarse con Él, para tomar decisiones con acierto... para sentirse amado y amar a su Padre. ¿Por qué rezo yo? ¿rezo como Jesús?
     "Señor, enséñanos a orar"

¿Por qué no somos fieles a la oración? Cada uno tendrá que buscar sus razones. He aquí algunas de las más comunes: no somos conscientes de todo lo que nos quiere Dios, creemos que podemos vivir sin pedir ayuda de nadie, nos ocupamos de lo urgente y descuidamos lo importante, nos cuesta reconocer que todo lo que somos lo hemos recibido de Dios... Puedo pedir a Dios que me dé luz para descubrir que obstáculos no me dejan ser fiel a la oración y fuerza para superarlos.

Subo a la montaña para orar, buscando los destellos de tu rostro; me pongo en tu presencia y la nube me ilumina, la nube que me envuelve y me penetra, transparencia de tu gloria, sacramento, y guardo tu rostro y tu palabra.
Tu rostro buscaré, Señor; orando en el templo, buscaré; escuchando tu silencio, buscaré; y buscando siento que me miras, y entraño la mirada de tu rostro.
Tu rostro buscaré, Señor; bajaré hasta la choza y la chabola, para orar, para estar con los excluidos, inmigrantes de color, receptores de todos los rechazos y rostros humillados, suplicantes, en el fondo, como el tuyo.
El cielo se abre en su presencia y yo me siento como un reo, porque no hay lugar en nuestras casas.
Tu rostro buscaré, Señor, me acerco al hospital en oración, buscando tu rostro en los enfermos, rostros doloridos, tu rostro ensangrentado, son un cielo abierto, y los beso, y te beso.
Tu rostro buscaré, Señor, en oración, hasta en la cárcel, rostros odiosos, son tu rostro en el infierno, por la desesperanza y la tristeza, y los quiero, porque tu misericordia les devuelve la esperanza.
Tu rostro buscaré, Señor, orando en los ríos humanos de la ciudad, en las colas del autobús o en el metro, en los estadios y grandes almacenes, en los templos, rostros desdibujados, impacientes, tu rostro anónimo todavía, y yo los voy llamando por su nombre.
No me escondas tu rostro, Señor, porque se hace de noche, quiero entrañar tu rostro deseado con todos sus destellos, tu rostro, icono del Padre, la más brillante Teofanía.
Tu rostro me descubre que Dios está enfermo, muy enfermo, de amor.


Dios hace justicia sin tardar. ¿Y nosotros?

Oh, Dios, confíame tu juicio, conviérteme en portador de tu justicia.
Que me dirija a las personas con justicia, a tus afligidos con cercanía.
Que por las calles y las casas se extienda tu paz por la justicia.
Que defienda a la gente oprimida,
que salve a las familias pobres y plante cara al opresor.
Señor, que en mi entorno la honradez sea la norma,
y que a nadie le falte lo básico para vivir.

Que tu justicia domine de mar a mar, de país a país,
de pueblo a pueblo.
Y cuando la gente me vea, que intuyan Tu nombre,
que mi vida hable de ti,
Mi palabra cante tu gloria, y mis acciones sean tu bendición.
Tras las huellas de tu Hijo, el primero, el maestro. Amén.


Adaptación del Salmo 72

Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo

Cada 18 de noviembre la Iglesia celebra la dedicación de las Basílicas de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, templos en Roma que contienen los restos de estos dos grandes del cristianismo y símbolos de la fraternidad y la unidad de la Iglesia.
La Basílica de San Pedro en el Vaticano fue construida sobre la tumba del Apóstol, que murió crucificado de cabeza. En el año 323 el emperador Constantino mandó a construir ahí la Basílica dedicada al que fue el primer Papa de la Iglesia.
La actual Basílica de San Pedro demoró 170 años en ser edificada. Se empezó con el Papa Nicolás V en el 1454 y fue terminada por el Papa Urbano VIII, quien la consagró un 18 de noviembre de 1626. Fecha que coincide con la consagración de la antigua Basílica.
Bramante, Rafael, Miguel Ángel y Bernini, famosos artistas de la historia, trabajaron en ella plasmando lo mejor de su arte.
La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho y 133 metros de altura en su cúpula. No hay templo en el mundo que le iguale en extensión.
La Basílica de San Pablo Extramuros es, después de San Pedro, el templo más grande de Roma. Surgió también por voluntad de Constantino. En 1823 fue destruida, casi en su totalidad, por un terrible incendio. León XIII inició su reconstrucción y fue consagrada el 10 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX.
Un dato interesante es que bajo las ventanas de la nave central y en las naves laterales, en mosaico, se encuentran los retratos de todos los Papas desde San Pedro hasta el actual, el Papa Francisco.
En el 2009, con motivo de esta celebración, el Papa Benedicto XVI dijo que “esta fiesta nos brinda la ocasión de poner de relieve el significado y el valor de la Iglesia. Queridos jóvenes, amad a la Iglesia y cooperad con entusiasmo en su edificación”.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Lectura del libro de la Sabiduría 13, 1-9



Vanos por naturaleza son todos los hombres
que han ignorado a Dios,
los que, a partir de las cosas visibles,
no fueron capaces de conocer a "Aquél que es",
y al considerar sus obras, no reconocieron al Artífice.
En cambio, tomaron por dioses rectores del universo
al fuego, al viento, al aire sutil, a la bóveda estrellada,
al agua impetuosa o a los astros luminosos del cielo.
Ahora bien, si fascinados por la hermosura de estas cosas,
ellos las consideraron como dioses,
piensen cuanto más excelente es el Señor de todas ellas,
ya que el mismo Autor de la belleza es el que las creó.
Y si quedaron impresionados por su poder y energía,
comprendan, a partir de ellas,
cuánto más poderoso es el que las formó.
Porque, a partir de la grandeza y hermosura de las cosas,
se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.
Sin embargo, estos hombres
no merecen una grave reprensión,
porque tal vez se extravían buscando a Dios
y queriendo encontrarlo;
como viven ocupándose de sus obras, las investigan
y se dejan seducir por lo que ven:
¡tan bello es el espectáculo del mundo!
Pero ni aún así son excusables:
si han sido capaces de adquirir tanta ciencia
para escrutar el curso del mundo entero,
¿cómo no encontraron más rápidamente al Señor de todo?

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

El ser humano, de todos los tiempos y culturas, ha tenido la necesidad de trascenderse, de ir más allá, de buscar una autoridad capaz de salvar su vida, de alargarla; en un lenguaje de hoy, una autoridad capaz de ofrecer sentido y felicidad plenos. En clave cristiana afirmamos que este sentido y esta felicidad provienen de Dios mismo. Sin embargo, en momentos de infelicidad y sinsentido toda persona busca en los misterios de la naturaleza, en los datos secretos que ofrecen los astros, el azar de unas cartas o incluso la forma de las líneas de una mano para encontrar una respuesta que oriente y alivie su sufrimiento. No podemos negar que la naturaleza habla de Dios, pero el lugar privilegiado donde Dios habla y se manifiesta es el corazón del ser humano. Sólo quien es capaz de entrar en lo profundo del corazón de la persona es capaz de oír la voz de Dios.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 18, 2-5b



R.    ¡EI cielo proclama la gloria de Dios!

El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos;
un día transmite al otro este mensaje
y las noches se van dando la noticia. R.

Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,
resuena su eco por toda la tierra
y su lenguaje, hasta los confines del mundo. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 26-37



Jesús dijo a sus discípulos:
«En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos.
Sucederá como en tiempos de Lot se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre.
En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo no vuelva atrás. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de salvar su vida la perderá; y el que la pierda la conservará.
Les aseguro que en esa noche, de dos que estén en el mismo lecho, uno será llevado y el otro dejado; de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada».
Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?»
Jesús les respondió: «Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres».

Palabra del Señor.


Si el Señor tarda en llegar, esperémoslo constantemente con gran amor, porque ciertamente Él vendrá con gran poder y majestad; pero no nos quiere encontrar embotados por las cosas pasajeras, sino vigilantes, como al siervo bueno y fiel a quien el Amo confió el cuidado de todas sus posesiones y de los habitantes de su casa. No nos quedemos sólo comiendo, bebiendo, casándonos, comprando, sembrando, construyendo, etc. Es cierto que no podemos detener el trabajo ni el avance tecnológico y científico. Pero para quienes hemos puesto nuestra fe en Cristo eso no lo es todo, sino que Él nos llama a entregar constantemente nuestra vida en favor de los demás. Entonces, cuando sea el final, conservaremos nuestra vida eternamente escondida en Dios; ahí donde Cristo nos aguarda después de haber padecido por nosotros.
Esperamos alegres la venida de nuestro Dios y Salvador, Cristo Jesús. Él llega a nosotros en cada Eucaristía que celebramos. Contemplando a Cristo llegamos a conocer el amor que Dios nos tiene. Por eso elevamos agradecidos a Él nuestra alabanza y le reconocemos como el Señor de nuestra vida. ¡Ojalá y alcancemos a interpretar los signos del amor y de la salvación, que Dios nos ha manifestado por medio de su Hijo, hecho uno de nosotros! Aceptarlo a Él y reconocerlo como nuestro Dios, como nuestro Camino, Verdad y Vida es no perder la oportunidad de que Aquel que es el esperado como Juez al final del tiempo, llegará para nosotros como Pastor Misericordioso, para llevarnos sobre sus hombros de retorno a la Casa del Padre.
Esforcémonos constantemente por construir la ciudad terrena conforme a la orden inicial dada por el Creador al hombre: Domina la tierra y sométela. Pero no nos olvidemos que quienes creemos en Cristo, hemos sido convocados por Él para participar de su Vida, y para ser enviados a construir, entre nosotros, el Reino de Dios. Sabiendo que el Señor se acerca a nosotros en cada persona y en cada acontecimiento de la vida, sirvámosle con amor hasta que Él vuelva para dar a cada uno lo que corresponda a sus obras. Que no nos angustie la cercanía, o no, de la venida del Señor; que más bien nos preocupe entregar nuestra vida por Cristo y por su Evangelio: amando, sirviendo, socorriendo, alimentando, visitando y consolando a nuestros prójimos que viven desprotegidos. Esforcémonos también por construir un mundo más en paz y más fraternalmente unido por el amor. Entonces estaremos ciertos de que, al final, seremos de Dios y estaremos con Él eternamente.

Buscar este blog