sábado, 29 de abril de 2017

¡Es el Señor!



 
La oscuridad, se convierte en luz.
La esterilidad, en fruto abundante.
La apatía, en dinamismo.
La vergüenza, en valentía apostólica.
¿No lo veis? ¿No lo sentís?
¡Es el Señor!
 
Y, a su voz, decimos que ¡SI!
Que merece la pena intentarlo de nuevo.
Que echaremos las redes en su nombre.
Que, incluso con cansancio,
nos lanzaremos aún a riesgo
de perder algo nuestro, por el camino
¡Es el Señor!
 
Y, cuando sale a nuestro encuentro,
es porque quiere que compartamos su vida
Y, cuando anochece en nuestros afanes,
el Señor, desde la otra orilla,
nos brinda la fuerza necesaria
para que no nos ahogue la desesperanza.
¡Es el Señor!
 
Cuando amanece con el Señor,
todo cambia de color:
el cansancio desaparece,
la mala suerte termina,
el esfuerzo inútil da lugar al trabajo fecundo.
¡Es el Señor!
 
Y, cuando uno cree en Él,
en silencio cree en Él, espera en Él y ama en Él.
Y, cuando uno cree en Él,
como Pedro, los ojos se ponen en Él,
las alabanzas, los pies en la tierra
y la barca dejada en Él.
¡Es el Señor!
 
Y, cuando uno ama como Juan,
los labios se atreven a pronunciar
lo que el corazón siente y la fe anima:
¡Es el Señor!
 
P. Javier Leoz

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7


 
En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
Entonces los Doce convocaron. a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocupamos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicamos a la oración y al ministerio de la Palabra».
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor ya Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y éstos, después de orar, les impusieron las manos.
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.
 
Palabra de Dios.





¿Sería mejor que el número de los discípulos de Jesús no aumentara mucho para evitar discriminaciones? Jesús quiere que la salvación llegue a todos; no podemos ni ser pusilánimes en el anuncio del Evangelio, ni ponerle límites al mismo. Como consecuencia del verdadero compromiso con el anuncio del Evangelio brotará, casi espontáneamente, la capacidad de volver la mirada hacia los necesitados para tenderles la mano y poner en práctica el servicio de caridad de todos los días.
Quien cumpla con la misión de servir a su prójimo no puede dedicarse sólo a la oración y al servicio de la Palabra. De hecho, como nos narrará más adelante la Palabra de Dios, los que fueron escogidos para el servicio de las mesas también se dedicaron a anunciar el Evangelio, con valentía, hasta dar su vida por Cristo.
Nosotros no podemos llamarnos cristianos en plenitud sólo porque promovamos el servicio de caridad hacia los pobres y nos desvelemos por ellos. Mientras no hagamos llegar a ellos el Evangelio con toda su fuerza salvadora tal vez les llenaremos el estómago y les propiciaremos una vida más cómoda y confortable, pero los dejaremos muy lejos de Cristo y de su Salvación; pues no sólo han de vivir humanamente dignos, sino como hijos de Dios, lo cual es la misión principal que tiene la Iglesia. Por eso no hemos de privilegiar ni una cosa ni la otra, sino que, como consecuencia de la Salvación recibida, hemos de pasar haciendo el bien a todos en todos los niveles de su vida.

SALMO RESPONSORIAL 32, 1-2. 4-5. 18-19



 
R.    ¡Que tu amor descienda sobre nosotros, Señor!
 
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
 
Porque la palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
Él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.
 
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.
 
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 16-21


 
Al atardecer de ese mismo día, en que Jesús había multiplicado los panes, los discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaúm, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.
Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: «Soy Yo, no teman».
Ellos quisieron subirlo a la barca, pero ésta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.
 
Palabra del Señor.



Jesús no busca la gloria humana; su reino no es de este mundo. Después de multiplicar el pan, dándose cuenta de que querían llevárselo para proclamarlo rey, se retira de nuevo a la montaña Él solo. Ahí, nuevamente en la intimidad con su Padre Dios, no elude la realidad, sino que escucha a su Padre para hablarnos de las cosas del Cielo, de lo que es el amor del Padre por nosotros; y lo hará más que con las palabras, con las obras y con su vida misma.
Y pasan las horas; mientras sus discípulos se embarcaron para dirigirse a Cafarnaúm en medio de un viento contrario que les impedía avanzar con rapidez y seguridad, pues las olas encrespadas los ponían en peligro.
Dejar a Jesús; querer hacer camino sin Él con nosotros, nos impide avanzar con seguridad en medio de un mundo que nos invita a dar marcha atrás en nuestros buenos propósitos, y nos amenaza con hacer hundir y perder nuestra vida.
Muchos, efectivamente, han dado marcha atrás en su fe o en sus compromisos con la Iglesia, pues los ha ahogado el dinero, el poder y los placeres de este mundo; porque han visto a su prójimo no como hermano, sino como fuente de explotación para lograr, injustamente, los propios intereses.
Cristo, así, se convierte en alguien que nos asusta con su llamado a la conversión y al servicio.
Pero Jesús ha venido no a llenarnos de temor sino a darnos la Paz. Al vernos necesitados de ayuda, es el primero en acercarse, incluso tal vez sin que lo llamemos, pues Él bien sabe lo que necesitamos. Cuando lo aceptamos en nuestra vida para que le dé un nuevo sentido, un nuevo rumbo a la misma, podemos tocar tierra firme y afianzar nuestros pies, y consolidar nuestros pasos para volver a amar y servir, para volver a ver a nuestro prójimo no como un enemigo, ni como un objeto del que nos podamos aprovechar, sino como nuestro hermano a quien amamos y con quien caminamos en santidad y justicia, dando testimonio de un mundo nuevo entre nosotros: el mundo que vive en la civilización del amor y no en la jungla de la maldad y de la injusticia.
Este momento, en que celebramos la Eucaristía, es el más privilegiado encuentro entre el Señor y nosotros. No venimos llenos de temor sino de amor y de esperanza.
Tal vez muchas cosas han angustiado nuestra vida y la han llenado de temores. En Cristo sólo encontramos la paz y a Alguien que nos ha amado como nadie más lo ha hecho.
Nuestro encuentro con Él no puede reducirse al de alguien que lo ha visitado sólo para saludarlo.
Jesús quiere hacerse compañero nuestro en la vida diaria, para ayudarnos a caminar siempre llenos de esperanza en que lograremos aquello bueno que pretendemos en la vida.
Todos podrán abandonarnos, sin embargo, Aquel que nos amó hasta dar la vida por nosotros, será el Señor que siempre estará en camino con nosotros.

Santa Catalina de Siena

Nacida en 1347, Catalina (nombre que significa "Pura") era la menor del prolífico hogar de Diego Benincasa. Allí crecía la niña en entendimiento, virtud y santidad. A la edad de cinco o seis años tuvo la primera visión, que la inclinó definitivamente a la vida virtuosa. Cruzaba una calle con su hermano Esteban, cuando vio al Señor rodeado de ángeles, que le sonreía, impartiéndole la bendición.
Su padre, tintorero de pieles, pensó casarla  con un hombre rico. La joven manifestó que se había prometido a Dios. Entonces, para hacerla desistir de su propósito, se la sometió a los servicios mas humildes de la casa. Pero ella caía frecuentemente en éxtasis y todo le era fácil de sobrellevar.
Finalmente, derrotados por su paciencia, cedieron sus padres y se la admitió en la tercera orden de Santo Domingo y siguió, por tanto, siendo laica. Tenía dieciséis años. Sabía ayudar, curar, dar su tiempo y su bondad a los huérfanos, a los menesterosos y a los enfermos a quienes cuidó en las epidemias de la peste. En la terrible peste negra, conocida en la historia con el nombre de "la gran mortandad", pereció más de la tercera parte de la población de Siena.
A su alrededor muchas personas se agrupaban para escucharla. Ya a los veinticinco años de edad comienza su vida pública, como conciliadora de la paz entre los soberanos y aconsejando a los príncipes. Por su influjo, el papa Gregorio XI dejó la sede de Aviñon para retornar a Roma. Este pontífice y Urbano VI se sirvieron de ella como embajadora en cuestiones gravísimas; Catalina supo hacer las cosas con prudencia, inteligencia y eficacia.
Aunque analfabeta, como gran parte de las mujeres y muchos hombres de su tiempo, dictó un maravilloso libro titulado Diálogo de la divina providencia, donde recoge las experiencias místicas por ella vividas y donde se enseñan los caminos para hallar la salvación. Sus trescientas setenta y cinco cartas son consideradas una obra clásica, de gran profundidad teológica. Expresa los pensamientos con vigorosas y originales imágenes. Se la considera una de las mujeres más ilustres de la edad media, maestra también en el uso de la lengua Italiana.
Santa Catalina de Siena, quien murió a consecuencia de un ataque de apoplejía, a la temprana edad de treinta y tres años, el 29 de abril de 1380, fue la gran mística del siglo XIV. El papa Pío II la canonizó en 1461. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma, donde se la venera como patrona de la ciudad; es además, patrona de Italia y protectora del pontificado.
El papa Pablo VI, en 1970, la proclamó doctora de la Iglesia.
Ella, Santa Teresa de Avila y Santa Teresita de Lisieux son las tres únicas mujeres que ostentan este título.

viernes, 28 de abril de 2017

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42


 
Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, dijo a los del Sanedrín:
«Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios».
Los del Sanedrín siguieron su consejo: llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el Nombre de Jesús y los soltaron.
Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el Nombre de Jesús. Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.
 
Palabra de Dios.



Finalmente Dios, de una o de otra forma, sale en defensa de sus pobres y de quienes le son fieles.
Si queremos conocer un poco acerca de la vida y las enseñanzas de Gamaliel nos podemos referir a Pablo, como fruto de la educación de este hombre, doctor de la ley y respetado por todo el pueblo. Pablo dice en Hech. 22, 3: Nací en Tarso de Cilicia, pero me eduqué en esta ciudad (Jerusalén). Mi maestro fue Gamaliel; él me instruyó en la fiel observancia de la ley de nuestros antepasados. Siempre he defendido con pasión las cosas de Dios, como ustedes lo hacen hoy.
Apasionarnos por Dios y por las cosas de Dios es lo único que pude llevarnos a no exponernos a luchar contra Dios.
Sólo el amor será la fuente de criterio para discernir y distinguir las cosas que son de Dios y vienen de Él, de las que no son de Dios ni vienen de Él., pues un árbol se conoce por sus frutos.
No podemos ser ligeros en juzgar a las personas cuando tal vez viven con sencillez su fe y dan testimonio de la misma con grandes obras, no venidas de ellas, sino del Espíritu de Dios en ellas. No pretendamos apagar la diversidad de manifestaciones del Espíritu Santo. No provoquemos divisiones nacidas de celos infundados; más bien conservemos la unidad en la diversidad de carismas que Dios ha suscitado en su Iglesia para bien de todos.
No nos expongamos, también nosotros a luchar contra Dios.
Que esa unidad sea fruto de nuestra unión con Cristo y de nuestra fidelidad a los sucesores de los Apóstoles, unidos al sucesor de Pedro, signo de unidad en toda la Iglesia.
Mientras haya divisiones entre nosotros no podemos enseñar y anunciar el Evangelio con toda verdad y eficacia, pues nuestro falta de testimonio estaría manifestando que vivimos en contra del anuncio del mismo Evangelio, en que proclamamos que Cristo no ha venido a dividirnos sino a unirnos para que el mundo crea.

SALMO RESPONSORIAL 26, 1. 4. 13-14



 
R.    El Señor es mi luz y mi salvación.
 
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.
 
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo. R.
 
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.
 

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