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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34

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    Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»     Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas». El segundo es: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos».     El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios».     Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios».     Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor. "  Amar a Dios y amar al prójimo ." En este pasaje, un escriba se acerca a J...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 14-23

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    Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, exigían de Él un signo que viniera del cielo.     Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.     Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus po...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19

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Jesús dijo a sus discípulos:     «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra.     El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos». Palabra del Señor. “Jesús no vino a cambiar la Ley, sino a enseñarnos a vivirla con un corazón lleno de amor.” En este pasaje, Jesús dice algo muy importante: “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas; no vine a abolir, sino a darles cumplimiento.” Con estas palabras, Jesús aclara que su misión no es eliminar lo que Dios había enseñado a su pueblo, sino llevarlo a su plenitud . La Ley dada por Dios en el Antiguo Testamento era un camino para orientar la vida del pueblo. Pero...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-35

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    Se acercó Pedro y dijo a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»     Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.     Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.     El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".     El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.     Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes".     El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 24-30

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      Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga:     «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.     También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio».     Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Palabra del Señor. “Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra.” En este pasaje del Evangelio vemos a Jesús re...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4, 5-42 / Domingo 3° de Cuaresma

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    Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.     Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»     Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.     La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.     Jesús le respondió:     «Si conocieras el don de Dios     y quién es el que te dice:     "Dame de beber",     tú misma se lo hubieras pedido,     y él te habría dado agua viva.»     «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos...

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15, 1-3. 11b-32

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    Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Pero los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo entonces esta parábola:     «Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde".; Y el padre les repartió sus bienes.     Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.     Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.     Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí mu...