sábado, 18 de agosto de 2012

Lectura del libro del profeta Ezequiel (18, 1-10. 13. 30-32)


El Señor me habló y me dijo:
¿Por qué andan repitiendo este refrán en Israel:
‘Los padres fueron los que comieron uvas verdes y son los hijos a quienes se les
destemplan los dientes’?
Les juro por mi vida, dice el Señor Dios, que nadie volverá a repetir ese refrán en Israel.
Sépanlo:
todas las vidas son mías, lo mismo la vida del padre que la del hijo. Así pues, el hombre que peque, ése morirá. El hombre que es justo y vive de acuerdo con el derecho y la justicia; que no ofrece sacrificios a los ídolos ni los adora; que no deshonra a la mujer de su prójimo; que no explota a sus semejantes y les devuelve la prenda empeñada; que no roba, sino que da de comer al hambriento y viste al desnudo; que no presta con usura ni acumula intereses; que no comete maldades y juzga imparcialmente los delitos; que observa mis preceptos y cumple con fidelidad mis mandamientos, ese hombre es justo y ciertamente vivirá, dice el Señor Dios.
Si el hijo del justo es ladrón u homicida y quebranta alguno de mis mandamientos, ciertamente morirá y será responsable de sus propios crímenes.
Pues bien, pueblo de Israel, yo juzgaré a cada uno de ustedes según su proceder, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse de todos sus pecados, apártense de ellos y no morirán.
Arrepiéntanse de todas las infidelidades que han cometido, estrenen un corazón nuevo y un espíritu nuevo y así no morirán, pues yo no quiero que nadie muera, dice el Señor Dios. Arrepiéntanse y vivirán”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.


Reflexionemos

Este texto contribuirá a que la conciencia de la humanidad adelante un gran paso: el de la responsabilidad personal. No podemos cargar sobre los demás lo que es nuestra incumbencia. Hay una manera de insistir en el “carácter colectivo” de ciertos comportamientos que es solo una manera disfrazada de “irresponsabilidad”. Es muy fácil descargarse en los demás: “es culpa de tal, es falla del sistema, es culpa de la sociedad”. El hombre debe ser solidario, pero de lo que se trata es que no se deje llevar como hojas secas por el viento. Que sepa conservar su buen criterio  y no torcerse ante el “lo hacen todos”.

P. Juan R. Celeiro

Salmo Responsorial Salmo 50



Crea en mí, Señor, un corazón puro.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. No me arrojes, Señor, lejos de ti ni retires de mí tu santo espíritu.

Crea en mí, Señor,un corazón puro.

Devuélveme tu salvación, que regocija, y mantén en mí un alma generosa. Enseñaré a los descarriados tus caminos y volverán a ti los pecadores.

Crea en mí, Señor,un corazón puro.

Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios, y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría. Un corazón contrito te presento, y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.

Crea en mí, Señor,un corazón puro.

Santa Elena

Esta gran santa se ha hecho famosa por haber sido la madre del emperador que les concedió la libertad a los cristianos, después de tres siglos de persecución, y por haber logrado encontrar la Santa Cruz de Cristo en Jerusalén.
Nació ella en el año 270 en Bitinia (hacia el sur de Rusia, junto al Mar Negro). Era hija de un hotelero, y especialmente hermosa.
Y sucedió que llegó por esas tierras un general muy famoso del ejército romano, llamado Constancio Cloro y se enamoró de Elena y se casó con ella. De su matrimonio nació un niño llamado Constantino que se iba a hacer célebre en la historia por ser el que concedió la libertad a los cristianos.
Cuando ya llevaban un buen tiempo de matrimonio sucedió que el emperador de Roma, Maximiliano, ofreció a Constancio Cloro nombrarlo su más cercano colaborador, pero con la condición de que repudiara a su esposa Elena y se casara con la hija de Maximiliano. Constancio, con tal de obtener tan alto puesto repudió a Elena. Y así ella tuvo que estar durante 14 años abandonada y echada a un lado. Pero esto mismo la llevó a practicar una vida de santidad.
Pero al morir Constancio Cloro, fue proclamado emperador por el ejército el hijo de Elena, Constantino, y después de una fulgurante victoria obtenida contra los enemigos en el puente Milvio en Roma (antes de la cual se cuenta que Constantino vio en sueños que Cristo le mostraba una cruz y le decía: "Con este signo vencerás"), el nuevo emperador decretó que la religión católica tendría en adelante plena libertad (año 313) y con este decreto terminaron tres siglos de crueles y sangrientas persecuciones que los emperadores romanos habían hecho contra la Iglesia de Cristo.
Constantino amaba inmensamente a su madre Elena y la nombró Augusta o emperatriz, y mandó hacer monedas con la figura de ella, y le dio plenos poderes para que empleara el dinero del gobierno en las obras buenas que ella quisiera.
Elena, que se había convertido al cristianismo, se fue a Jerusalén, y allá, con los obreros, que su hijo, el emperador, le proporcionó, se dedicó a excavar en el sitio donde había estado el monte Calvario y allá encontró la cruz en la cual habían crucificado a Jesucristo (por eso la pintan con una cruz en la mano).
Dice San Ambrosio que Santa Elena aunque era la madre del emperador, vestía siempre con mucha sencillez y se mezclaba con la gente pobre y aprovechaba de todo el dinero que su hijo le daba para hacer limosnas entre los necesitados. Que era supremamente piadosa y pasaba muchas horas en el templo rezando.
En Tierra Santa hizo construir tres templos: uno en el Calvario, otro en el monte de los Olivos y el tercero en Belén.
Gastó su vida en hacer obras buenas por la religión y los pobres, y ahora reina en el cielo y ruega por nosotros que todavía sufrimos en la tierra.

Fuente: Ewtn

viernes, 17 de agosto de 2012

Recuerdos del dia del exalumno en la plata‏




Lectura de la profecía de Ezequiel 16, 1-15. 60. 63


 
 

La palabra del Señor me llegó en estos términos:
Hijo de hombre, da a conocer a Jerusalén sus abominaciones. Tú dirás: Así habla el Señor a Jerusalén: Por tus orígenes y tu nacimiento, perteneces al país de Canaán; tu padre era un amorreo y tu madre una hitita. Al nacer, el día en que te dieron a luz, tu cordón umbilical no fue cortado, no fuiste lavada con agua para ser purificada, ni frotada con sal, ni envuelta en pañales. Nadie se compadeció de ti para hacerte alguna de esas cosas, sino que fuiste arrojada en pleno campo, porque dabas asco el día que naciste.
Yo pasé junto a ti, te vi revolcándote en tu propia sangre y entonces te dije: «Vive y crece como un retoño del campo». Tú comenzaste a crecer, te desarrollaste y te hiciste mujer; se formaron tus senos y crecieron tus cabellos, pero estabas completamente desnuda. Yo pase Junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo del amor; extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; te hice un juramento, hice una Alianza contigo -oráculo del Señor- y tú fuiste mía. Yo te lavé con agua, limpié la sangre que te cubría y te perfumé con óleo.
Te puse un vestido bordado, te calcé con zapatos de cuero fino, te ceñí con una banda de lino y te cubrí con un manto de seda. Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar en tu cuello; coloqué un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una espléndida diadema en tu cabeza. Estabas adornada de oro y de plata, tu vestido era de lino fino, de seda y de tela bordada; te alimentabas con la mejor harina, con miel y aceite. Llegaste a ser extraordinariamente hermosa y te convertiste en una reina. Tu fama se extendió entre las naciones, porque tu belleza era perfecta gracias al esplendor con que yo te había adornado -oráculo del Señor-.
Pero tú te preciaste de tu hermosura y te aprovechaste de tu fama para prostituirte; te entregaste sin pudor a todo el que pasaba y fuiste suya.
Pero Yo me acordaré de la Alianza que hice contigo en los días de tu juventud y estableceré para ti una Alianza eterna. Para que te acuerdes y te avergüences, y para que en tu confusión no te atrevas a abrir la boca, cuando Yo te haya perdonado todo lo que has hecho.
 
Palabra de Dios.



Reflexionemos

Nos encontramos con una alegoría: Ezequiel entrevió la historia de Jerusalén como la de un “amor”…la historia de una niña abandonada, perdida, que alguien recoge y ama…después viene la ingratitud y la prostitución…pero todo acaba como una historia de la misericordia y del amor recuperado. Dejémonos embargar por este relato lleno de emoción que ya anticipa el evangelio, las parábolas de la misericordia, la oveja perdida, el hijo prodigo; aunque no es menos hermoso, cuando nos habla de la esposa perdida y hallada de nueva, del amor extinguido cuya llama renace.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL Is 12, 2-4bcd. 5-6


 

R.    ¡Se ha apartado tu ira y me has consolado!

Éste es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación. R.
 
Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.
 
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel! R.

San Jacinto de Cracovia Confesor, Patrón nacional de Polonia

El santo nacional de los polacos (su nombre genuino debió de ser Jacko o Jacek) nació en un castillo de la Silesia, estudió en Praga, Bolonia y París hasta doctorarse en Derecho y Teología, y años después era vicario general de diócesis de Cracovia, regida por un tío suyo.
Su obispo dispuso que le acompañase en un viaje a Roa, y allí los polacos quedaron atónitos al oír predicar santo Domingo: nunca habían oído palabras de fuego como aquellas. Quizá presenciaron también sus milagros, eI hecho es que el joven se hizo fraile predicador (quizás en el año 1217), y unos meses después se dirigía al norte para fundar nuevos conventos dominicos.
En Polonia el primero Jacinto lo funda en Cracovia, pero no le bastaban los límites de su patria y no tarda en lanzarse a la gran aventura de evangelizar las tierras de idólatras semibárbaros que hay al este. En estos viajes se mezclan elementos legendarios, pero parece seguro que recorrió Prusia, llegó al Báltico, donde una de sus fundaciones fue origen de la ciudad de Danzig, y luego predicó por Suecia y Noruega.
Más lejos aún: Rusia, Moscú y Kiev, quizás el mar Negro parte de Grecia, posteriormente, Danubio arriba, Bulgaria y Hungría. El avance avasallador de los tártaros, que arrasan Kiev, le obliga a replegarse, muchos de sus esfuerzos no pudieron fructificar después de aquella sangrienta oleada, y el santo, tras cuarenta años de viajes apostólicos, murió en su convento de Cracovia.
Desde la Polonia fronteriza con la barbarie, Jacinto hizo irradiar el Evangelio hasta los últimos confines de Europa, no siempre con logros duraderos, pero su espíritu de conquista para la fe consolidó el cristianismo en su patria y proyectarlo hacia el mundo exterior.

jueves, 16 de agosto de 2012

Comuniones 2012





Como era nuestra Parroquia

Casamiento de Teresa

Lectura de la profecía de Ezequiel 12, 1-12


 

La palabra del Señor me llegó en estos términos:
«Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pero no ven; tienen oídos para oír, pero no oyen; porque son un pueblo rebelde. En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje Como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.
Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a la vista de ellos, como salen los deportados. Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos. Cargarás el equipaje sobre tus espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque Yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel».
Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.
A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos: «Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo? Diles: Así habla el Señor: "Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella". Diles también: "Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que Yo hice se hará con ellos: serán deportados e irán al exilio. El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerla salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país"».
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos

 Un profeta es una persona que debe ir indicando a los demás cuáles son los caminos de Dios. Qué es lo que va bien y qué hay que corregir, para no ir a la ruina. Unas veces, lo dice de palabra; otras, con su propia vida. Los cristianos debemos asimilar de tal manera la Palabra de Dios, que la encarnemos en nuestra propia existencia, y de este modo, quienes nos vean puedan reconocer “la señal” que Dios les está haciendo. Cada uno en su ámbito, somos profetas: estamos proclamando con nuestro género de vida los valores básicos de la existencia humana, los caminos que nos llevarán al desastre personal y comunitario, y los que conducen a la felicidad. No tenemos que perder la esperanza: a ver si alguna vez el pueblo reacciona y se convierte.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 77, 56-59. 61-62




R.    ¡Recuerden las maravillas del Señor! 
 
Ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido. R.
 
Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel. R.
 
Entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.
Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia. R.

San Roque

Este santo se ha hecho famoso en el mundo por los grandes favores que consigue a favor de pobres y enfermos. Su popularidad ha sido verdaderamente extraordinaria cuando a pueblos o regiones han llegado pestes o epidemias, porque consigue librar de la enfermedad y del contagio a muchísimos de los que se encomiendan a él. Quizás él pueda librarnos de epidemias peligrosas.
San Roque nació en Montpellier, de una familia sumamente rica. Muertos sus padres, él vendió todas sus posesiones, repartió el dinero entre los pobres y se fue como un pobre peregrino hacia Roma a visitar santuarios.
Y en ese tiempo estalló la peste de tifo y las gentes se morían por montones por todas partes. Roque se dedicó entonces a atender a los más abandonados. A muchos logró conseguirles la curación con sólo hacerles la señal de la Santa Cruz sobre su frente. A muchísimos ayudó a bien morir, y él mismo les hacía la sepultura, porque nadie se atrevía a acercárseles por temor al contagio. Con todos practicaba la más exquisita caridad. Así llegó hasta Roma, y en esa ciudad se dedicó a atender a los más peligrosos de los apestados. La gente decía al verlo: "Ahí va el santo".
Y un día mientras atendía a un enfermo grave, se sintió también él contagiado de la enfermedad. Su cuerpo se llenó de manchas negras y de úlceras. Para no ser molesto a nadie, se retiró a un bosque solitario, y en el sitio donde él se refugió, ahí nació un aljibe de agua cristalina, con la cual se refrescaba.
Y sucedió que un perro de una casa importante de la ciudad empezó a tomar cada día un pan de la mesa de su amo e irse al bosque a llevárselo a Roque. Después de varios días de repetirse el hecho, al dueño le entró curiosidad, y siguió los pasos del perro, hasta que encontró al pobre llaguiento, en el bosque. Entonces se llevó a Roque a su casa y lo curó de sus llagas y enfermedades.
Apenas se sintió curado dispuso el santo volver a su ciudad de Montpellier. Pero al llegar a la ciudad, que estaba en guerra, los militares lo confundieron con un espía y lo encarcelaron. Y así estuvo 5 años en la prisión, consolando a los demás prisioneros y ofreciendo sus penas y humillaciones por la salvación de las almas.
Y un 15 de agosto, del año 1378, fiesta de la Asunción de la Virgen Santísima, murió como un santo. Al prepararlo para echarlo al ataúd descubrieron en su pecho una señal de la cruz que su padre le había trazado de pequeñito y se dieron cuenta de que era hijo del que había sido gobernador de la ciudad. Toda la gente de Montpellier acudió a sus funerales, y desde entonces empezó a conseguir de Dios admirables milagros y no ha dejado de conseguirlos por montones en tantos siglos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¡Te suben, Madre!




 
Porque, entre otras cosas,
supiste andar sin nunca apartarte
de las sendas de Dios en la tierra.
Porque, de entre todo, tu corazón
lo ofreciste como regalo mejor
a Aquel que, en una mañana
de Nazaret, te lo pidió.
 
¡Te suben, Madre!
De este lugar, donde a Jesús nos diste,
para que Tú ahora lo abraces,
lo contemples y por nosotros reces.
De este lugar, donde tu silencio fue palabra,
tu sencillez la mejor lección,
tu pobreza, tu mejor riqueza,
tu beldad, la vida interna y externa sin tacha.
 
¡Te suben, Madre!
Porque, flor como Tú, no puede marchitarse
debajo de la tierra, porque, Dios, te arranca
para que sigas floreciendo en el cielo,
porque, Cristo, te espera con los brazos abiertos,
tan apartados como los que Tú le ofreciste
en la noche de Belén.
 
¡Te suben, Madre!
Para darte gloria y honor, y los ángeles felicitarte.
Para ensalzar y cantar tus proezas.
Para que, tu cuerpo y tu alma, estén junto al Creador.
 
¡Te suben, Madre!
Por las veces en que Tú bajaste al valle de nuestras lágrimas.
Por los momentos que compartiste de nuestra cruz.
Por los instantes en los que dijiste “sí”.
Por los momentos de prueba e incertidumbre.
Por todo eso, Madre, y por tu fe.
 
¡Te suben, al Cielo!
No dejes, desde la otra orilla, de acompañar a tu pueblo.
De enviarnos destellos de tu Nueva Morada.
De iluminar nuestra fe por tu intercesión ante Dios.
De hacer más grande nuestra vida con tu presencia alentadora.
Haz, oh Madre, desde esa nueva realidad que Tú vives,
que también nosotros un día podamos contemplar y vivir
cerca de Aquel que hoy te asciende,
te abraza y se goza contigo: DIOS.
 
P. Javier Leoz

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab


 

Se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de la Alianza.
Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del .sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.
Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.
Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.
La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio.
 
Y escuché una voz potente que resonó en el cielo:
«Ya llegó la salvación,
el poder y el Reino de nuestro Dios
y la soberanía de su Mesías».
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos


La extraordinaria mujer vista por Juan es la madre del Mesías. Ella es la encarnación de todo el pueblo de los elegidos. Las doce estrellas hacen pensar en las doce tribus. Los dolores de parto, mas que en el nacimiento del Mesías, deben aplicarse a los sufrimientos del pueblo de Dios desde su nacimiento hasta el fin de los tiempos, cuando nacerá el Cristo total. En Maria vemos prefigurado nuestro propio destino. Maria es “tipo” de toda la Iglesia que avanza por el mundo al encuentro de Dios.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 44, 10b-12. 15b-16




R.   ¡De pie a tu derecha está la Reina, Señor!

Una hija de reyes está de pie a tu derecha:
es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir.  R.
 
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
Él es tu señor: inclínate ante él.  R.

Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían,
con gozo y alegría entran al palacio real.  R.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 15, 20-27a


 

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.
En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos; luego, aquéllos que estén unidos a Él en el momento de su Venida.
En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte, ya que Dios "todo lo sometió bajo sus pies".
Palabra de Dios.

La Asunción de la Santísima Virgen al Cielo

La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, con convenía, no podía, sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y enseguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angélicos.
Desde su exaltado sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente « omnipotencia suplicante». Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivo, que son casi legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa, como madre e intercesora, la « llena de gracia», la « más bendita de todas las mujeres».
Y el papa Pío XII, cediendo a su personal creencia y filial devoción y respondiendo también al unánime voto de toda la cristiandad, define Dogma de fe cristiana esa Asunción de María a los cielos en su cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de sus hijos militantes en la tierra.
El 1 de noviembre del Año Santo y Jubilar de 1950 presenció la acogedora plaza de San Pedro el acto más apoteósico que jamás pudo contemplarse en el mundo ante el medio millón personas de toda raza y país que a la voz del Sumo Pontífice Romano aclamaron a la Reina Asunta a los cielos e imploraron juntos su maternal protección sobre este mundo sufriente.
María Asunta a los cielos es la gloriosa Mujer del Apocalipsis; es la Hija del Rey, ricamente engalanada; es la triunfadora del Dragón infernal; la nueva Judit; la niña preferida de Dios, que le rinde por tantas gracias un Magnificat de gratitud. Y al ascender la Madre, provoca a volar a sus hijos de la tierra, que le piden resucitar con Cristo y compartir luego con la Madre su gloria en el empíreo.
Reina y Madre santísima, segura de tí misma, muéstrate solícita por los tuyos, que sufrimos continua lucha y continua tempestad. Tu fiesta culminará en ocho días con la celebración de tu fiesta con el título de Reina. Esto nos pone de manifiesto tu perfecta y total glorificación junto a tu Hijo, Rey y Señor de todo el universo.
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, ella, al aceptar tu Palabra, con limpio corazón, mereció concebirla en su seno virginal, y al dar a luz a su Hijo, preparó el nacimiento de la Iglesia.
Ella, al recibir junto a la cruz el testamento de su amor divino, tomó como hijos a todos los hombres, nacidos a la vida sobrenatural por la muerte de Cristo.
Ella, en la espera pentecostal del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante.
Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

martes, 14 de agosto de 2012

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 8—3, 4


 

El Señor me dirigió la palabra y me dijo: «Tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré».
Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.
Él me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes delante: come este rollo, y ve a hablar a los israelitas». Yo abrí mi boca y Él me hizo comer ese rollo.
Después me dijo: «Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que Yo te doy». Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
Él me dijo: «Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis palabras».
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos

 A un profeta -y todos lo somos, porque se nos encarga ser «testigos de Dios en el mundo»- le resulta muy significativo el gesto. Antes de hablar a los demás, tenemos que «comer» la Palabra de Dios: rumiarla, digerirla, interiorizarla. Sólo entonces podemos transmitirla y será creíble nuestro testimonio, y no diremos palabras oídas o aprendidas en un libro, sino vividas primero por nosotros. Ezequiel era un desterrado en medio de su pueblo, solidario con su dolor. Ahora come la Palabra de Dios: se hace solidario de ella. Así puede hacer de mediador: transmitir al pueblo la voz de Dios y a Dios la oración de su pueblo. Antes de ser predicadores, somos oyentes. Ojalá lo seamos con un ejercicio constante de la meditación o de la «lectio divina» de esa Palabra, para que penetre en nosotros y nos configure con la mentalidad y la voluntad de Dios.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131




 
R.    ¡Qué dulce es tu palabra en mi boca, Señor! 
 
 
Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus precepto, mis consejeros.  R.
 
 
Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata.
¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel!  R.

 
Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón.
Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.  R.
 
 

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