sábado, 7 de septiembre de 2013

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 21-23


 
Hermanos:
Antes, a causa de sus pensamientos y sus malas obras, ustedes eran extraños y enemigos de Dios. Pero ahora, Él los ha reconciliado en el cuerpo camal de su Hijo, entregándolo a la muerte, a fin de que ustedes pudieran presentarse delante de Él como una ofrenda santa, inmaculada e irreprochable. Para esto es necesario que ustedes permanezcan firmes y bien fundados en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia que han oído y que fue predicada a todas las criaturas que están bajo el cielo y de la cual yo mismo, Pablo, fui constituido ministro.
 
Palabra de Dios.


Para reflexionar

Pablo les recuerda a estos cristianos recientes, con expresión fuerte, que antes eran “enemigos de Dios”,”extraños a Dios”  Pero y he aquí la diferencia del cristianismo con las demás religiones. No es el hombre que se acerca a Dios con una ofrenda reconciliadora, sino Dios que ofrece al hombre la reconciliación. Es Dios quien busca al hombre como nos recordara el Beato Juan Pablo II. Es Dios quien hace el gasto de la reconciliación y ¡a que precio!; para que el hombre alcance la intimidad con Dios, participe de su santidad, de su felicidad,  de su victoria. ¡Gracias, Señor! y que sepa corresponder a este tu proyecto.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 53, 3-4. 6. 8


 
R.    ¡Dios es mi ayuda!

 
Dios mío, sálvame por tu Nombre,
defiéndeme con tu poder.
Dios mío, escucha mi súplica,
presta atención a las palabras de mi boca. R.

 
Dios es mi ayuda,
el Señor es mi verdadero apoyo.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
daré gracias a tu Nombre, porque es bueno. R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 1-5


 

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían.
Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?»
Jesús les respondió: «¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?»
Después les dijo: «El Hijo del hombre es dueño del sábado».
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Los fariseos están al acecho. Espían a Jesús y a sus discípulos, para ver de qué los puedes acusar.

Los acusan de incumplimiento de la ley del sábado. Utilizan la ley para atacar, para condenar. Jesús les explica con un ejemplo el verdadero sentido de la ley del sábado y de todas las leyes. Las leyes tienen su sentido, pero están al servicio de las personas. Las personas no pueden convertirse en esclavas de la ley. Además Él está por encima de cualquier ley: es señor del sábado.

¿Estamos al acecho de alguna persona? ¿Utilizamos la ley para condenar? Pedimos perdón.
Damos gracias a Jesús que nos libera del peso de la ley.

Santa Regina

Hija de un ciudadano pagano de Alise, en Borgoña, la santa -cuya madre falleció al dar la luz- fue entregada a una nodriza que era cristiana y que la educó en la fe. Su belleza atrajo las miradas del prefecto Olybrius, quien, al saber que era de noble linaje, quiso casarse con ella, pero ella se negó a aceptarlo y no quiso atender los discursos de su padre, quien trataba de convencerla para que se casara con un hombre tan rico.
Ante su obstinación, su padre decidió encerrarla en un calabozo y, como pasaba el tiempo sin que Regina cediese, Olybrius desahogó su cólera haciendo azotar a la joven y sometiéndola a otros tormentos. Una de aquellas noches, recibió en su calabozo el consuelo de una visión de la cruz al tiempo que una voz le decía que su liberación esta próxima. Al otro día, Olybrius ordenó que fuera torturada de nuevo y que fuera decapitada después. En el momento de la ejecución, apareció una paloma blanquísima que causó la conversión de muchos de los presentes.
La devoción a la santa aumentó a partir del siglo VII.

viernes, 6 de septiembre de 2013

A todas las familia


Queridísimos, 
La invitación del Papa Francisco a una jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria y en todas las naciones afectadas por el drama de la guerra, debe ser atendida con gran seriedad y compromiso por todos nosotros.
 
Las imágenes que han dado la vuelta al mundo y las continuas trágicas noticias interpelan nuestro corazón, nuestra inteligencia, nuestra fe. Por eso os invito a acoger la propuesta del Papa y a hacer también en vuestro hogar un gesto de ayuno y oración.
 
Queridos padres, no tengáis miedo de proponer a vuestros hijos una comida austera y mínima; será motivo para explicarles lo que está sucediendo en el mundo y cómo estos hechos terribles no nos pueden dejar indiferentes. Junto a la dureza de la crónica, no olvidéis comunicarles la esperanza de la paz ofrecida por Cristo resucitado, que nos ha reconciliado con el mundo no con gestos violentos y de venganza, sino con el don de sí mismo.
 
No olvidéis invitar a los abuelos y ancianos a esta comida, hecha con poco alimento y muchas palabras; si alguno de ellos ha experimentado momentos de guerra, puede contar lo que significa vivir bajo las bombas y en la incertidumbre del mañana y cómo rezaban en esos días.
 
Y vosotros, muchachos y jóvenes, no os quejéis si el sábado no habrá mucha comida en la mesa, sino dad gracias a vuestros padres por lo que os ofrecen, pedidles explicaciones y motivos por los que vale la pena seguir viviendo en esta tierra marcada con demasiada frecuencia por luchas y violencia.
 
¡Juntos, en la mesa, para rezar! Por las familias de Siria, por los niños que mueren cada día por odio y por hambre, por los gobernantes llamados a encontrar soluciones de paz y no violentas.

La lectura de un salmo, de una página evangélica, un misterio del Rosario, oraciones espontáneas hechas en voz alta, un simple canto;
cada familia elija el modo que mejor le parezca para interceder, para ponerse en medio entre el misterio del mal que marca nuestra historia y el Dios de la paz que la sana y la salva.
 
¡Gracias!

Vincenzo Paglia
 
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

 
Ciudad del Vaticano, 4 septiembre 2013
 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 15-20


 
Cristo Jesús es la Imagen del Dios invisible,
el Primogénito de toda la creación,
porque en Él fueron creadas todas las cosas,
tanto en el cielo como en la tierra,
los seres visibles y los invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
todo fue creado por medio de Él y para Él.
 
Él existe antes que todas las cosas
y todo subsiste en Él.
Él es también la Cabeza del Cuerpo,
es decir, de la Iglesia.
 
Él es el Principio,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
a fin de que Él tuviera la primacía en todo,
porque Dios quiso que en Él residiera toda la Plenitud.
 
Por Él quiso reconciliar consigo
todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
restableciendo la paz por la sangre de su cruz.
 
Palabra de Dios


Para reflexionar

Estamos frente a un himno que celebra la grandeza universal de Cristo, en el orden de la creación y en el orden de la resurrección alrededor del hecho histórico universal que es la cruz.  Absoluta primacía de Cristo en el orden de la duración –“antes que todas las cosas”-, como en el orden de la dignidad –“todo subsiste en él”-.  Después de la creación natural en la que Cristo es omni-activo, tenemos la intervención sobrenatural de Dios, en la que Cristo es también el primero. El mundo va hacia un término, hacia una plenitud. Hacia la resurrección, de la que Jesús es el primogénito. Todo, la salvación de todos,  la reconciliación universal, a sido por su cruz, por su amor hasta el final, por su sangre ofrecida.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 99, 1-5


 
R.    ¡Lleguemos hasta el Señor cantando himnos de gozo! 

 
Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta Él con cantos jubilosos. R.

 
Reconozcan que el Señor es Dios:
Él nos hizo y a Él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

 
Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre. R.

 
¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 33-39


 

Los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben».
Jesús les contestó: «¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar».
Les hizo además esta comparación: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a éste no quedará bien en el vestido viejo. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. El vino nuevo se pone en odres nuevos. Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: el añejo es mejor».
 
Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Los fariseos no comprenden a Jesús. Su Evangelio es el vino bueno, la pieza nueva. Los corazones de los fariseos son los odres viejos, el manto viejo. Para acoger a Jesús tenemos que cambiar el corazón, la forma de pensar, nuestro estilo de vida. Si no nos vamos convirtiendo a la Palabra de Jesús, nunca descubriremos su novedad.

Para comprender a Jesús hay que nacer de nuevo; mejor dicho, tenemos que dejar que Dios nos dé a luz de nuevo. En la oración, en la celebración de los sacramentos, en la vida de cada día Dios nos va transformando... si lo dejamos.

            “Transforma Señor nuestra vida entera,
             para que podamos acoger tu Evangelio
             con un espíritu nuevo, renovado”

San Eleuterio

Fue un santo abad del monasterio de San Marcos Evangelista en Espoleto. Debió ser un hombre de grandes y probadas virtudes por los relatos que se conocen de su vida a través del gran Papa Gregorio Magno que fue contemporáneo, conocido personal, amigo y hasta una de las personas que salió beneficiada del trato con el santo abad. De hecho, cuenta San Gregorio de su amigo que, un buen día y con una sola bendición, el abad Eleuterio consiguió curarlo de un vehemente deseo de ingerir alimentos que él sufría. Además, refiere el mismo Papa, su santidad era tan grande que hasta llegó a resucitar un muerto.

Pero lo que llama la atención al relator de la vida del santo es un acontecimiento que tiene valor de ejemplaridad y estímulo para los hombres que, llenos de dificultades, limitaciones y pecados, viven soportando sus faltas de virtud y sufriendo los propios fracasos. Por eso la figura de este santo es más cercana, al ser víctima de su propio desmoronamiento.

Unas monjas habían confiado al santo abad la custodia de un niño atormentado por el Diablo. Como pasaran varios días sin notarse fenómenos extraños, el abad comentó a sus monjes que Satanás tenía asustadas a las pobres monjas, pero que ahora estaba con miedo y por eso no se manifestaba.

Al punto, el mal espíritu se apoderó del niño y de inmediato comenzó a maltratarlo.

Eleuterio cayó en la cuenta de que su expresión fue de soberbia y presunción. Lloró dolorido su pecado y pidió a los monjes oraciones y penitencias para que cesaran los embates del Demonio.

Una simple frase con un poco de vanidad hizo que Satanás se sintiese en terreno propio y se necesitase la oración y mortificación de todos para expulsarlo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 9-1


 

Hermanos:
Oramos y pedimos sin cesar por ustedes, para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales. Así podrán comportarse de una manera digna del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas y progresando en el conocimiento de Dios. Fortalecidos plenamente con el poder de su gloria, adquirirán una verdadera firmeza y constancia de ánimo, y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos. Porque Él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.
 
Palabra de Dios.


Para reflexionar

Pablo no los conoce, sin embargo reza sin cesar por ellos. ¿Soy capaz de rezar con un corazón tan amplio, por encima de las distancias y del anonimato? Pide dos dones del Espíritu Santo: la sabiduría y la inteligencia (el sentido de las cosas espirituales). Es que temía que los colosenses se dejaran engañar por falsas doctrinas imbuidas de esoterismo-gnóstico. Quiere prevenirles contra esas especulaciones místico-intelectuales. También hoy estamos tentados por unas desviaciones doctrinales que provienen de la influencia que tienen sobre nosotros las corrientes de pensamiento que nos envuelven. Razón de mas para profundizar en nuestros conocimientos, para tener la verdadera inteligencia de la fe.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 97, 2-6


 

R.   ¡El Señor manifestó su victoria!

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey. R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 5, 1-11



En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y Él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes».

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes». Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres».

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

 

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Cuando nos damos cuenta de la grandeza y la bondad de Dios, reconocemos nuestra pequeñez y de nuestro pecado. Esta es la experiencia de Pedro. Esta es la experiencia que todos estamos invitados a vivir. Sólo cuando tomemos conciencia de quién es Dios y de quiénes somos nosotros, podremos relacionarnos con verdad con Él y con los hermanos.

            “Señor, tu mar es grande, nuestras barcas son pequeñas”

            “Concédenos descubrir y admirar tu grandeza”

            “Concédenos un corazón humilde”



“No temas, desde ahora serás pescador de hombres”. Cuando Pedro reconoce su pecado, Jesús lo llama. Es curioso.

Jesús no se detiene ante nuestra pequeñez, ni siquiera ante nuestro pecado, cuando lo reconocemos con sinceridad. Y cuenta con nosotros, cuenta contigo.

            “¿Señor, a qué me llamas? Envíame. Estoy dispuesto”




San Lorenzo Justiniano

Nació y murió en Venecia en 1381 y 1455, respectivamente.

Renunció a un buen matrimonio e ingresó entre los llamados canónigos de San Jorge en 1400. Dos años después fue ordenado diácono y en 1406 presbítero, dedicándose a la guía espiritual y a escribir tratados de ascesis (De la lucha interior, Cuadernillo de amor, El árbol de la vida) y otro para los obispos (Del régimen de los prelados). El Papa Eugenio IV lo nombró Obispo de Castello en 1433, diócesis que animó. Nicolás V lo promovió a Patriarca de Venecia el 8 de octubre de 1455, puesto que ocupó hasta su muerte. Fue beatificado en 1524 por el Papa Clemente VII y canonizado por Alejandro VIII en 1690. En la iconografía se le presenta como obispo, con la cruz patriarcal (cruz alta con dos travesaños horizontales), por atributo.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 1-8


 

Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo saludan a los santos de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre.
Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes, desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos, a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo.
Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero.
Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad, al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. Él es para ustedes un fiel ministro de Cristo, y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.
 
Palabra de Dios.



Para reflexionar



Colosas, ciudad del Asia menor, actualmente en Turquía. No fue evangelizada por Pablo sino por Epafrás. Pablo les escribe porque la devoción excesiva a los ángeles (Col 2,18) pone en peligro de hacerles ocupar el lugar de Cristo. En el saludo usa por dos veces el termino “hermano” era la manera de nombrarse de los primeros cristianos. El cristianismo, ¿es para nosotros una gran fraternidad? También tiene la costumbre de llamarlos “santos”; no porque fueran perfectos y sin pecado, sino porque participan de la santidad de Dios”que es nuestro Padre”. Otra razón para  llamarnos “hermanos”. La fe, la caridad y la esperanza caracterizan a los cristianos. La esperanza es como el motor de las otras virtudes. Por ella el cristiano sabe a donde va, su vida tiene un sentido: el cielo. La fe y la caridad son como un gustar anticipado ese cielo que realizara en plenitud todas las aspiraciones del hombre.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 51, 10-11



R.    ¡Confiamos en tu misericordia, Señor!

Yo, como un olivo frondoso
en la casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia del Señor. R.

Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles. R.
 

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 38-44




Al salir de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y ésta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.

Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y Él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. De muchos salían demonios gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.

Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado».

Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

 

Palabra del Señor. 



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Esta página del Evangelio tiene el color del éxito. Jesús cura a la suegra de Pedro e inmediatamente se puso a servirles. El servicio es signo de salud, de salvación. Y el servicio es fuente de alegría.

Damos gracias porque hoy sigue curándonos y le pidamos que nos conceda ser más serviciales.



Al día siguiente, cuando se hizo de día, salió a un lugar solitario. Jesús necesita de la soledad, del silencio, para encontrarse con su Padre, para ser fiel a su misión. Reza cuando cosecha fracasos y cuando es aclamado por todos, cuando truena y cuando hace sol.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?



Dan con él y quieren retenerlo. Pero Jesús tiene claro que ha de cumplir su misión: tiene que anunciar el Evangelio en los otros pueblos.

Hemos de tener cuidado. Es muy fácil perder el rumbo de la misión que Dios da a cada uno. Si fracasamos, tenemos la tentación de abandonarla. Si tenemos éxitos, podemos modificarla para evitar la dificultad y la cruz.

            “Señor, haznos fieles, frente al éxito y al fracaso”

            “Corrige el rumbo de nuestra misión cuando se desvía”
            “A veces queremos retener a los demás en nuestro favor. Perdona.”

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