sábado, 25 de enero de 2014

Lectura de los Hechos de los apóstoles 22, 3-16




En aquellos días, Pablo dijo al pueblo:
«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero me he criado en esta ciudad de Jerusalén y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres. Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora. Perseguí a muerte a los que seguían este Camino, llevando encadenados a la prisión a hombres y mujeres; el sumo sacerdote y el Consejo de los ancianos son testigos de esto. Ellos mismos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y yo me dirigí allá con el propósito de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara en esa ciudad, para que fueran castigados.
En el camino, y al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía del cielo brilló de pronto a mi alrededor. Caí en tierra y oí una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"
Le respondí: "¿Quién eres, Señor?" y la voz me dijo: "Yo soy Jesús de Nazaret a quien tú persigues". Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo le pregunté: "¿Qué debo hacer, Señor?" El Señor me dijo: "Levántate y ve a Damasco, donde se te dirá lo que debes hacer".
Pero como yo no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que me acompañaban me llevaron de la mano hasta Damasco.
Un hombre llamado Ananías, fiel cumplidor de la Ley, que gozaba de gran prestigio entre los judíos del lugar, vino a verme, y acercándose a mí, me dijo: "Hermano Saulo, recobra la vista". y en ese mismo instante, pude verlo.
Él siguió diciendo: "El Dios de nuestros padres te ha destinado para conocer su voluntad, para ver al Justo y escuchar su palabra, porque tú darás testimonio ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y purifícate de tus pecados, invocando su nombre"».

Palabra de Dios.


Reflexionemos juntos

 Al ser detenido en Jerusalén por los judíos, Pablo estuvo a punto de ser linchado: le salvaron los soldados romanos. Aprovechó la ocasión para hacer su propia defensa, en su lengua, el hebreo, presentándose como un judío piadoso, aferrado a la ley mosaica, que, al creer en Cristo Jesús, lo único que hace es obedecer a las promesas mesiánicas del A. T. Así nos enteramos de su conversión por él mismo: de su propósito de perseguir a los cristianos, la experiencia del encuentro misterioso con el  Señor resucitado, la acogida que recibió en la comunidad de Damasco y la misión que se le confió: anunciar a todos los pueblos la buena noticia de la salvación en Jesús de Nazaret, el Mesías esperado. El encuentro con Cristo Jesús cambió su vida: de perseguidor se convirtió en apóstol decidido, dando testimonio de su fe con una admirable valentía a lo largo del resto de sus años, hasta el martirio en Roma.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 116, 1. 2




R.    Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio. 


¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos! R.
 

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 15-18




Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 




Hoy celebramos la fiesta de una conversión: la de San Pablo, un hombre que cambio radicalmente su vida. El perseguidor de cristianos se convierte en uno de los mejores servidores de Cristo. Todo lo que había vivido hasta entonces lo consideró basura, en comparación con el conocimiento de Jesús.

            “Señor, concédeme el don de la conversión”

            “Gracias por las personas que se dejan convertir por ti”

            “Perdona y cura mi dureza de corazón”



San Pablo se dejó seducir por Jesucristo. En todo momento sabía de quien se había fiado. Su vida tenía sentido en la medida de que Cristo vivía en Él. La fuerza de Dios se mostró perfecta en su debilidad. Le bastó la gracia de Dios para ser feliz.

            “Señor, seduce nuestro corazón”

            “Gracias por tu amor, por tu gracia”

            “Muestra tu fuerza, Señor, en nuestra debilidad”



San Pablo entendió enseguida que ser cristiano es ser evangelizador: fue al mundo entero y proclamó el Evangelio. Llevo el mensaje de Jesucristo más allá de las fronteras de Jerusalén, de Israel. ¿Evangelizas? ¿Cómo lo haces? ¿Con qué palabras y con qué gestos? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?
      

La Conversión de San Pablo


La Sagrada Biblia, en el capítulo 9 de los Hechos de los Apóstoles, narra así La Conversión de San Pablo:
"Saulo, respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas de recomendación para las sinagogas de los judíos de Damasco, para que si encontraba algunos seguidores de Cristo, los pudiera llevar presos y encadenados a Jerusalén.
Y sucedió que yendo de camino, cuando estaba cerca de Damasco, de repente le rodeó una luz venida del cielo; cayó en tierra y oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?". El respondió: ¿Quién eres tú Señor? Y oyó que le decían: "Yo soy Jesús a quien tú persigues. Pero ahora levántate; entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tendrás que hacer".

Los hombres que iban con él se habían detenido mudos de espanto, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron de la mano y lo hicieron entrar en Damasco. Pasó tres días sin comer y sin beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión: ¡Ananías! El respondió: "Aquí estoy Señor" y el Señor le dijo: "Levántate. Vete a la calle Recta y pregunta en la casa de Judas por uno de Tarso que se llama Saulo; mira: él está en oración y está viendo que un hombre llamado Ananías entra y le coloca las manos sobre la cabeza y le devuelve la vista.
Respondió Ananías y dijo: "Señor, he oído a muchos hablar de ese hombre y de los males que ha causado a tus seguidores en Jerusalén, y que ha venido aquí con poderes de los Sumos Sacerdotes para llevar presos a todos los que creen en tu nombre".
El Señor le respondió: "Vete, pues a éste lo he elegido como un instrumento para que lleve mi nombre ante los que no conocen la verdadera religión y ante los gobernantes y ante los hijos de Israel. Yo le mostraré todo lo que tendrá que padecer por mi nombre".
Fue Ananías. Entró en la casa. Le colocó sus manos sobre la cabeza y le dijo: "Hermano Saulo: me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías. Y me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo". Al instante se le cayeron de los ojos unas como escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Tomó alimento y recobró las fuerzas.
Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y enseguida se puso a predicar en favor de Jesús, en las sinagogas o casas de oración, y decía que Jesús es el Hijo de Dios. Todos los que lo escuchaban quedaban admirados y decían: ¿No es éste el que en Jerusalén perseguía tan violentamente a los que invocaban el nombre de Jesús? Y ¿No lo habían enviado los Sumos Sacerdotes con cartas de recomendación para que se llevara presos y encadenados a los que siguen esa religión? "Pero Saulo seguía predicando y demostraba a muchos que Jesús es el Mesías, el salvador del mundo".
Saulo se cambió el nombre por el de Pablo. Y en la carta a los Gálatas dice: "Cuando Aquél que me llamó por su gracia me envió a que lo anunciara entre los que no conocían la verdadera religión, me fui a Arabia, luego volví a Damasco y después de tres años subí a Jerusalén para conocer a Pedro y a Santiago". Las Iglesias de Judea no me conocían pero decían: "El que antes nos perseguía, ahora anuncia la buena noticia de la fe, que antes quería destruir". Y glorificaban a Dios a causa de mí.
Apóstol San Pablo: que tu conversión sea como un ideal para todos y cada uno de nosotros. Que también en el camino de nuestra vida nos llame Cristo y nosotros le hagamos caso y dejemos nuestra antigua vida de pecado y empecemos una vida dedicada a la santidad, a las buenas obras y al apostolado.

viernes, 24 de enero de 2014

Lectura del primer libro de Samuel 24, 3-21





Saúl reunió a tres mil hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David y sus hombres; hacia las Peñas de las Cabras salvajes. Al llegar a los corrales de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus hombres. Ellos le dijeron: «Éste es el día en que el Señor te dice: "Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te parezca"».
Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del manto de Saul. Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el borde del manto de Saúl, y dijo a sus hombres: «¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido del Señor!» Con estas palabras, David retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl abandonó la cueva y siguió su camino.
Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Mí señor, el rey!» Saúl miró hacia atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró y le dijo: «¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina? Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: "No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor".
¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres tú el que me acechas para quitarme la vida! Que el Señor juzgue entre tú y yo, y que Él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti.
"La maldad engendra maldad", dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano contra ti. ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás persiguiendo? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga! ¡Que el Señor sea el árbitro y juzgue entre tú y yo; que Él examine y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!»
Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, éste exclamó: «¿No es esa tu voz, hijo mío, David?», y prorrumpió en sollozos. Luego dijo a David: «La justicia está de tu parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal. Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en tus manos y tú no me mataste. Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien que me has hecho hoy! Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza sobre Israel se mantendrá firme en tus manos».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 David, sabiéndose perseguido por un rey obsesionado y celoso, antepone la fidelidad a la Ley de Dios a servirse de las tinieblas para segar la vida de quien le traiciona. No se deja llevar por la violencia ni el odio. Sabe ser generoso con su perseguidor. Su acción y sus palabras desconciertan a Saúl que se derrama en lágrimas. David vive un valor evangélico esencial. “Perdónanos, así como nosotros perdonamos”. “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que le odian”. Que la fuerza del evangelio del perdón penetre nuestro duro mundo…en todos lados hay heridas abiertas. La única solución, la del evangelio, la de David. ¿A quien debo perdonar hoy?  
 
P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 56, 2-4. 6. 11




R.    ¡Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad!


Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,
porque mi alma se refugia en ti;
yo me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase la desgracia. R.


Invocaré a Dios, el Altísimo,
al Dios que lo hace todo por mí:
Él me enviará la salvación desde el cielo
y humillará a los que me atacan.
¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad! R.


¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
Porque tu misericordia se eleva hasta el cielo,
y tu fidelidad hasta las nubes. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 13-19




Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce, a los que les dio el nombre de Apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios.
Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Palabra del Señor. 



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Jesús subió a la montaña, subió a orar, a estar con su Padre. La montaña y la noche están acostumbradas a escuchar las confidencias de Jesús y el Padre. Seguir a Jesús es también orar, crecer en la amistad personal de Dios. ¿Qué le dices a Dios?



Jesús busca colaboradores para su misión. Dios busca la cooperación de las personas. Dios pide tu ayuda. ¿Para qué? Para predicar, es decir, para anunciar a las personas el amor de Dios; también para expulsar demonios, es decir, para luchar contra la injusticia, la mentira, el pecado... ¿Qué dices a Dios?


Jesús marca un estilo de actuar. Podría haber actuado él solo, sin colaboradores, pero prefiere llevar adelante su misión en comunidad. ¿Soy persona de comunidad o tiendo al individualismo? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

San Francisco de Sales

Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales. Familia exquisita. Le llevan a estudiar a la universidad de París. Luego a Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais. Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le recibe con entusiasmo.
Hay un libro: "Introducción a la vida devota", cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquello tiempos. Un libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual.
"¿No es una barbaridad -decía él- querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?"
Hay una amistad que no se puede olvidar: la que mantuvo con Juana Chantal; con ella fundó la Orden de la Visitación.
Una virtud: la dulzura de este hombre, de quien dicen que en su juventud tenía tan mal genio.
Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio. Pero para demostrar que esta virtud no se consigue de la noche a la mañana, he aquí un detalle precisamente referida a nuestro santo.
Se cuenta que al hacerle al autopsia, le encontraron su hígado endurecido como un piedra. Esto se explica por la enorme violencia que tuvo que hacerse este hombre de fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y bondadoso en el trato.
Esa dulzura de la que hablamos antes, no le fue fácil conseguirla.
San Francisco de Sales escribió: "No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo"

jueves, 23 de enero de 2014

Lectura del primer libro de Samuel 18, 6-9; 19, 1-7




Al regresar de la batalla, después que David derrotó al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían a recibir al rey Saúl, cantando y bailando, al son jubiloso de tamboriles y triángulos. Y mientras danzaban, las mujeres cantaban a coro: «Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles». Saúl se puso furioso y muy disgustado por todo aquello, pensó: «A David le atribuyen los diez mil, y a mí tan sólo los mil. iYa no le falta más que la realeza!» Y a partir de ese día, Saúl miró con malos ojos a David.
Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David, y lo puso sobre aviso, diciéndole: «Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver. Yo saldré y me quedaré junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré de ti, veré qué pasa y te lo comunicaré».
Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David, y le dijo: «Que el rey no peque contra su servidor David, ya que él no ha pecado contra ti. Al contrario, sus acciones te reportan grandes beneficios. Él se jugó la vida cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas a pecar con sangre inocente, matando a David sin motivo?»
Saúl hizo caso a Jonatán y pronunció este juramento: «¡Por la vida del Señor, no morirá!»
Jonatán llamó a David y lo puso al tanto de todo. Luego lo llevó a la presencia de Saúl, y David quedó a su servicio como antes.

Palabra de Dios.


Reflexionado juntos

Dos actitudes muy humanas por un lado el precio del éxito, la envidia. Por el otro, la amistad. Que el Señor nos libre de las comparaciones desmesuradas, de los celos, también del orgullo y el atribuirnos el resultado de los dones que hemos recibido. Que mi amistad no sea aprovecharme del otro, sino servirlo, estar dispuesto a renunciar a mis propios benéficos para el bien del otro.
 
P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 55, 2-3. 9-12. 13




R.    ¡En Dios confío y no temo!


Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian,
todo el día me combaten y me oprimen:
mis enemigos me asedian sin cesar,
son muchos los que combaten contra mi. R.


Tú has anotado los pasos de mi destierro,
recoge mis lágrimas en tu odre:
¿acaso no está todo registrado en tu Libro?
Mis enemigos retrocederán cuando te invoque. R.


Yo sé muy bien que Dios está de mi parte;
confío en Dios y alabo su palabra;
confío en Él y ya no temo:
¿qué pueden hacerme los hombres? R.


Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice:
te ofreceré sacrificios de alabanza. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 7-12




Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara.
Porque, como sanaba a muchos todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre Él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 




La gente seguía a Jesús. Tenían hambre, hambre de esperanza, hambre de alegría, hambre de amor, hambre de verdad... hambre de Dios, en definitiva. Dejan sus quehaceres, sus casas y se van a escuchar a Jesús.

¿Tengo hambre de Jesús? ¿qué hago por seguirle, por escucharle? ¿qué estoy dispuesto a dejar por estar con Él? ¿qué te dice Dios? ¿qué le dices?



Hoy las personas también tienen hambre de Dios, también las que tienen espíritus inmundos. Cualquier corazón necesita ser amado y amar, espera buenas noticias, mendiga esperanza, busca una razón para vivir. Y los cristianos hemos de estar dispuestos a saciar ese hambre, esa sed con nuestra experiencia de fe, con la Palabra de Dios, con nuestra vida.

    "Señor, ayúdanos a descubrir las necesidades profundas de las personas"

    "Haznos generosos para compartir el regalo de la fe"
    "Que nuestra vida sea transparencia de tu amor"

San Ildefonso Arzobispo de Toledo


El nombre "Ildefonso" significa "preparado para el combate".
San Ildefonso ha sido considerado como una de las glorias de la Iglesia Española. Sobrino de San Eugenio y discípulo de San Isidro, fue escogido por el pueblo para ser arzobispo de Toledo, que era en ese tiempo la capital de España.
Escribió un famoso libro acerca de la Virginidad de María, y por su gran devoción a la Madre de Dios fue llamado "El Capellán de la Virgen". Se cuenta que Nuestra Señora se le apareció para felicitarlo y darle las gracias por haber hablado tan fervorosamente acerca de Ella y que le regaló un ornamento de celebrar la Santa Misa. En los cuadros antiguos se pinta a San Ildefonso, recibiendo el ornamento de manos de la Santísima Virgen.
San Ildefonso ha sido llamado "Doctor de la Virginidad de María".

Si tu haces algo por la Virgen María, la Virgen María hará mucho más por ti.

miércoles, 22 de enero de 2014

Lectura del primer libro de Samuel 17, 1a. 2a. 4a. 8. 32-33. 37. 40-51




Los filisteos reunieron sus fuerzas para el combate. También Saúl y los hombres de Israel. Se reunieron y se dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos.
Entonces salió del campo filisteo un luchador llamado Goliat. Se detuvo y gritó a las filas de Israel: «¿Para qué salen a presentar batalla? ¿No soy yo el Filisteo y ustedes los esclavos de Saúl? Elijan a un hombre y que baje a enfrentarme».
David dijo a Saúl: «No hay que desanimarse a causa de ése; tu servidor irá a luchar contra el filisteo».
Pero Saúl respondió a David: «Tú no puedes batirte con ese filisteo, porque no eres más que un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud».
Y David añadió: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo».
Entonces Saúl dijo a David: «Ve, y que el Señor esté contigo».
Luego David tomó en la mano su bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo.
El filisteo se fue acercando poco a poco a David, precedido de su escudero. Y al fijar sus ojos en David, el filisteo lo despreció, porque vio que era apenas un muchacho, de tez clara y de buena presencia. Entonces dijo a David: «¿Soy yo un perro para que vengas a mí armado de palos?» Y maldijo a David invocando a sus dioses.
Luego le dijo: «Ven aquí, y daré tu carne a los pájaros del cielo y a los animales del campo».
David replicó al filisteo: «Tú avanzas contra mí armado de espada, lanza y jabalina, pero yo voy hacia ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has, desafiado., Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; yo te derrotaré, te cortaré la cabeza, y daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a los pájaros del cielo y a los animales del campo. Así toda la tierra sabrá que hay un Dios para Israel. Y toda esta asamblea reconocerá que el Señor da la victoria sin espada ni lanza. Porque ésta es una guerra del Señor, y El los entregará en nuestras manos».
Cuando el filisteo se puso en movimiento y se acercó cada vez más para enfrentar a David, éste enfiló velozmente en dirección al filisteo. En seguida metió la mano en su bolsa, sacó de ella una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente, y él cayó de bruces contra el suelo. Así venció David al filisteo con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal, sin tener una espada en su mano.
David fue corriendo y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza.
Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron.

Palabra de Dios.


Reflexionado juntos

 David frente a Goliat es todo un símbolo de la debilidad frente a la fuerza. La Iglesia, la verdad tienen a menudo esa apariencia. Las fuerzas del mal son gigantescas. La fe es una llama frágil, expuesta a los vientos de la historia. En nuestras luchas interiores y exteriores tenemos frecuentemente la impresión de encontrarnos frente a "cosas que nos superan" Que bueno si  dejando de lado la armadura de Saul", las seguridades humanas, le pedimos a Dios que sea El nuestra única fuerza. La debilidad de David es una pálida imagen de la debilidad de Jesús en la cruz:"sin espada, ni lanza",  se presento Jesús para su gran combate, desarmado, desprovisto, desnudo, sin otra arma que su amor.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 143, 1-2. 9-10




R.    ¡Bendito sea el Señor; mi Roca!


Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha. R.


Él es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
Él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies. R.


Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque Tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 1-6




Jesús entró en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante».
Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?»
Pero ellos callaron.
Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió y su mano quedó sana.
Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



No les importaba si Jesús hacía el bien o el mal. No se maravillaban ante el milagro de la curación. Están ciegos, tienen el corazón más paralizado que el brazo del hombre enfermo.

    "Jesús perdona y cura nuestras cerrazones"

    "No nos dejes ser retorcidos. Haznos abiertos a la verdad".



Jesús quedó dolido por la obstinación. Jesús pudo curar la parálisis del brazo, pero no pudo curar la dureza de corazón de los que buscaban acusarle. Para que Jesús nos pueda curar, necesita nuestra fe.

    "Señor, ayúdanos a descubrir nuestras obstinaciones"

    "Señor, haznos pacientes, como tú, con los obstinados"


Jesús cura la parálisis del brazo de aquel hombre. Y quiere curar las tuyas. ¿Qué parálisis reconozco en mí?. Se las cuento al Señor. Pido la curación. Doy gracias por las curaciones ya recibidas.

Buscar este blog