viernes, 6 de junio de 2014

¡Ven, Espíritu Santo!



 

¡Ven, Espíritu Santo!
Anima a todos los cristianos
a recorrer los caminos abiertos por Cristo.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Que nuestra alegría, lejos de apagarse,
se encienda una y otra vez
con el calor de tu fuego divino.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Reúnenos en un solo pueblo,
en el que no exista ninguna división
y en el que, con la Palabra de Dios,
nos sintamos peregrinos interpelados
y en busca de la eternidad.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Que los miedos cesen,
y se amortigüen nuestros llantos,
y desaparezcan nuestros temores,
y brille, de una vez por todas,
el esplendor de la Verdad.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Que sea posible el entendernos
a pesar de nuestras discrepancias.
Que sea posible el amarnos
a pesar de nuestros caprichos y egoísmos.
Que sea posible el respetarnos
a pesar de nuestras ideas y genios.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Que, Dios, sea bendecido y alabado.
Que, Jesús, sea exaltado y amado.
Que, tu voz, sea reconocida y acogida.
¡Ven, Espíritu Santo!
Derrama, en el cántaro de nuestra vida,
tus siete sagrados dones,
para que, lejos de resquebrajarse,
se fortalezca y pueda seguir ofreciéndose
a todos aquellos que nos necesitan.
 
¡Ven, Espíritu Santo!
Sigue edificando, consolidando
y purificando a nuestra Iglesia,
para que, hoy y siempre,
pueda ser fuego abrasador
en un mundo frío y desolador.
¡Ven, Espíritu Santo!
 
P. Javier Leoz
 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 25, 13b-21




El rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. Como ellos permanecieron varios días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
«Félix ha dejado a un prisionero, y durante mi estadía en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas pidiendo su condena. Yo les respondí que los romanos no tienen la costumbre de entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus acusadores y darle la oportunidad de defenderse.
Ellos vinieron aquí, y sin ninguna demora, me senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre al día siguiente. Pero cuando se presentaron los acusadores, éstos no alegaron contra él ninguno de los cargos que yo sospechaba. Lo que había entre ellos eran no sé qué discusiones sobre su religión, y sobre un tal Jesús que murió y que Pablo asegura que vive.
No sabiendo bien qué partido tomar en un asunto de esta índole le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. Pero como éste apeló al juicio de Su Majestad imperial, yo ordené que lo dejaran bajo custodia hasta que lo enviara al Emperador».

Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

 El evangelio que ha comenzado en la oscuridad de unas provincias lejanas, va acercándose a Roma, capital del imperio: pero, por muy torcidos caminos, a través de un cautivo. En Cesárea, el gobernador, con la mente lógica de un funcionario oficial nos resume lo esencial del “expediente” de Pablo. Para él se trata de “un tal Jesús”. Hay escepticismo en esa formula voluntariamente vaga. En cambio para Pablo, ese Jesús es un “viviente”. Es su compañero de ruta, su razón de vivir. Pablo vive con ese “viviente”. ¿Qué es Jesús para mí? ¿Creo, en verdad, que esta vivo?

P. Juan R. Celeiro

SALMORESPONSORIAL 102, 1-2. 11-12. 19-20ab




R.    ¡EI Señor tiene su trono en el cielo!


Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.


Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados. R.


El Señor puso su trono en el cielo,
y su realeza gobierna el universo.
¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,
los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes! R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 21, 15-19




Después de la aparición a la orilla del lago, Jesús resucitado dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le respondió: «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos».
Le volvió a decir por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le respondió: «Sí, Señor, sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas».
Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: «Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero».
Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas.

Te aseguro
que cuando eras joven,
tú mismo te vestías
e ibas a donde querías.
Pero cuando seas viejo,
extenderás tus brazos,
y otro te atará
y te llevará a donde no quieras».
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: «Sígueme».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Lee de nuevo el Evangelio y sustituye el nombre de Pedro por el tuyo. Escucha a Jesús. Él conoce tus pecados y todas tus buenas intenciones. Te pregunta, te habla con cariño y espera tu respuesta.

            ¿Me amas más que éstos?

            ¿Me amas?

            ¿Me quieres?

            Apacienta mis corderos

            Otro te llevará a donde no quieras

            Sígueme.



            “Señor, tú lo sabes todo,

             sabes que te amo con todas las fuerzas de mi pobre corazón,

             sabes que soy capaz de jugarmela por ti ahora

             y gritar que no te conozco dentro de un rato.

             Así soy Señor: débil y fuerte a la vez.

             Así es mi corazón: valiente y cobarde a un tiempo.

             Mis días son cartas de amor y egoísmo barajadas.

             Sé que me quieres, Señor,

             y que nada ni nadie puede separar tu amor de mi pobreza.

             Te doy gracias porque cuentas conmigo Señor

             para cuidar a tus hijos, para mostrarles tu amor.

             Te seguiré, Señor, envíame,

             aunque me ciñan las incomprensiones

             y me conduzcan al dolor que menos quiero,

             Gracias, Señor, por poder vivir contigo esta historia de amor.”
            


San Marcelino Champagnat

Nació en 1789 cerca de Lyon, Francia. Su padre que llegó a ser alcalde del pueblo, por defender y favorecer la religión tuvo que sufrir mucho durante la revolución francesa.
La mamá era sumamente devota de la Virgen Santísima y le infundió una gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre de Dios.
Una tía muy piadosa le leía Vidas de Santos, y estas lecturas lo fueron entusiasmando por la vida de apostolado. La lectura de las Vidas de Santos entusiasma mucho por la virtud.
Creció sin asistir a la escuela, pero las lecturas caseras lo fueron formando en un fuerte amor por la religión.
Desde muy niño demostró mucha capacidad para aprender la albañilería, y la practicó en su niñez, y después este oficio le va a ser muy útil en sus fundaciones. También era ágil para el negocio. Compraba corderitos, los engordaba, y luego los vendía y así fue haciendo sus ahorros, con los cuales más tarde ayudará a costearse sus estudios.
Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón) se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio y fundó varios seminarios. Cerca del pueblo de Marcelino abrieron un seminario mayor y un sacerdote visitador llegó a la casa de los Champagnat a visitar a alguno de los jóvenes a ingresar en el nuevo seminario. A Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío decían que él no servía para los estudios sino para los oficios manuales. Sin embargo el joven insistió y le permitieron entrar en el seminario.
Como lo habían anunciado el papá y el tío, los estudios le resultaron sumamente difíciles y estuvo a punto de ser echado del seminario por sus bajas notas en los exámenes. Pero su buena conducta y el hacerse repetir las clases por unos buenos amigos, le permitieron poder seguir estudiando para el sacerdocio.
Marcelino ChampagnatEn el seminario tenía otro compañero que, como él, tenía menos memoria y menos aptitud para los estudios que los demás, pero los dos sobresalían en piedad y en buena conducta y esto les iba a ser inmensamente útil en la vida. El compañero se llamaba Juan María Vianey, que después fue el Santo Cura de Ars, famoso en todo el mundo.
Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12 compañeros hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa que propagara la devoción a la Sma. Virgen y fueron en peregrinación a un santuario mariano a encomendar esta gracia. Marcelino logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.
En 1816 fue ordenado sacerdote y lo nombraron como coadjuntor o vicario de un sacerdote anciano en un pueblecito donde los hombres pasaban sus ratos libres en las cantinas tomando licor, y la juventud en bailaderos nada santos, y la ignorancia religiosa era sumamente grande.
Marcelino se dedicó con toda su alma a tratar de acabar con las borracheras y los bailaderos y a procurar instruir a sus fieles lo mejor posible en la religión. Como tenía una especial cualidad para atraer a la juventud, pronto se vio rodeado de muchos jóvenes que deseaban ser instruidos en la religión. Y hasta tal punto les gustaba su clase de catequesis, que antes de que abrieran la iglesia a las seis de la mañana, ya estaban allí esperando en la puerta para entrar a escucharle.
Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó fundando una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y amable a la vez. Alto en su aspecto físico y gigante en la virtud. Le había consagrado su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar una congregación religiosa dedicada a enseñar catecismo a los niños y a propagar la devoción a Nuestra Señora. Eso sucedió en 1816, y una placa allá en dicho santuario recuerda este importante acontecimiento.
Lo que movió inmediatamente a Marcelino a fundar la Comunidad de Hermanos Maristas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel pobre muchacho ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar que en ese mismo estado debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el catecismo. Lo preparó a bien morir, y se propuso buscar compañeros que le ayudaran a instruir cristianamente a la juventud.
El 2 de enero de 1817 empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas en una casita que era una verdadera Cueva de Belén por su pobreza. Sus jóvenes compañeros se dedicaban a estudiar religión y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El santo los formaba rígidamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran verdaderamente apóstoles.
Pronto empezaron a llegar peticiones de maestros de religión para parroquias y más parroquias. Marcelino enviaba a los que ya tenía mejor preparados, y la casa se le volvía a llenar de aspirantes. Siempre tenía más peticiones de parroquias para enviarles hermanos catequistas, que jóvenes ya preparados para ser enviados. Y como su casa se llenó hasta el extremo, él mismo se dedicó ayudado por sus novicios, y aprovechando sus conocimientos de albañilería, a ensanchar el edificio.
Ante todo, las labores de sus religiosos estaban todas dirigidas a hacer conocer y amar más a Dios y a nuestra religión. El método empleado era el de la más exquisita caridad con todos. Marcelino no podía olvidar cómo una vez un profesor puso en público un sobrenombre humillante a un alumno y entonces los compañeros de ese pobre muchacho empezaron a humillarlo hasta desesperarlo. Por eso prohibió rotundamente todo trato humillante para con los alumnos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio mucha importancia al canto como medio de hacer más alegre y más eficaz la catequesis. Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos participan positivamente en las clases. Cada religioso debía dedicar una hora por día a prepararse en catequesis, y en pedagogía para saber enseñar lo mejor posible.
La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino era su gran devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: "Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús". Y les decía: "Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente hacia Jesucristo".
Marcelino murió muy joven, apenas de 51 años el 6 de junio de 1840. Los últimos años había sufrido de una gastritis aguda, y un cáncer al estómago le ocasionó la muerte. Al morir dejaba 40 casas de Hermanos Maristas. Ahora sus religiosos son más de 6,000 en 870 casas, en muy diversos países.
Marcelino Champagnat fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.

jueves, 5 de junio de 2014

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11




Queriendo saber con exactitud de qué acusaban los judíos a Pablo, el tribuno mandó quitarle las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos.
Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos».
Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosa.
Se produjo un griterío, y algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y protestaron enérgicamente: «Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre. ¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel... ?»
Como la disputa se hacía cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo, mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza.
A la noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: «Ánimo, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás que darlo en Roma».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

El Señor se le aparece a Pablo y le dice “¡animo!” El Apóstol debió tener sus horas de angustia, sus horas negras. Jesús siente la necesidad de ir a reconfortarlo, de levantarle la moral. El tema de la aflicción no era un tema intelectual, era una experiencia de vida. Su “valentía”, su “fe” que nos parecen tan extraordinarias provenían de su contacto cotidiano con Jesús. Jesús está con él. No hay nada que temer. Hay que dejarse conducir.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 15, 1- 2a. 5. 7-11




R.    ¡Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti!


Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, Tú eres mi bien».
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡Tú decides mi suerte! R.


Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.


Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.


Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 20-26




A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
Padre santo, no ruego solamente por ellos,
sino también por los que, gracias a su palabra,
creerán en mí.
Que todos sean uno:
como Tú, Padre, estás en mí
y Yo en ti,
que también ellos sean uno en nosotros,
para que el mundo crea
que Tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria
que Tú me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno
-Yo en ellos y Tú en mí-
para que sean perfectamente uno
y el mundo conozca
que Tú me has enviado,
y que los has amado a ellos
como me amaste a mí.

Padre, quiero que los que Tú me diste
estén conmigo donde Yo esté,
para que contemplen la gloria que me has dado,
porque ya me amabas
antes de la creación del mundo.
Padre justo,
el mundo no te ha conocido,
pero Yo te conocí,
y ellos reconocieron
que Tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre,
y se lo seguiré dando a conocer,
para que el amor con que Tú me amaste
esté en ellos,
y Yo también esté en ellos.

Palabra del Señor.




¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



La oración de Jesús es la de un enamorado. Sus palabras hablan de nosotros con delicadeza y ternura. Lee despacio este Evangelio y siente la caricia de Jesús, que sigue rezando al Padre por ti, por todos los creyentes.

            “Señor, gracias por poder sentir la caricia de tu amor”

            “Perdona nuestras palabras agresivas, amenazantes”



Jesús reza por los suyos. Su oración es el reflejo de su vida entregada a los demás. Un hombre que lo da todo, reza por todos. Sin embargo nuestra oración a veces es tan corta como nuestra entrega, tan centrada en nuestros problemas y alegrías, tan egoísta...

            “Señor, convierte nuestra vida y nuestra oración al amor”

            “Perdona y cura nuestra mirada corta, nuestra plegaria egoísta”

Pide al Señor por las personas que quieres, por todos los hombres y mujeres del mundo.



Jesús pide por la unidad, pide insistentemente. Sabe que nos cuesta tan poco creernos los mejores, cerrarnos en nuestro grupitos, alejarnos de la comunidad, de la Iglesia.
Pide perdón de los pecados contra la unidad y únete a la oración de Jesús por la unidad.

San Bonifacio Apóstol de Alemania


San BonifacioBonifacio nació hacia el año 680, en el territorio de Wessex (Inglaterra). Su verdadero nombre era Winfrido. Ordenado sacerdote, en el año 716 con dos compañeros se encaminó a Turingia; pero aún no era la hora de su apostolado. Regresó a su monasterio y en el año 718 viajó a Roma para solicitar del papa Gregorio II autorización de misionar en el continente. El Sumo Pontífice lo escuchó complacido y, en el momento de otorgarle la bendición, le dijo: "Soldado de Cristo, te llamarás Bonifacio". Este nombre significa "bienhechor".
En 719 se dirigió a Frislandia. Allí estuvo tres años; luego se marchó a Hesse, convirtiendo a gran número de bárbaros. En Amoneburg, a orillas del río Olm, fundó el primer monasterio. Regresó a Roma, donde el papa lo ordenó obispo.
Poco después, en el territorio de Hesse, fundaba el convento de Fritzlar. En el año 725 volvió a dirigirse a Turingia y, continuando su obra misionera, fundó el monasterio  de Ordruf. Presidió un concilio donde se encontraba Carlomán, hijo de Carlos Martel y tío de Carlomagno, quien lo apoyó en su empresa. En el año 737, otra vez en Roma, el papa lo elevó a la dignidad de arzobispo de Maguncia. Prosiguió su misión evangelizadora y se unieron a él gran cantidad de colaboradores. También llegaron desde Inglaterra mujeres para contribuir a la conversión del país alemán, emparentado racialmente con el suyo. Entre éstas se destacaron santa Tecla, santa Walburga y una prima de Bonifacio, santa Lioba. Este es el origen de los conventos de mujeres. Prosiguió fundando monasterios y celebrando sínodos, tanto en Alemania como en Francia, a consecuencia  de lo cual ambas quedaron íntimamente unidas a Roma.
El anciano predicador había llegado a los ochenta años. Deseaba regresar a Frisia (la actual Holanda). Tenía noticias de que los convertidos habían apostatado. Cincuenta y dos compañeros fueron con él. Atravesaron muchos canales, hasta penetrar en el corazón del territorio. Al desembarcar cerca de Dochum, miles de habitantes de Frisia fueron bautizados. El día de pentecostés debían recibir el sacramento de la confirmación.
Bonifacio se encontraba leyendo, cuando escuchó el rumor de gente que se acercaba. Salió de su tienda creyendo que serían los recién convertidos, pero lo que vio fue una turba armada con evidente determinación de matarlo. Los misioneros fueron atacados con lanzas y espadas. "Dios salvará nuestras almas", grito Bonifacio. Uno de los malhechores se arrojó sobre el anciano arzobispo, quien levantó maquinalmente el libro del evangelio que llevaba en la mano, para protegerse. La espada partió el libro y la cabeza del misionero. Era el 5 de junio del año 754.
El sepulcro de san Bonifacio se halla en Fulda, en el monasterio que él fundó. Se lo representa con un hacha y una encina derribada a sus pies, en recuerdo del árbol que los gentiles adoraban como sagrado y que Bonifacio abatió en Hesse. Es el apóstol de  Alemania y el patriarca de los católicos de ese país.

miércoles, 4 de junio de 2014

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 20, 28-38




Pablo decía a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso:
«Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que Él adquirió al precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas.
Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados.
En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie. Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros. De todas las maneras posibles, les he mostrado que asÍ, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: "La felicidad está más en dar que en recibir"».
Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos. Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente, apenados sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.

Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos

Antes de morir, Jesús había confiado el rebaño a Pedro y los 12 se habían organizado para dar testimonio. Habían completado su número y se habían liberado para la oración y el servicio de la Palabra. Pablo va a desaparecer a su vez, y van acumulándose nubes sobre la Iglesia. Falsos apóstoles se han infiltrado como lobos entre los cristianos; la herejía se ha apoderado ya del mensaje para transformarlo. Sin embargo hay hombres que prosiguen la obra comenzada, pastores que actúan bajo la acción del Espíritu. Pablo que ha llevado la preocupación de todas las Iglesias, les confía la Iglesia que Cristo ha adquirido con su propia sangre.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 67, 29-30. 33-36c




R.   ¡Pueblos de la tierra, canten al Señor!


Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, Tú que has actuado por nosotros!
A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo. R.


¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor, al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo! R.


Él hace oír su voz poderosa,
¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 6a. 11 b-19




A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
Padre santo, manifesté tu Nombre
a los que separaste del mundo para confiármelos.
Cuídalos en tu Nombre que me diste
para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos,
Yo los cuidaba en tu Nombre que me diste;
los protegía
y no se perdió ninguno de ellos,
excepto el que debía perderse,
para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora vaya ti,
y digo esto estando en el mundo,
para que mi gozo sea el de ellos
y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra,
y el mundo los odió
porque ellos no son del mundo,
como tampoco Yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo,
sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo,
como tampoco Yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad:
tu palabra es verdad.
Así como Tú me enviaste al mundo,
Yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro,
para que también ellos
sean consagrados en la verdad.

Palabra del Señor.




¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Jesús pide al padre para nosotros el don de la unidad. Cuando estamos unidos, nuestra debilidad se fortalece, anunciamos sin palabras el Reino de Dios, Reino de paz, de fraternidad, de comunión...

Nos unimos a la oración de Jesús pidiendo la unidad para nuestras familias, para nuestros grupos, movimientos y comunidades, para nuestras parroquias y diócesis, para la Iglesia entera, para el mundo.



No es fácil la misión que nos ha dejado Jesús. Es difícil estar en el mundo sin ser del mundo:

-          Es difícil vivir en una sociedad consumista y compartir el tiempo, el saber, el dinero.

-          Cuesta mucho devolver bien por mal en un mundo tan violento.

-          Es casi heróico vivir el amor limpiamente en medio de un ambiente plagado de estímulos eróticos.

-          Cuando ha crecido tanto el individualismo a nuestro alrededor, resulta difícil dar la cara por los demás.

-          En un mundo lleno de ruido, de prisa, de incomunicación, cuesta hacer hueco al silencio, al sosiego, a la oración.

¿Cómo vives estar en el mundo sin ser del mundo? Cuéntaselo a Dios. Pídele fuerza para ser fiel, para que seamos fieles.





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