sábado, 5 de julio de 2014

Lectura de la profecía de Amós 9, 11-15


 Así habla el Señor:
Aquel día, Yo levantaré la choza derruida de David,
repararé sus brechas, restauraré sus ruinas,
y la reconstruiré como en los tiempos pasados,
para que ellos tomen posesión
del resto de Edóm y de todas las naciones
que han sido llamadas con mi Nombre
-oráculo del Señor que cumplirá todo esto-.

Llegan los días -oráculo del Señor-
en que el labrador seguirá de cerca al que siega,
y el que vendimia al que siembra.
Las montañas harán correr el vino nuevo
y destilarán todas las colinas.

Yo cambiaré la suerte de mi pueblo Israel;
ellos reconstruirán las ciudades desvastadas y las habitarán,
plantarán viñedos y beberán su vino,
cultivarán huertas y comerán sus frutos.
Los plantaré en su propio suelo,
y nunca más serán arrancados
del suelo que Yo les di,
dice el Señor, tu Dios.

Palabra de Dios.

Reflexionamos juntos
El profeta escribe en el momento en que Alejandro Magno se hace dueño del mundo tras cuatro años de brillantes victorias. ¿Podría ser el Mesías? El profeta deshace ese error. El Mesías vendrá manso y pacifico, montado sobre un asno (animal de trabajo) y no sobre un caballo (animal guerrero). Esta imagen del rey pacifico tuvo su expresión literal en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Dios triunfa en la sencillez.
P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 84, 9. 11-14



R.    El Señor promete la paz para su pueblo.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
El Señor promete la paz,
la paz para su pueblo y sus amigos,
y para los que se convierten de corazón. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La justicia irá delante de Él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 14-17


Se acercaron los discípulos de Juan Bautista y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!»

Palabra del Señor.

¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?
Los discípulos de Jesús no ayunaban como los de Juan y los de los fariseos. ¡Cuánto cuesta abrirse a la novedad! Somos "animales de costumbres", en una sociedad que cambia mucho por fuera y poco por dentro. Dios nos invita a vivir la novedad de cada día, de cada momento, de cada persona, de cada experiencia...
     "Señor, no nos dejes ser esclavos de la rutina"
     "Ayúdanos a descubrir tu presencia en la vida de cada día"

Jesús es el vino nuevo de Dios. Y necesita odres nuevos, corazones nuevos, vidas nuevas. Es un vino que transforma la cabeza, el corazón, la mirada, la voluntad, el comportamiento... ¿Quiero dejarme cambiar por Jesús? ¿tengo confianza en él? ¿o prefiero seguir con la rutina, los agobios y la insatisfacción de cada día?
     "Yo quiero ser, Señor, como el barro en manos del alfarero"
     "Toma mi vida, haz de nuevo"
     "Perdona y cura mi falta de confianza en ti" 
     "Señor, ¿qué caminos nuevos abres para mi?

San Antonio María Zaccaria

En este sacerdote que murió muy joven, sí que se cumplió aquella frase del Libro de la Sabiduría en la S. Biblia "Vivió muy poco tiempo, pero hizo obras como si hubiera tenido una vida muy larga".
Nació en Cremona, Italia, en 1502. Quedó huérfano de padre cuando tenia muy pocos años. Su madre, viuda a los 18 años, renunció a nuevos matrimonios que se le ofrecían con tal de dedicarse totalmente a la educación de su hijita y los resultados que obtuvo fueron admirables.
Estudió medicina en la Universidad de Padua, y allí supo cuidarse muy bien para huir de las juergas universitarias y así conservar la santa virtud de la castidad. Desde joven renunció a los vestidos elegantes y costosos, y vistió siempre como la gente pobre, y el dinero que ahorraba con esto, lo repartía entre los más necesitados.
A los 22 años se graduó de médico y su gran deseo era dedicarse totalmente a atender a las gentes más pobres, la mayor parte de las veces gratuitamente, y aprovechar su profesión para ayudarles también a sus pacientes a salvar el alma y ganarse el cielo. Pero unos años después, sus directores espirituales le aconsejaron que hiciera también los estudios sacerdotales, y así logró ordenarse de sacerdote. Así fue doblemente médico: de los cuerpos y de las almas.
Antonio María tuvo siempre desde muy pequeño un inmenso amor por los pobres. Ya en la escuela, volvía a veces a casa sin saco, porque lo había regalado a algún pobrecito que había encontrado por ahí tiritando de frío. Durante sus años de profesional y sacerdote, todo lo que consigue lo reparte entre los más necesitados.
Se trasladó a Milán (la ciudad de mayor número de habitantes en Italia) porque en esa gran ciudad tenía más posibilidades de extender su apostolado a muchas gentes. Y allí, por medio de la hermana Luisa Torelli fundó la comunidad de las hermanas llamadas "Angelicales" (nombre que les pusieron porque su convento se llamaba de "Los Santos Angeles"). El fin de esta comunidad era preservar a las jovencitas que estaban en peligro de caer en vicios, y redimir y volver al buen camino a las que ya habían caído. Estas hermanas le ayudaron muchísimo a nuestro santo en todos sus apostolados.
Luego con otros compañeros fundó la Comunidad llamada "Clérigos de San Pablo" los cuales, por vivir en un convento llamado de San Bernabé, fueron llamados por la gente "Los Padres Bernabitas". Esta congregación tenía por fin predicar para convertir a los pecadores, extender por todas partes la devoción a la Pasión y muerte de Cristo, y a su santa Cruz. Y esforzarse lo más posible por tratar de obtener la renovación de la vida espiritual y piadosa entre el pueblo, que estaba muy decaida y relajada. Estos religiosos hicieron tanto bien en la ciudad y sus alrededores que unos años mas tarde, San Carlos, gran arzobispo de Milán, dirá de ellos: "Son la ayuda más formidable que he encontrado en mi arquidiócesis".
San Antonio María sentía un gran cariño por la Sagrada Eucaristía, donde está Cristo presente en la Santa Hostia, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. Por eso propagó por todas partes la devoción de las Cuarenta Horas, que consiste en dedicar tres días cada año, en cada templo, a honrar solemnemente a la Sma. Eucaristía con rezos, cantos y otros actos solemnes de culto.
Otra de sus grandes devociones era la pasión y muerte de Cristo. Cada viernes, a las tres de la tarde hacía sonar las campanas, para recordar a la gente que a esa hora había muerto Nuestro Señor. Siempre llevaba una imagen de Jesús crucificado, y se esmeraba por hacer que sus oyentes meditaran en los sufrimientos de Jesús en su Pasión y Muerte, porque esto aumenta mucho el amor hacia el Redentor. Y una tercera devoción que lo acompaño en sus años de sacerdocio fue un enorme entusiasmo por las Cartas de San Pablo. Su lectura lo emocionaba hasta el extremo, y de ellas predicaba, y a sus discípulos les insistía en que leyeran tan preciosas cartas frecuentemente, y que meditaran en sus importantísimas enseñanzas. A él le sucedió lo que le ha pasado a miles y millones de creyentes en el mundo entero, que al leer las Cartas de San Pablo han descubierto en ellas unos mensajes celestiales tan interesantes que quedan entusiasmados para siempre por su lectura y meditación.
A nuestro santo le correspondió vivir en los tiempos difíciles en los que en Alemania el falso reformador Lutero proclamaba una falsa reforma en la religión, y en Roma y España, San Ignacio y sus jesuitas empezaban a trabajar por conseguir una verdadera reforma de la Iglesia, y muchísimos católicos sentían un intenso deseo de que empezara una era de mayor fervor y menos frialdad y maldad. San Antonio María fue uno de los que con su enorme apostolado preparó la gran Reforma de la Iglesia Católica que iba a traer el Concilio de Trento.
Siendo aún muy joven, sintió que de tanto trabajar por el apostolado, le faltaban las fuerzas. Se fue a casa de su santa madre, y en sus brazos murió el 5 de julio de 1539. Tenía apenas 37 años, pero había hecho labores apostólicas como si hubiera trabajado por tres docenas de años más. El Papa León XIII lo declaró santo en 1897. Y nosotros le pedimos a San Antonio Zaccaría, que pida mucho al buen Dios para que la Iglesia Católica se renueve día por día y no vaya a caer nunca en la relajación y que no se enfríe nunca en el santo fervor que Nuestro Señor quiere de cada uno de los creyentes.


viernes, 4 de julio de 2014

Acompañamos en sentimiento a los seres queridos de Nora Feu que falleció en el día de hoy.
Sus restos serán velados en la casa velatoria La Paz ubicada en Máximo Paz y Avenida San Martin a partir de las 17 hs.
Señor dale el descanso eterno y que brille para ella la luz que no tiene fin. Amén.

Lectura de la profecía de Amós 8, 4-6. 9-12




Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente
para hacer desaparecer a los pobres del país.
Ustedes dicen: «¿Cuándo pasará el novilunio
para que podamos vender el grano,
y el sábado, para dar salida al trigo?
Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio,
falsearemos las balanzas para defraudar;
compraremos a los débiles con dinero
y al indigente por un par de sandalias,
y venderemos hasta los desechos del trigo».

Aquel día -oráculo del Señor-
Yo haré que el sol se ponga al mediodía,
y en pleno día cubriré la tierra de tinieblas;
cambiaré sus fiestas en duelo
y todos sus cantos en lamentaciones;
haré que todos se ciñan un sayal
y que se rapen todas las cabezas;
haré que estén de duelo como por un hijo único,
y su final será como un día de amargura.

Vendrán días -oráculo del Señor-
en que enviaré hambre sobre el país,
no hambre de pan, ni sed de agua,
sino de escuchar la palabra del Señor.
Se arrastrarán de un mar a otro
e irán errantes del norte al este, buscando la palabra del Señor,
pero no la encontrarán.

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

El “día de Dios”, es el día en que será castigada toda injusticia. La explotación de los pobres tendrá un fin. El “día del Señor va acompañado de signos cósmicos, imágenes que se encontraran en todos los apocalipsis. Ese día las ilusiones de los ricos se esfumaran, como el humo. ¿No hay ya, una especie de maldición que como gangrena ataca a los países mas avanzados? La droga, la contaminación, la criminalidad, la anestesia de las conciencias. La injusticia lleva en si misma su propio castigo. Señor, ten piedad de nosotros. Sana nuestras sociedades. Haznos lucidos para que sepamos ver el mal que corroe a la humanidad.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 118, 2. 10. 20. 30. 40. 131




R.    ¡Yo te busco de todo corazón, Señor! 
 

Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón.
Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos. R. 


Mi alma se consume,
deseando siempre tus decisiones.
Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí. R. 


Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.
Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 9-13





Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: "Yo quiero misericordia y no sacrificios". Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Dicen los refranes: “El que va con un rengo, renguea” y “Dime con quien vas y te diré quien eres”. Detrás de estas expresiones hay mucha verdad, pero también se esconde mucha injusticia: el que va con un rengo, puede ayudarle a caminar mejor, el que está con “mala gente” puede animarles a cambiar de vida... En Jesús encontramos el ejemplo más claro. Se acerca a los pecadores, no por ser pecador, sino para ayudarles a salir del pecado, para que sean más felices.

            “Señor, gracias por acercarte a mí, pobre pecador”

            “Perdona mis juicios apresurados e injustos”



Jesús se acercó a los pecadores, a los más pecadores. Y nosotros, como cristianos, tenemos que seguir su ejemplo. Pero no podemos ser ingenuos; hay peligros, muchos peligros. ¡Cuantas personas han entrado de buena fe en ambientes difíciles y, además de no cambiar nada, han cambiado ellos a peor. Necesitamos conocer los peligros, no para encerrarnos entre los que se consideran buenos, sino para cumplir la misión de Jesús con las debidas ayudas: el apoyo de un grupo, el acompañamiento de un sacerdote o de una persona de confianza...

¿Cómo lo vives? ¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?





Carlos Lwanga y Compañeros


La sociedad de los Misioneros de Africa, conocida como los Padres Blancos, formaron parte de la evangelización de Africa en el siglo XIX. Después de seis años en Uganda ya tenían una comunidad de conversos cuya fe sería un testimonio para toda la Iglesia. Los primeros conversos se dieron a la misión de instruir y guiar a los mas nuevos y la comunidad creció rápidamente. La vida ejemplar de los cristianos inicialmente ganó el favor del rey Mtesa pero mas tarde este comprendió que los cristianos no favorecían su negocio de venta de esclavos.
Mwanga sucedió a su padre en el trono. Al principio la situación de los cristianos mejoró y varios tuvieron posiciones importantes en su corte. Pero el rey, influenciado por el Islam, cayó en la tendencia homosexual. La situación de los cristianos, por no ceder a sus demandas, se hizo muy difícil.
El lider de la comunidad católica, que para entonces tenía unos 200 miembros, era  un joven de 25 años llamado José Mkasa (Mukasa) que ejercía como principal mayordomo de la corte de Mwanga.  Cuando Mwanga asesinó a un misionero protestante y a sus compañeros, José Mkasa confrontó al rey por su crimen. El rey Mwanga había sido amigo de José por mucho tiempo, pero cuando este exhortó a Mwanga a renunciar al mal, la reacción fue violenta. El rey mandó a que mataran a José. Cuando los verdugos trataron de amarrar las manos de José, el les dijo: "Un Cristiano que entrega su vida por Dios no tiene miedo de morir". Perdonó a Mwanga con todo su corazón e hizo una petición final por su arrepentimiento antes de que le cortaran la cabeza y lo quemaran el 15 de Noviembre de 1885.

Carlos Lwanga, el favorito del rey, remplazó a José en la instrucción y liderato de la la comunidad cristiana en la corte. También el hizo lo posible por evangelizar y proteger a los varones de los deseos lujuriosos del rey. Las oraciones de José lograron que la persecución del rey amainara por seis meses. Pero en mayo del 1886 el rey llamó a uno de sus pajes llamado Mwafu y le preguntó porque estaba distante del rey. Cuando el paje respondió que había estado recibiendo instrucción religiosa de Daniel Sebuggwawo, el rey se montó en ira. Llamó a Daniel y lo mató el mismo atravesándole el cuello con una lanza. 

Entonces ordenó que el complejo real sea sellado para que nadie pueda escapar y llamó a sus verdugos. Comprendiendo lo que venía, Carlos Lwanga bautizó a cuatro catecúmenos esa noche, incluyendo a un joven de 13 años llamado Kizito. En la mañana, Mwanga reunió a toda su corte y separó a los cristianos del resto diciendo: "Aquellos que no rezan párense junto a mí, los que rezan párense allá"  El preguntó a los 15 niños y jóvenes, todos menores de 25 años, si eran cristianos y tenían la intención de seguir siendo cristianos. Ellos respondieron "SI" con fuerza y valentía. Mwanga los condenó a muerte.

EL rey mandó que al grupo lo llevasen a matar a Namugongo, lo cual representa una caminata de 37 millas. Uno de los jóvenes llamado Mabaga era hijo del jefe de los verdugos. Este le rogó que escapara y se escondiera pero Mbaga no quiso. Los prisioneros atados pasaron la casa de los Padres Blancos en su camino. El Padre Lourdel mas tarde relató sobre el jóven Kizito de 13 años, que sonreía y animaba al resto. Invitó a todos a cogerse de manos, para así ir unidos y ayudarse a mantener el ánimo. Lourdel estaba asombrado del valor y el gozo de estos nuevos cristianos camino al martirio. Tres de ellos fueron martirizados en el camino. 

Un soldado cristiano llamado Santiago Buzabaliawo fue llevado ante el rey. Cuando Mwanga ordenó que lo matasen junto a los otros, Santiago dijo: "Entonces, adiós. Voy al cielo y rezaré a Dios por ti". Cuando el Padre Lourdel, lleno de dolor, levantó su brazo para absolver a Santiago que pasaba ante el, Santiago levantó sus propias manos atadas y apuntó hacia arriba para manifestar que el sabía que iba al cielo y se encontraría allí con el Padre Lourdel. Con una sonrisa le dijo al P. Lourdel, "¿Por qué estas triste? Esto no es nada ante los gozos que tu nos has enseñado a esperar".

Entre los condenados también estaba Andrés Kagwa, un jefe Kigowa que había convertido a su esposa y a varios otros, y Matías Murumba (o Kalemba) un auxiliar de juez. El mayor consejero estaba tan furioso contra Andrés que dijo que no comería hasta que Andrés estuviese muerto. Cuando los verdugos titubearon, Andrés les dijo: "No mantengan a vuestro consejero hambriento, mátenme". El mismo consejero dijo en tono cínico refiriéndose a Matías: "Sin duda su dios los rescatará" . "Si," contestó Matías, "Dios me rescatará pero tu no verás como lo hace porque tomará mi alma y te dejará solo mi cuerpo". A Matías lo hirieron mortalmente en el camino y lo dejaron allí para morir lo cual tomo por lo menos tres días.

Cuando la caravana de reos y verdugos llegó a Namugongo, los sobrevivientes fueron encerrados por siente días. El 3 de junio los sacaron, los envolvieron en esteras de cañas y los pusieron en una pira. Mbaga fue martirizado el primero. Su padre, el jefe de los verdugos, había tratado en vano una última vez de convencerlo a desistir de su fe. Le dieron entonces un golpe en la cabeza para que no sufriera al ser quemado su cuerpo. El resto de los cristianos fueron quemados. Carlos Lwanga tenía 21 años. Uno de los pajes, Mukasa Kiriwanu no había sido aun bautizado pero se unió a sus compañeros cuando se les preguntó si eran cristianos. Recibió aquel día el bautismo de sangre. Murieron 13 católicos y 11 protestantes proclamando el nombre de Jesús y diciendo "Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas".
No sabemos cuantos mártires produjo aquella persecución. Solo queda constancia de los que ocupaban un lugar en la corte o tenían puestos de alguna importancia.

Cuando los Padres Blancos fueron echados del país, los nuevos cristianos continuaron la obra misionera, traduciendo e imprimiendo el catecismo a su lengua nativa e instruyendo en la fe en secreto. No tenían sacerdotes pero Dios les infundió a aquellos cristianos de Uganda la gracia para vencer con gran valor a las difíciles circunstancias. Cuando los Padres Blanco volvieron después de la muerte del rey Mwanga, encontraron 500 cristianos y 1000 catecúmenos esperándolos.
Los mártires de Uganda fueron canonizados por el Papa Benito XV el 6 de junio de 1920.
Benedicto XV escribió para la beatificación de los siervos de Dios Carlos Lwanga, Mattías Murumba y sus compañeros, conocidos con el nombre de los Mártires de Uganda:
"Quién fue el que primero introdujo en Africa la fe cristiana se disputa aún; pero consta que ya antes de la misma edad apostólica floreció allí la religión, y Tertuliano nos describe de tal manera la vida pura que los cristianos africanos llevaban, que conmueve el ánimo de sus lectores. Y en verdad que aquella región a ninguna parecía ceder en varones ilustres y en abundancia de mártires. Entre éstos agrada conmemorar los mártires scilitanos, que en Cartago, siendo procónsul Publio Vigellio Saturnino, derramaron su sangre por Cristo, de las preguntas escritas para el juicio, que hoy felizmente se conservan, se deduce con qué constancia, con qué generosa sencillez de ánimo respondieron al procónsul y profesaron su fe. Justo es también recordar los Potamios, Perpetuas, Felicidades, Ciprianos y "muchos hermanos mártires" que las Actas enumeran de manera general, aparte de los mártires aticenses, conocidos también con el nombre de "masas cándidas", o porque fueron quemados con cal viva, como narra Aurelio Prudencio en su himno XIII, o por el fulgor de su causa, como parece opinar Agustín. Pero poco después, primero los herejes, después los vándalos, por último los mahometanos, de tal manera devastaron y asolaron el África cristiana que la que tantos ínclitos héroes ofreciera a Cristo, la que se gloriaba de más de trescientas sedes episcopales y había congregado tantos concilios para defender la fe y la disciplina, ella, perdido el sentido cristiano, se viera privada gradualmente de casi toda su humanidad y volviera a la barbarie."

jueves, 3 de julio de 2014

Mons. Frassia: “Debemos salir de nuestro mundito, reaccionar y comprometernos”


Miercoles 2 Jul 2014 | 08:15 am
Valentín Alsina (Buenos Aires) (AICA): El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia, presidió las fiestas patronales en honor de San Juan Bautista, en Valentín Alsina, y advirtió que “una cosa que nos está pasando mucho es que nos quedamos encerrados en nuestras cosas, en nuestro ‘mundito’ y cuando esto pasa el aire se envicia; hay que abrir ventanas, abrir puertas y salir”. “¡Por favor, despertémonos! ¡Por favor, reaccionemos!”, reclamó, al tiempo que pidió que “la misión no se apague porque los demás no te la reconozcan. La misión tiene que seguir viviéndosela, haciéndosela. La fidelidad, la bondad, el trabajo, el sacrificio, el respeto, la decencia, el cuidado, la educación, ¡esos son los valores que tenemos que acuñar, trabajar, desarrollar, cultivar!”
 
El obispo de Avellaneda-Lanús, monseñor Rubén Frassia, presidió las fiestas patronales en honor de San Juan Bautista, en la parroquia de la localidad bonaerense de Valentín Alsina que lleva el nombre del santo, donde advirtió que “una cosa que nos está pasando mucho -a los argentinos y también en la Iglesia- es que nos quedamos encerrados en nuestras cosas, en nuestro ‘mundito’ y cuando esto pasa el aire se envicia; hay que abrir ventanas, abrir puertas y salir”.

“También hay otra cosa seria: como son tantos los problemas que tenemos, económicos, de salud, la violencia que hay, la inseguridad -te roban en cualquier lado y por dos pesos son capaces de matarte-, por la violencia que viene de arriba y de abajo, de un costado y del otro, las medias verdades y medias mentiras, que todo se dice y muchas veces no se reconocen las cosas, que todo el mundo opina de todo como si de todo supieran, pero no saben y opinan igual porque la cuestión es hablar y hablar, así los periodistas hablan, la gente habla, todo el mundo habla; pero esto es entrar en una situación de superficialidad”, precisó.

El prelado afirmó, sin embargo, que “hay algo peor todavía, y nosotros no somos así, la indiferencia, ‘no hay que meterse’, ‘no hay que complicarse la vida’, ‘no hay que pensar porque te complicas la vida’, ‘no te metas porque vas a salir mal’, ‘no te preocupes de los demás porque te vas a complicar la vida’, de esta forma nos vamos aislando, aislando. Así se nos quita el entusiasmo, la fuerza de vivir, la voluntad de servir”, y aclaró que “digo voluntad y no ganas porque muchas veces no tenemos ganas, pero nosotros no nos movemos por las ‘ganas’, nos movemos por la voluntad de servir, la voluntad del amor; servir, hacer el bien, crear conciencia de las cosas. Porque a veces nos burlamos de los demás, del bien común, de los otros, de todos. Así nos vamos como mordiendo y achicando; cosa que nos hace mucho mal”.

“¡Por favor, despertémonos! ¡Por favor, reaccionemos! No tengamos una actitud de resignación, porque si nos resignamos vamos a vivir como derrotados y no hay que vivir como derrotados. ¡Tenemos a Dios, a Cristo, al Espíritu Santo! ¡Tenemos a la Virgen! ¡Tenemos la historia de tantos mártires que dieron la vida por el Señor! Tenemos el ejemplo de San Juan el Bautista que no se calló y que le cortaron la cabeza por vivir y decir la verdad. Esa es nuestra misión”, sostuvo.

El obispo pidió que “la misión no se apague porque los demás no te la reconozcan. La misión tiene que seguir viviéndosela, haciéndosela. La fidelidad, la bondad, el trabajo, el sacrificio, el respeto, la decencia, el cuidado, la educación, ¡esos son los valores que tenemos que acuñar, trabajar, desarrollar, cultivar! Son muy importantes porque están en nosotros”.

Por último, monseñor Frassia exhortó a seguir “el ejemplo de Juan el Bautista, que escuchó bien y respondió bien. Escuchemos bien y respondamos bien, independientemente de los resultados. Uno no hace las cosas para que lo aplaudan, o para sentirse bien. ¡Uno hace las cosas para hacer el bien! Eso es mejor; no lo hago para sentirme bien; lo hago porque debo hacer el bien; porque yo hombre, mujer, niño, adulto, anciano, tengo una misión y la quiero cumplir al final de mi vida. Se los deseo y me lo deseo de corazón”.+ 

Oración a la Santa Familia


Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

Homilía de la Misa en Santa Marta Martes, 24 de junio de 2014

“Las tres vocaciones del Bautista: preparar, discernir, disminuir”

Preparar la venida del Señor, discernir quien es el Señor, disminuir para que el Señor crezca. En estos tres verbos podemos ver tres vocaciones de Juan el Bautista, modelo siempre actual para un cristiano.
Juan preparaba el camino a Jesús sin quedarse con nada. Era un hombre importante: la gente lo buscaba, lo seguía porque las palabras de Juan eran fuertes. Sus palabras llegaban al corazón. Tal vez sintiera la tentación de creer que era importante, pero no cayó. De hecho, cuando se le acercaron los doctores de la ley a preguntarle si era el Mesías, Juan respondió: Soy solo voz. He venido a preparar el camino al Señor. Esta es la primera vocación del Bautista: preparar al pueblo, el corazón del pueblo, para el encuentro con el Señor.
Pero ¿quién es el Señor? Y esta es la segunda vocación de Juan: discernir, entre tanta gente buena, quien era el Señor. El Espíritu Santo se lo reveló, y él tuvo la valentía de decir: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Los discípulos miraron a ese hombre que pasaba y lo dejaron ir. Pero el día siguiente pasó lo mismo: Ese es y es más digno que yo. Entonces los discípulos se fueron tras Él. En la preparación, Juan decía: Después de mí… En el discernimiento, señala al Señor y dice: Delante de mí…
La tercera vocación de Juan es disminuir. Desde aquel momento, su vida comenzó a abajarse, a disminuir para que creciera el Señor, hasta anonadarse. Conviene que Él crezca y que yo disminuya: detrás de mí, delante de mí, lejos de mí. Esta fue la etapa más difícil de Juan, porque el Señor tenía un estilo que no se había imaginado, hasta el punto de que, en la cárcel –porque estaba en la cárcel, en ese momento– sufrió no solo la oscuridad de la celda, sino también la oscuridad en su corazón: ¿Será éste? ¿No me habré equivocado? Porque el Mesías tiene un estilo tan... No se entiende… Y, como era un hombre de Dios, pide a sus discípulos que vayan a Él a preguntarle: ¿Eres Tú, o debemos esperar a otro? La humillación de Juan es doble: la humillación de su muerte, como precio de un capricho, y la humillación de la oscuridad del alma. Juan, que supo esperar a Jesús, que supo discernir, ahora ve a Jesús de lejos. La promesa se ha alejado. Y acaba solo, en la oscuridad, en la humillación. Se queda solo porque se anonadó mucho para que el Señor creciese. Juan ve al Señor que está lejos, y él humillado, pero con el corazón en paz.
Tres vocaciones en un hombre: preparar, discernir, dejar crecer al Señor y disminuir uno mismo. Es bueno pensar en la vocación del cristiano así. Un cristiano no se anuncia a sí mismo, anuncia a otro, prepara el camino a otro: al Señor. Un cristiano tiene que saber discernir, debe conocer cómo discernir la verdad de lo que parece verdad pero no lo es: hombre de discernimiento. Y un cristiano tiene que ser un hombre que sepa abajarse para que el Señor crezca, en el corazón y en el alma de los demás.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso 2, 19-22


Hermanos:

Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo.
En Él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.

Palabra de Dios. 



Reflexionamos juntos

Cuantas imágenes podemos usar para definir la Iglesia: Pueblo de Dios, Cuerpo místico de Cristo, Rebaño del cual el Señor es el Pastor, Viña elegida y cultivada, etc. Hoy en la fiesta del apóstol  Santo Tomas, S. Pablo nos muestra la imagen de edificio, cuyos cimientos son los apóstoles y del cual cada uno de nosotros como piedras vivas formamos parte. ¿Colaboro a formar ese templo santo en el Señor? ¿Me dejo edificar para ser esa morada de Dios en el Espíritu?

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 116, 1.2




R.    Id por todo el mundo, anunciad el Evangelio.

Alabad al Señor, todas las naciones,
glorificadlo, todos los pueblos. R.

Es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 24-29





Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»
Él les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».
Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
«Ahora crees, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!»

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Las dificultades de Santo Tomás para creer por un lado nos sorprenden y por otro nos animan. Nos sorprenden: parece increíble que estuviera tan cerrado después de haber visto a Jesús, después de escuchar de sus labios que lo matarían y que a los tres días resucitaría. Pero sobre todo nos animan: ¿Quién no ha dudado alguna vez?

            “Señor, gracias por aceptar con paciencia nuestras dudas”

            “Perdona y cura nuestra falta de fe”



Sin embargo, lo más importante de Santo Tomás no son sus dificultades para creer, sino su confesión de fe: ¡Señor mío y Dios mío! También nosotros estamos llamados a experimentar la presencia de Jesús resucitado y a confesar nuestra fe en Él.

            “Señor, ayúdame a sentir tu presencia en mi vida”

            “Señor Jesús, Tú eres el Señor de mi vida”

            “Señor mío y Dios mío, ten piedad de nosotros”


Jesús te dice: “Dichoso tú, que crees sin haberme visto” ¿Qué le dices tu al Señor?


Santo Tomás Apóstol

Tomás significa "gemelo"
La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo.

carrying_cross1.JPG (26515 bytes)Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

Lastsup2.gif (20186 bytes)La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió: "Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.
Admirable respuesta:
Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna".

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.

Santo Tomás ApóstolDice San Juan (Jn. 20, 24) "En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver".


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