sábado, 26 de julio de 2014

Semillas de Lectio Divina sencilla del Evangelio del domingo 27 de julio

Un testimonio para reflexionar


Hace poco, el portal de Internet "Análisis Digital”, del arzobispado de Madrid, reprodujo un artículo titulado "Debería estremecernos” escrito por César Valdeolmillos Alonso, columnista de la Cadena de Ondas Populares Españolas (COPE) y del diario Siglo XXI, cuyo texto completo AICA desea consignar con el propósito de colaborar en la reflexión con motivo del Día del Abuelo y del anciano.
Debería estremecernos...…
"Hace unos días escuché decir al presidente de Canarias, que en los hospitales de su comunidad autónoma había 400 camas ocupadas por personas mayores a las que se les había dado el alta clínica y a las que sus familiares no iban a recoger.
"He de confesar que en principio no di crédito a estas declaraciones. Pensé que se trataba de una estrategia política para conseguir más recursos del Estado. Lamentablemente la noticia fue confirmada más tarde por personal facultativo. ¡No me lo podía creer! La información ponía de manifiesto tal indignidad, me conmovió tan intensamente, que sentí vergüenza de pertenecer al género humano.
"Pero el problema no quedaba ahí. Interesado en el tema seguí investigando y averigüé que en los períodos vacacionales, feriados puentes y festividades señaladas como Semana Santa y otras, se produce en los hospitales un considerable aumento de ingresos de personas mayores.
Ante esta realidad me vino a la mente la frase que de pequeño tantas veces había escuchado a los mayores: Un padre, una madre, es para diez hijos y diez hijos no son para un padre. Siendo pequeño, nunca llegué a entender su significado. Hoy me avergüenzo al constatar el significado de tan lacerante aguafuerte. Y pienso en la tristeza, en el inmenso vacío que en su alma tienen que sentir esos padres y, sobre todo, esas madres, que habiendo entregado su vida a sus hijos, que habiéndose privado muchas veces de lo imprescindible para que nada les faltase, hoy ellos se desentienden, miran hacia otro lado y resulta que a todos les es materialmente imposible atender a sus padres ancianos. En el mejor de los casos los soportan unos cuantos días en cada casa y a regañadientes.
"Ellos se sacrificaron para que sus hijos lo tuvieran todo; ahora no son merecedores de nada; estorban; son un incordio; solo causan molestias y problemas con sus manías que resultan insoportables. Por eso tienen que andar con la maleta a cuestas de casa en casa cada mes. Como decía la antigua copla: "…son como la falsa "monea”, que de mano en mano va, y ninguno se la "quea”.
"¡Qué paradoja! Como la falsa "monea” y ninguna tan auténtica.
"Dicen que los mayores se vuelven muy absorbentes. ¿Porque se niegan a ser un mueble y reclaman estar con todos y no aislados en otra habitación? Ellos quieren seguir siendo un miembro activo más de la familia; que se les tenga en cuenta, poder opinar y dar su parecer. Se niegan a ser ese objeto que no nos atrevemos a tirar, pero que no sabemos qué hacer con él, ni dónde poner.
"Cuando nosotros éramos bebés, nuestros padres nos mostraban al mundo con gozo y contento. Hoy nosotros nos avergonzamos de ellos y de sus carencias y procuramos ocultarlos a los ojos de los demás.
"Si pensásemos menos en nuestro propio disfrute y solo un poco en todo lo que ellos nos han dado, nos detendríamos un instante en nuestra delirante búsqueda de una falsa felicidad, les miraríamos a los ojos y en ellos veríamos una desesperada súplica de comprensión, de cariño y de ternura. Esos ojos que amorosamente acunaron nuestro sueño; esos ojos que tantas noches velaron con entrega y angustia nuestra enfermedad; esos ojos que hoy con ansiedad nos demandan unas migajas de cariño y veríamos cómo nos dicen: "Mira como me encuentro… te entregué todo lo que era… mi juventud… mi energía… mi vida… todo mi ser… Hoy… ya no puedo evitar ser lo que soy… Sé que la vida ha pasado para mí; no tengo la culpa de que el tiempo me haya convertido casi en un despojo… por favor, no me rechaces… no me eches de tu vida… no me apartes a un lado del camino… sin ti, ya no me puedo valer… yo te sigo llevando en mi corazón… perdóname si alguna vez no fui como tú esperabas que fuese… no me des la espalda… dame tu mano y ayúdame…”.

Santos Joaquin y Ana Padres de la Santísima Virgen

El protoevangelio de Santiago cuenta que los vecinos de Joaquín se burlaban de él porque no tenía hijos. Entonces, el santo se retiró cuarenta días al desierto a orar y ayunar, en tanto que Ana (cuyo nombre significa Gracia) "se quejaba en dos quejas y se lamentaba en dos lamentaciones". Un ángel se le apareció y le dijo: "Ana, el Señor ha escuchado tu oración: concebirás y darás a luz. Del fruto de tu vientre se hablará en todo el mundo". A su debido tiempo nació María, quien sería la Madre de Dios. Esta narración se parece mucho a la de la concepción y el nacimiento de Samuel, cuya madre se llamaba también Ana ( I Reyes, I ). Los primeros Padres de la Iglesia oriental veían en ello un paralelismo. En realidad, se puede hablar de paralelismo entre la narración de la concepción de Samuel y la de Juan Bautista, pero en el caso presente la semejanza es tal, que se trata claramente de una imitación.
La mejor prueba de la antiguedad al culto a Santa Ana en Constantinopla es que, a mediados del siglo VI, el emperador Justiniano le dedicó un santuario. En Santa María la Antigua hay dos frescos que representan a Santa Ana y datan del siglo VIII. En 1382, Urbano VI publicó el primer decreto pontificio referente a Santa Ana; por él concedía la celebración de la fiesta de la santa a los obispos de Inglaterra exclusivamente. La fiesta fue extendida a toda la Iglesia de occidente en 1584.

Lectura del libro de Jeremías 7, 1-11



Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: «Párate a la puerta de la Casa del Señor, y proclama allí esta palabra, Tú dirás: Escuchen la palabra del Señor, todos ustedes, hombres de Judá que entran por estas puertas para postrarse delante del Señor.
Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y Yo haré que ustedes habiten en este lugar. No se fíen de estas palabras ilusorias: "¡Aquí está el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!"
Pero si ustedes enmiendan realmente su conducta y sus acciones, si de veras se hacen justicia unos a otros, si no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda, si no derraman en este lugar sangre inocente, si no van detrás de otros dioses para desgracia de ustedes mismos, entonces Yo haré que ustedes habiten en este lugar, en el país que he dado a sus padres desde siempre y para siempre.
¡Pero ustedes se fían de palabras ilusorias, que no sirven para nada! ¡Robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, quemar incienso a Baal, ir detrás de otros dioses que ustedes no cono- cían! y después vienen a presentarse delante de mí en esta Casa que es llamada con mi Nombre, y dicen: "¡Estamos salvados! ", a fin de seguir cometiendo todas estas abominaciones.
¿Piensan acaso que es una cueva de ladrones esta Casa que es llamada con mi Nombre? Pero Yo también veo claro».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Jeremías reacciona contra una falsa seguridad que el Templo suscitaba. Condena el culto formalista. Es una vida moral autentica la que se exige aquí prioritariamente: respetar los bienes del prójimo, respetar la vida, respetar la sexualidad, respetar la verdad… Jesús citará explícitamente a Jeremías, cuando trate, también El de purificar el Templo (Mt 21, 12-13). Mis gestos y actitudes religiosas ¿corresponden a un esfuerzo de conversión verdadera en mi vida ordinaria? Cada una de mis oraciones ¿me “remite” a mis responsabilidades y  a mi “deber de estado”? Solo entonces el culto adquiere todo su valor, en el núcleo de la existencia.  

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 88, 3-6a. 8a. 11



R.    ¡Qué amable es tu Casa, Señor del universo! 
 

Mi alma se consume de deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi carne claman ansiosos
por el Dios viviente. R.
 

Hasta el gorrión encontró una casa,
y la golondrina tiene un nido donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor del universo,
mi Rey y mi Dios. R.
 

¡Felices los que habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que encuentran su fuerza en ti!
Ellos avanzan con vigor siempre creciente. R.
 

Vale más un día en tus atrios
que mil en otra parte;
yo prefiero el umbral de la Casa de mi Dios
antes que vivir entre malvados. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 24-30


Jesús propuso a la gente esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?».
Él les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo».
Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?» «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

El trigo y la cizaña conviven en el mismo campo, en la misma espiga, y a veces hasta en el mismo grano. En esta tierra nadie es trigo puro o pura cizaña. Por eso, no conviene actuar con precipitación, no sea que queriendo arrancar la cizaña, arranquemos también el trigo. Pero no todo da lo mismo. Al final la cizaña se quemará y el trigo se recogerá en el granero.

Nosotros, cada uno de nosotros somos ese campo en el que Dios siempre la semilla y el enemigo la cizaña. El campo nada puede hacer para librarse de la cizaña, nosotros, en cambio, podemos acercarnos al sembrador de trigo o al de cizaña.

A veces somos cizaña, sembradores de cizaña en nuestros ambientes. Y estamos llamados a ser trigo, el trigo que Dios siembra en el campo del mundo.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?

            “Haznos pacientes, Señor,
             concédenos acoger de buen grano el trigo de tu amor
             y evitar la cizaña de que nos empobrece y separa.
             Haznos ser trigo bueno que de buenos frutos
             para la cosecha de la vida eterna”



viernes, 25 de julio de 2014

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 4, 7-15


Hermanos:

Llevamos un tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así, aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en vosotros la vida.
Pero, teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: «Creí y por eso hablé», también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con vosotros.
Todo esto es por vosotros: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

El  humillado en la encarnación y en la muerte es el mismo resucitado y glorioso cuyo señorío y poder manifestó en y después de la resurrección. Bajo estos signos y garantías debe ser anunciado al mundo por sus discípulos, testigos de su obra. La eficacia del anuncio no viene de los hombres, sino de Dios. Pablo ha experimentado como nadie la incapacidad y desproporción del hombre sin la ayuda de Dios. El habla de este mensaje, la fe, como de un tesoro en vasijas de barro, para que así resalte mas la virtud operante de Dios. Lo mismo que a Pablo le sucede a todo heraldo del evangelio. Ningún apóstol puede olvidar esta verdad y esta personal experiencia.

P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 125, 1-6



R.    Los que siembran entre lágrimas

cosecharán entre canciones.


Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas,
y nuestros labios, de canciones. R.


Hasta los mismos paganos decían:
«¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! R.


¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. R.


El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 20, 20-28




En aquel tiempo:
La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante Él para pedirle algo.
«¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.
Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
«No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé?»
«Podemos», le respondieron.
«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes los ha destinado mi Padre».
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Santiago y su hermano se acercan a Jesús acompañados por su madre, buscando honores y privilegios. Sin embargo, el Señor les va cambiando el corazón, poco a poco descubren que ser grande y ser servidor es lo mismo y que el mayor título de un seguidor es dar la vida como el Maestro.

            “Señor, a veces te seguimos buscando sólo ventajas

             cambia nuestro modo de pensar

             y haznos buenos seguidores tuyos.”

             

No sabemos porque se enfadan los otros discípulos. Quizá ellos estén buscando lo mismo que los Zebedeos, aunque no se atrevan a expresarlo. En todo caso, esa no es la actitud adecuada, el que está equivocado necesita comprensión y paciencia. Sólo así podrá cambiar.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?



Santiago, como todos los apóstoles, es mensajero del Evangelio. Según dice la tradición, evangelizó España, en medio de toda clase de dificultades. Hoy es un buen día para dar gracias a Dios por el tesoro del Evangelio, anunciado por Santiago y por los cristianos que tomaron y transmitieron la antorcha de la fe hasta llegar a nosotros, una antorcha que tenemos que seguir transmitiendo.        






Santiago el mayor ApóstoI

El nombre Santiago, proviene de dos palabras Sant Iacob. Porque su nombre en hebreo era Jacob. Los españoles en sus batallas gritaban: "Sant Iacob, ayúdenos". Y de tanto repetir estas dos palabras, las unieron formando una sola: Santiago.
Fue uno de los 12 apóstoles del Señor.
Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él. Con sus padres Zebedeo y Salomé vivía en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca. Tenían obreros a su servicio, y su situación económica era bastante buena pues podían ausentarse del trabajo por varias semanas, como lo hizo su hermano Juan cuando se fue a estarse una temporada en el Jordán escuchando a Juan Bautista.
Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro. Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: "Desde ahora seréis pescadores de hombres", dejó sus redes y a su padre y a su empresa pesquera y se fue con Jesucristo a colaborarle en su apostolado. Presenció todos los grandes milagros de Cristo, y con Pedro y Juan fueron los únicos que estuvieron presentes en la Transfiguración del Señor y en su Oración en el Huerto de Getsemaní. ¿Por qué lo prefería tanto Jesús? Quizás porque (como dice San Juan Crisóstomo) era el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor, o porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo. Que Jesús nos tenga también a nosotros en el grupo de sus preferidos.
Cuenta el santo Evangelio que una vez al pasar por un pueblo de Samaria, la gente no quiso proporcionarles ningún alimento y que Santiago y Juan le pidieron a Jesús que hiciera llover fuego del cielo y quemara a esos maleducados. Cristo tuvo que regañarlos por ese espíritu vengativo, y les recordó que El no había venido a hacer daño a nadie sino a salvar al mayor número posible de personas. Santiago no era santo cuando se hizo discípulo del Señor. La santidad le irá llegando poquito a poco.
Otro día Santiago y Juan comisionaron a Salomé, su madre, para que fuera a pedirle a Jesús que en el día de su gloria los colocara a ellos dos en los primeros puestos: uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús les dijo: "¿Serán capaces de beber el cáliz de amargura que yo voy a beber?" Ellos le dijeron: "Sí somos capaces". Cristo añadió: "El cáliz de amargura sí lo beberán, pero el ocupar los primeros puestos no me corresponde a Mí el concederlo, sino que esos puestos son para aquellos para quienes los tiene reservado mi Padre Celestial". Los otros apóstoles se disgustaron por esta petición tan vanidosa de los dos hijos de Zebedeo, pero Jesús les dijo a todos: "El que quiera ser el primero, que se haga el servidor de todos, a imitación del Hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir". Seguramente que con esta lección de Jesús, habrá aprendido Santiago a ser más humilde.
Después de la Ascención de Jesús, Santiago el Mayor se distinguió como una de las principales figuras entre el gurpo de los Apóstoles. Por eso cuando el rey Herodes Agripa se propuso acabar con los seguidores de Cristo, lo primero que hizo fue mandar cortarle la cabeza a Santiago, y encarcelar a Pedro. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre por proclamar la religión de Jesús Resucitado.
Antiguas tradiciones (del siglo VI) dicen que Santiago alcanzó a ir hasta España a evangelizar. Y desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España) y a ese santuario han ido miles y miles de peregrinos por siglos y siglos y han conseguido maravillosos favores del cielo. El historiador Pérez de Urbel dice que lo que hay en Santiago de Compostela son unas reliquias, o sea restos del Apóstol, que fueron llevados allí desde Palestina.
Es Patrono de España y de su caballería. Los españoles lo han invocado en momentos de grandes peligros y han sentido su poderosa protección. También nosotros si pedimos su intercesión conseguiremos sus favores.

jueves, 24 de julio de 2014

Familia moderna... de 18 hijos: ¿cómo hace?‏


A Rosa Pich le gusta citar el dicho catalán que dice “si vols estar ben casat, busca-la en el veïnat” (si te quieres casar bien, búscala en el vecindario). Sin embargo, a esta barcelonesa no le fue nada mal casarse a los 23 años con un vecino de Cantimpalos. Dan fe de ello sus 16 hijos. Los Postigo Pich forman la familia numerosa con más hijos escolarizados de España.
Aunque no se acaba de sentir cómoda con el interés mediático que suscita su caso, necesita contarle al mundo que existen, “mucha gente no se lo cree, pero nosotros hemos dicho sí a la vida” afirma
¿He oído bien? Usted tiene 16 hijos.
18. Dos de ellos murieron siendo bebés. Nacieron con una malformación cardiópata severa. Donamos sus corazones a la ciencia. Hemos dicho sí a la vida y a la ciencia. El día que me vaya al cielo, descubriré por qué Dios se los llevó. Debió ser muy duro. Los médicos nos recomendaron no tener más hijos. ¡Pero nosotros queríamos tener una familia numerosa!
¡Su deseo se cumplió!
Así es, porque la decisión de tener cada uno de nuestros hijos ha sido de mi marido y mía: nadie, ningún sacerdote, familiar, o congregación, nos ha dicho cuántos hijos teníamos que tener.
¿De qué ha dependido cada una de las decisiones?
Hemos tenido en cuenta las condiciones psicológicas, físicas y económicas de cada momento.
No quiero pensar su presupuesto mensual en comida…
Hago la compra por Internet mensualmente y le aseguro que no gasto más que una familia con tres o cuatro hijos. Compro marca blanca. Y mis hijos saben que en casa no hay coca-cola, ni carne de primera, ni pescado fresco, solo atún enlatado. Eso sí: el chico de reparto del supermercado coloca en la despensa cada mes 240 litros de leche y 1.300 galletas María.
¿Siguen una dieta equilibrada?
Mis hijos comen en el colegio y están bien alimentados. En casa sólo se cena y se desayuna leche, y pan con mermelada o embutidos.
Siguen sin salirme los números.
Un kilo de pasta cuesta 50 céntimos. Lo mismo que un sobre de sopa. Le aseguro que no llego a los mil euros mensuales. Mis amigas me piden que le ayude a hacer los menús, además de explicarles cómo organizo la casa, las tareas de los chicos, los armarios…
¿Cómo organiza las cenas?
En dos turnos. Los de la primera comunión para abajo cenan primero y los mayores después. Entre medio, rezamos el Rosario.

¿Es usted muy religiosa?
En nuestra familia no contamos dos más dos, sino dos más dos, más Dios. Tenemos una fe vivida. Dios existe. Creemos en un padre que está en el cielo y tenemos la necesidad de comunicarnos con él, de contarle nuestras ilusiones y preocupaciones. El hombre es un ser de alma y cuerpo, por tanto espiritual.
¿Cree que hay una crisis de creencias?
La gente pone el dios en el Barça, en el dinero…
¿Cómo son sus hijos?
Movidos, gamberros, divertidos y deportistas. Están acostumbrados a pelearse, a convencer al otro para que juegue con ellos, a solucionar conflictos, a trabajar hábitos, a preocuparse por los demás. Ser miembro de una familia numerosa te obliga a ocuparte de los demás, porque siempre hay un hermano que necesita ayuda, tiene alguna dificultad. ¡Mis hijos están preparados para dirigir multinacionales!
¿Cómo se organizan entre ellos?
Cada oveja con su pareja. Cada uno de los mayores tiene asignado un pequeño y se encargan de resolver sus problemas: les ayudan con sus deberes, con la lectura, con el baño, si necesitan material del colegio se lo consiguen… Todos van al colegio andando desde los tres años y tienen su pequeño encargo. Yo trabajo por las mañanas, así que a las siete de la mañana salgo de casa. Por las tardes juego con los pequeños y a partir de las siete atiendo dudas hasta la hora de cenar.
Contará con alguna asistenta…
Sí, ella se encarga de la limpieza y del baño de los más pequeños. Trabaja de ocho a ocho. Pero los niños se encargan de hacerse la cama y si no se la hacen, peor para ellos.
¿Qué consejos les da a sus hijos?
Tanto mi marido como yo venimos de familias numerosas (14 y 16 hermanos, respectivamente). Hemos pasado de la litera de cuatro alturas a la cama de matrimonio. Si nuestros amigos tenían juguetes, nosotros teníamos hermanos. Y les hemos enseñado a nuestros hijos a ser felices así.
¿Nunca le han dicho que traer tantos niños al mundo es una irresponsabilidad?
La pregunta no es qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos, sino qué mundo nos van a dejar ellos a nosotros. Hay que cambiar el chip porque pienso que tal como están las cosas, van a tener muchas oportunidades. Mis hijos van a buenos colegios, así que humanamente hablando estarán preparados para sacar el país adelante. Yo siempre les digo que son ellos los que nos van a sacar de la situación que vivimos. Por otro lado, yo sí voy a tener mi jubilación pagada: mis hijos cuidarán de nosotros porque nosotros hemos cuidado de ellos.
¿Es usted muy estricta?
En la vida hay que hacer muchos sacrificios. A menudo he ido a trabajar sin apenas haber dormido y encontrándome mal. Pero hay que dar ejemplo. Por otro lado, en casa transmitimos una educación muy espartana , austera, de servicio a los demás, porque pensamos que es más elegante dar que ser egoísta. En la mesa tenemos una consigna: hay que servir al que tenemos al lado: acercarle el pan y el agua. Y si toca huevo frito, le damos el más bonito.
¿Sus hijos no le piden marcas?
En casa no compramos marcas. Si entra algo es porque han ahorrado haciendo canguros o se lo ha regalado el padrino. Las marcas no los hacen más persona, ni más felices. La vida da muchas vueltas y lo que no lloren de niños, lo llorarán de mayores. Uno se crea grandes necesidades, pero polvo eres y en polvo te convertirás
¿Qué es para usted la felicidad?
Lo que da felicidad es cuidar de los demás. A mí me la dan mis hijos, pero también me gusta cuidar de sus amigos cuando vienen a casa. Eso es algo que también les intento transmitir: preocuparse por los otros, ir a ver a un amigo cuando está enfermo, una llamada por teléfono… Hay que vivir con alegría y optimismo.
¿Nunca ha tenido una crisis matrimonial?
Por supuesto que las tenemos. Mi marido y yo discutimos, pero también hablamos. Y de las crisis uno sale más reforzado. Hay que luchar para quererse más, tratarse con cariño, dejarse espacio para uno y para la pareja. Nosotros nos vamos a pasear solos, aunque sea para dar una vuelta a la manzana. Pienso mucho en mis amigos que se han divorciado, porque se quedan muy solos y los niños quedan marcados para siempre.
¿Piensa que el matrimonio debe ser para toda la vida?
El divorcio sólo soluciona la discusión momentánea con la pareja , pero después vienen muchos más problemas. Lo he vivido de cerca. Sí, yo a mis hijos les digo que es para toda la vida, no porque lo manda la iglesia, sino porque el hombre y la mujer necesita una estabilidad física y psíquica. La naturaleza humana está hecha así: el niño necesita un papá, con una barba que le rasca, y una mamá, con su olor femenino, que le arropa.
¿En qué consiste el amor?
El amor es un fuego que hay que ir alimentando. No es una chispa de la vida, sino que uno tiene que ir trabajándolo, reforzándolo cada día. Así, cuando no hay llama, la ponemos. El amor no es sólo de sentimientos sino también cerebral. Necesita voluntad: yo quiero amar a esta persona, quiero amar su bien, me atrae su físico, su manera de ser… Y también necesita sinceridad. Hay que decirle a tu pareja qué te gusta, cómo te sientes, qué necesitas en cada momento.
Un consejo para mejorar las relaciones de pareja.
Dile que se acuerde de comprarte tus flores preferidas y cuando vayas a la pelu no esperes que se fije. Adelántate: ¿verdad que estoy guapa?
Me imagino que no irán mucho a comer a restaurantes…
Sólo cuando hay una celebración. Cuando nos invitan, suelen decirme: “da gusto ver cómo disfrutan tus hijos, Rosa”.

Fuente: la Vanguardia

«¡Sé un José para ella!»: un testimonio de regulación natural de la fertilidad y espiritualidad

En Estados Unidos las diócesis católicas celebran juntas cada año la "semana de concienciación de planificación familiar natural" (en España se suele llamar más bien "regulación natural de la fertilidad"), recordando esta metodología para conocer la fertilidad del matrimonio que permite facilitar la llegada de los hijos (o aplazarla por motivos serios).
Este año, a través de las redes sociales, se ha difundido el testimonio de Tom y Misty Mealy, de la diócesis de Richmond. Tienen 4 hijos, y ella es la promotora de la regulación natural de la fertilidad en la diócesis. Tom explica que el marido católico que renuncia a los anticonceptivos (como es obligación de todo católico) se expone a bromas o críticas, pero que el modelo de marido cristiano por excelencia, San José, debería servir de ejemplo ante ese tipo de tentación. Este es su testimonio.


«¡Sé un José para ella!», por Tom Mealey
Cuando recién nos casamos, mi esposa Misty y yo éramos la típica pareja no religiosa. Confiábamos en la anticoncepción hormonal. Pero por sus malos efectos secundarios, eso no duró mucho.

Misty se enteró de la Planificación Familiar Natural (PFN) por medio de una amiga católica. Reconozco que desconfié de todo ese “abracadabra” con termómetros en las oscuras horas del amanecer y observaciones que se anotaban con símbolos enigmáticos en la gráfica de la PFN. Todo eso cambiaría de forma sorprendente una vez que nos acostumbramos al estilo de vida de la PFN.

Antes de tener hijos, Misty había sido atea y yo un agnóstico. Con nuestro primer hijo, el milagro de la vida nos produjo un despertar espiritual.

Nos dimos cuenta de que el Espíritu Santo ya nos había guiado a una vida católica. Sin embargo, incluso después de nuestra conversión, la PFN enriqueció la relación entre nosotros y con Dios de maneras que nunca habíamos esperado.

Estudiamos la “teología del cuerpo” en la catequesis de Juan Pablo II y nos entusiasmamos por vivir nuestra fe y compartirla. Fue emocionante aprender las razones poderosas en las que se basan las hermosas enseñanzas de la Iglesia sobre el sexo y el matrimonio.

Para mi gran sorpresa, también aprendí que mi esposa agradecía enormemente mi deseo de entender cómo funcionaba su cuerpo. Compartí la responsabilidad de planificar nuestra familia y también encontré formas diferentes para expresarle mi afecto e intimidad cuando teníamos buenos motivos para postergar un embarazo. Esto fortaleció nuestro matrimonio y me hizo un mejor marido y padre.

Cuando nos hicimos católicos, supe que quería ser el guía espiritual de nuestra familia, pero no comprendía qué implicaba eso además de llevar a nuestros hijos a misa los domingos.

Por medio de la PFN y la Sagrada Escritura, descubrí que tenía la posibilidad de elegir qué tipo de hombre quería ser.

Con frecuencia culpamos a Eva por comer la fruta prohibida. Pero en el Génesis aprendemos que después de comer un bocado, ella le ofreció el fruto a Adán que estaba con ella. Adán no la frenó y le dijo: “Esto es una mala idea, vayámonos de aquí”. Adán no protegió a su esposa, sino que se quedó quieto y callado mientras la serpiente la convenció de que renunciara al estado de santidad y quebrantara su relación con Dios.

Pero también existió San José. Cuando José obedeció al ángel que le dijo que llevara a María a su casa, aceptó la deshonra pública y la vergüenza de una prometida embarazada. José sacrificó su honor personal y su buena fama para obedecer a Dios y proteger a María y a Jesús.

Un marido tiene una opción clara: puedes ser un Adán para su esposa o puedes ser un José.

El hombre puede quedarse quieto y callado y permitir que su esposa sufra las consecuencias físicas y espirituales de la anticoncepción. O puede defender la virtud, el cuerpo y el alma de ella usando la PFN.
Hoy en día, se acepta la anticoncepción y es lo que se espera. Cualquier hombre que se prive de ella y prefiera la PFN corre el riesgo de caer en el ridículo y ser criticado. Pero como nos enseñó San José, hay cosas más importantes que la opinión de los demás. ¡Ojalá que los maridos elijamos ser un José para nuestras esposas!

Lectura del libro de Jeremías 2, 1-3. 7-8. 12-13




La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:

«Ve a gritar a los oídos de Jerusalén: Así habla el Señor:
Recuerdo muy bien la fidelidad de tu juventud,
el amor de tus desposorios,
cuando me seguías por el desierto,
por una tierra sin cultivar.
Israel era algo sagrado para el Señor,
las primicias de su cosecha:
todos los que comían de él se hacían culpables,
les sobrevenía una desgracia
-oráculo del Señor-.

Yo los hice entrar en un país de vergeles,
para que comieran de sus frutos y sus bienes;
pero ustedes entraron y contaminaron mi país
e hicieron de mi herencia una abominación.
Los sacerdotes no preguntaron: "¿Dónde está el Señor?",
los depositarios de la Ley no me conocieron,
los pastores se rebelaron contra mí,
los profetas profetizaron en nombre de Baal
y fueron detrás de los que no sirven de nada.

¡Espántense de esto, cielos,
horrorícense y queden paralizados!
-oráculo del Señor-.
Porque mi pueblo ha cometido dos maldades:
me abandonaron a mí, la fuente de agua viva,
para cavarse cisternas, cisternas agrietadas,
que no retienen el agua».

Palabra de Dios. 


Reflexionamos juntos

Esta lectura no se proclama para que nos enteremos de lo que pasaba seiscientos años antes de Cristo. Son una palabra dicha por el Dios viviente, hoy y aquí, para nosotros. Esta palabra nos interpela seriamente. ¿Hemos aflojado en nuestro amor primero y en nuestra memoria agradecida hacia los beneficios continuos de Dios? ¿Hemos sido infieles a la Alianza? Y si somos religiosos o servidores en la comunidad ¿hemos guiado mal a los demás, escandalizándolos con nuestros ejemplo de infidelidad? También nosotros si somos sinceros podríamos reconocer, que nos estamos construyendo cisternas agrietadas, de aguas contaminadas, que no apagarán nunca nuestra sed.
 
P. Juan R. Celeiro 

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