sábado, 12 de septiembre de 2015

El Libro de Daniel 2013 - Pelicula Cristiana Completa

Lectio Sábado de la 23ª semana del Tiempo ordinario

*•• Si es importante reconocer a Jesús como Señor, más importante es aún construir nuestra propia vida poniendo en práctica su enseñanza: «¿Por qué me llamáis "Señor, Señor" y no hacéis lo que os digo?» (v. 46).
La enseñanza está confirmada mediante dos comparaciones dobles: la del árbol y la del hombre sensato. El árbol se califica por sus frutos, como el constructor por los cimientos que pone en su casa. Y es que la Palabra de Jesús exige su traducción en comportamientos correctos, en motivaciones justas, en unos sentimientos correspondientes. Si es necesario ser oyentes de la Palabra, más importante es aún ser obreros de esa misma Palabra.
Lucas insiste en la «puesta en práctica», porque quiere evitar todo idealismo, toda reducción del mensaje a puro conocimiento. Exige la verificación de la «práctica», «obras buenas». Quien no procede así, se hace la ilusión de ser discípulo.
MEDITATIO
Para comprobar la bondad de mi vida cristiana, debo dejarme juzgar por mis hechos. Y debo tener la humildad de dejarme juzgar por quien ve y valora estos hechos. Puede suceder que yo me sienta gratificado por el hecho de que me acerco a diario a la Palabra de Dios. Ahora bien, ¿qué dicen los otros? ¿Qué frutos doy? ¿Mejoro al menos un poco? ¿Respondo, al menos algo mejor, a las expectativas que los otros ponen en mí?
Hoy se me invita, pues, a examinarme sobre los frutos que produzco normalmente, sobre mis hechos concretos, sobre mis acciones que pueden comprobar los otros. Pero estoy invitado también a no detenerme en este juicio, a ver si estos frutos proceden de un árbol bueno, si son resultado de un corazón convertido y no sólo de una mano activa. Si son fruto de la escucha de la Palabra que me invita a actuar, a hacer, y también a examinar las motivaciones de mi obrar. Obrar para realizarme a mí mismo no es lo mismo que obrar para realizar la voluntad amorosa de Dios. Obrar como respuesta al amor misericordioso que Dios me dirige, obrar para que Dios sea glorificado en todo y en todos. Obrar por amor al Amor.
ORATIO
¡Oh mi Señor, qué exigente es tu amor! No sólo quieres que yo actúe, sino que quieres que, al actuar, me olvide de mí mismo y purifique continuamente mis motivaciones. Sé que no condenas el gusto de la creatividad, la alegría de hacer algo bello, la satisfacción que me proporciona hacer las cosas bien, porque todo esto lo has puesto tú en mi corazón, forma parte de la naturaleza que tú has creado. Pero no quieres que me detenga aquí. Quieres que vaya más allá, para acercarme más a ti.
Y así hoy te siento exigente, tal vez porque me gusta detenerme en el fruto de mi trabajo y, en consecuencia, no corro demasiado por el camino de la conversión verdadera. Es probable que todavía no haya tenido una experiencia profunda de tu amor misericordioso, de tu agápe, que me ha amado de manera gratuita y me introduce en su dinamismo de entrega gratuita y desinteresada.
Vierte en mi corazón este amor tuyo, este modo de amar tuyo, esta capacidad tuya de estar en serio a tu servicio y al de los hermanos. Concédeme tu Espíritu, que es vida y vitalidad, y alegría y amor, para que sienta que mi «deber hacer» procede de mi «nuevo ser», hecho a imagen y semejanza de Jesús, que se entregó a sí mismo por mí y por los hermanos no para hacerse aplaudir, sino para servirles y salvarles.
 
CONTEMPLATIO
La obra exterior sin caridad no aprovecha, pero lo que se hace con caridad, por poco y despreciable que sea, se hace todo fructuoso. Pues, ciertamente, más mira Dios al corazón que a la obra que se hace. Mucho hace el que mucho ama. Mucho hace el que todo lo hace bien. Bien hace el que sirve más al bien común que a su voluntad propia.
Muchas veces parece caridad lo que es amor propio, porque la inclinación de la naturaleza, la propia voluntad, la esperanza de la recompensa, el gusto de la comodidad, rara vez nos abandonan.
El que tiene verdadera y perfecta caridad, en ninguna cosa se busca a sí mismo, sino solamente desea que Dios sea glorificado en todas (Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, I, 15, San Pablo, Madrid 1997, p. 58).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Cada árbol se conoce por sus frutos» (Lc 6,44).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
El siglo XVI fue la época de la disciplina, del intento de corregir la dispersión y el desorden del otoño de la Edad Media mediante una mayor claridad doctrinal y una disciplina más observada. Fueron sobre todo los hombres de la caridad quienes guiaron a la nueva Iglesia. Estos hombres se formaban desde el noviciado para mendigar y para cuidar a los enfermos apestados; se ocupaban de la escuela de los pobres, de los colegios, de los huérfanos, de los enfermos, y sentían la atormentadora llamada de las tierras lejanas.
El siglo XVII fue una época de gran frialdad, de luchas feroces entre que los enemigos tradicionales del pueblo de Dios (la peste, el hambre y la guerra) desencadenaron una violencia inaudita. Fue el tiempo de san Vicente [de Paúl], de una caridad que abrió a las mujeres el servicio directo y les dio la dignidad e servir a los pobres llamados «señores y patrones».
En el siglo siguiente, la caridad empezó a especializarse. Gracias a los progresos de la medicina, nos dimos cuenta de que no bastaban los conocimientos empíricos para salir al encuentro de las necesidades del hombre. Por otra parte, también la misma ciencia se dio cuenta de sus límites. Y es que la ciencia sin prestar atención a la persona, sin el sentimiento de compartir el amor, no basta.
En el siglo XIX, la caridad no fue ya sólo la limosna, sino que se trabajó por la justicia y el compromiso político y social. La justicia fue, por consiguiente, la nueva frontera de la caridad. Y mientras la Iglesia llegaba a todos los rincones remotos del planeta, el primer signo que enarbolaba en todas partes era el de las obras de caridad (L. Mezzadri - L. Nuovo, Storia Della carita, Milán 1999).
 

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 15-17




Querido hijo:
Es doctrina cierta y digna de fe que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que va a creer en Él para alcanzar la Vida eterna.
¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

 Continúa Pablo recordando rasgos de su autobiografía, en forma de una acción de gracias a Dios por su benevolencia con él. Su catequesis se resume en esta afirmación: "Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores". En seguida se lo aplica a sí mismo: "y yo soy el primero, y por eso se compadeció de mí". Cambiaría bastante nuestra postura para con los demás si recordáramos con sincera humildad que Cristo ha venido a salvarnos a nosotros, en primer lugar. No sólo a los que llamamos "pecadores", sino a nosotros, que somos los primeros. No somos ricos, no somos poderosos, sino pobres y débiles. Si nos sintiéramos "perdonados", como Pablo, estaríamos mucho más dispuestos a perdonar a los demás y a trabajar por ellos.


P. Juan R. Celeiro 

SALMO RESPONSORIAL 112, 1-5a. 6.7





R.    ¡Bendito sea el Nombre del Señor!

Alaben, servidores al Señor,
alaben el Nombre del Señor.
Bendito sea el Nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. R.


Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el Nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. R.


¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que se inclina para contemplar el cielo y la tierra?
El levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 43-49




Jesús decía a sus discípulos:
No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.

El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla su boca.

¿Por qué ustedes me llaman: "Señor, Señor", y no hacen lo que les digo? Yo les diré a quién se parece todo aquél que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la inundación, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.

En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Cada día nos acercamos al Evangelio, escuchamos la voz del Señor, rezamos... Pero con esto no basta. El que escucha la palabra de Jesús y nos las pone en práctica se parece a uno que edifico su caso sobre tierra.



Tenemos que reconocer que en muchas ocasiones nos contentamos con escuchar y no movemos un dedo para llevar a la práctica. Pedimos perdón y fuerza para convertirnos.



Sin embargo, también es cierto que a veces nos esforzamos por cumplir la palabra de Jesús.

¿Cuál es tu experiencia? Da gracias a Dios. Él muestra el camino y ofrece fuerza para poder avanzar por él.



¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?



¿Qué será de la palabra sin los gestos

que la encarnan, y la enhuesan, y la ensangran,

y al mostrarla viva en un espaciotiempo,

la confirman, verifican y consagran?



¿Qué será de mi cantar si no atestigua

lo que lucha por gestarse en mi sustancia?

Algo injusto, que promete y no realiza.

Algo absurdo, o infantil, o hasta canalla,



¡Dios de gestos (de Belén hasta la Pascua),

Dios-Palabra que pronuncias lo que actúas,

Esplendor de la verdad, Palabra actuante,

que resuenas y convences y aseguras.



Cohesióname en un cruce de coherencias,

reconcilia mi vida descoyuntada,

balbucea en mí un idioma

hecho de gestos...

Repronuncia en mis gestos tu Palabra!



La palabra, si es semilla de los gestos,

germinando corrobora su nobleza.

Si es palabra que es fiel nombre de los hechos

esos hechos la reafirman y resiembran.



Sólo el gesto hace creíble nuestro anuncio.

La verdad solo es verdad en cuerpo y alma.

Y si el sólo hablar nunca es buena noticia,

nuestro actuar, en cambio, puede ser proclama.



Oh Dios, Cristo es tu Verbo y es tu Gesto,

y su gesta dice y hace «Vida» y «Gracia».

Nuestra historia es el lugar de tu coherencia:

Verdad que a la vez es hecha y pronunciada.



Lo que haces es igual a lo que dices.

Lo que dices, al decirlo, queda hecho.

En tu Espíritu es posible la coherencia,

de gestospalabras y palabrasgestos.



¡Pobrecita la palabra sin el gesto!

¡Qué desnuda, estéril y debilitada!

Algo es hueco, irresponsable y deshonesto,

si mi gesto no acompaña a mi palabra.



Es preciso hablar sólo lo necesario.

Decir sólo lo que sangra en mi latido.

Necesito más y más ser de una pieza.

Siempre ser -intentar ser- uno y el mismo.



Me conmueve el dolor de los caídos

pero sé que con mi canto no me alcanza;

necesito inclinarme con mi vida...

-silente poesía de hombros y de espalda.



Pero ya que nos regalas el milagro

de cantar, comunicándonos las almas,

que el servir le dé coherencia a estas canciones

que el amar le dé coherencia a estas palabras.



Eduardo Meana


 


Nuestra Señora de las Lajas

En los límites entre Colombia y Ecuador hay un santuario hermosísimo, maravilla de quienes lo visitan. Allí se venera la imagen de nuestra Señora de las Lajas, y miles y miles de peregrinos de los dos países la visitan cada año y obtienen maravillosos favores de Dios.
Cuenta la tradición que una india iba por aquellos campos buscando leña cuando observó unos resplandores en una roca. Se acercó y vio pintada en la piedra una bella imagen de la Sma. Virgen del Rosario. Dio la noticia al Señor Cura de Ipiales el cual se trasladó allí con varios vecinos y al contemplar tan bella y atrayente imagen se propuso construir en el sitio un templo a Nuestra Señora.
Sigue contando la tradición que aquella india, Juana Mueses, llevaba sobre sus espaldas una hija llamada Rosa, que era sordomuda, y que la niñita al ver la sagrada imagen pronunció el dulce nombre de María, y quedó curada de su mudez y de su sordera.
La santa imagen representa a la Virgen del Rosario, con sus dos grandes devotos: Santo Domingo y San Francisco. Allí junto a ella se han obrado milagros impresionantes, y por eso es visitada por tan inmenso número de peregrinos.
Siempre tenemos que recordar que quien hace el milagro no es la imagen que es pintura y materiales sin vida, sino Dios Santísimo, quien al ver la fe de los devotos y al oír los ruegos que la Madre Santísima le hace por ellos, les concede toda clase de bendiciones y ayudas.
El nombre de "Lajas" proviene de unas piedras muy lisas, llamadas así, y que componen todos aquellos alrededores. Este sitio es un cañón rocoso profundo e impresionante.
El templo es de estilo gótico y su presencia es imponente y majestuosa, proporcionada a la solemne majestuosidad de aquellos impresionantes abismos.
Uno de los más populares benefactores del templo de las Lajas fue "el ciego Rivera", quien sin la luz de sus ojos recorrió campos, pueblos y ciudades mendigando dinero para comprar materiales con los cuales construirle el santuario a Nuestra Señora. Es el amor a la Madre que no repara en sacrificios con tal de poder levantarle un templo digno de tan Gran Benefactora. Nos podemos imaginar cómo le habrá recompensado Ella en la eternidad.
El arquitecto Espinoza la construyó con obreros que no sabían nada de construcción. Labradores campesinos a los cuales él tenía que enseñarles desde el modo como se hace una formaleta hasta la proporción en que hay que mezclar la arena y el cemento. Pero la buena voluntad pudo más que las dificultades que se presentaban. Y trabajando fueron aprendiendo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Lectio Viernes de la 23ª semana del Tiempo ordinario


Nos encontramos en presencia de tres dichos de Jesús de tipo parabólico, o sea, abiertos a diferentes aplicaciones. El primero tiene que ver con los ciegos, que no pueden hacer de guías. Se trata de un proverbio profano que también está presente en Platón. En el contexto en el que fue pronunciado podría haber tenido la intención de poner en guardia a los que pretendían tener la verdad sin tomar en consideración la enseñanza de Jesús, luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Sin Jesús somos ciegos para las realidades decisivas.
El segundo dicho tiene que ver con la unicidad de Jesús como maestro. A él no debemos añadirle nada. El discípulo debe ahondar en la enseñanza del maestro, y sólo así será como él.
El tercero es la continuación y el ahondamiento en el «no juzgar para no ser juzgados», con el añadido de la invitación a la autocrítica a fin de evitar la hipocresía. El discípulo debe llevar cuidado en mejorar él mismo antes de mejorar a los otros. La conversión primera es la personal, no la de los otros. Esta última también la podemos desear, pero después de haber pensado en nosotros mismos y de que nos hayamos preocupado de quitarnos las vigas de nuestros ojos.
MEDITATIO
Jesús nos pone en guardia contra la ilusión de ser mejores que los otros y nos invita a mirar las propias miserias de los que hemos de liberarnos. Pablo es consciente de ser un «agraciado», alguien que ha sido arrancado a la fuerza -y por pura misericordia- del camino equivocado. Pablo ha pasado por la experiencia del cambio dado a su vida, un cambio llevado a cabo por la misericordia y que le ha hecho pasar de las tinieblas a la luz.
El problema se vuelve más complejo cuando la situación es más matizada, cuando no es tan neta ni tan drástica. Cuando obramos de una manera correcta, incluso desarrollando un esfuerzo continuado, no damos grandes pasos en falso y entonces nos subintra la sutil convicción de ser buenos, de haber construido con nuestro propio empeño nuestra propia respetabilidad ante Dios y ante los hombres. No como tantos otros que se han abandonado a sus instintos, a las modas, a lo que es más cómodo. Y de esta manera juzgamos de una forma silenciosa o abierta. Y así es como llegamos a sentirnos seguros de nosotros mismos, incluso arrogantes, y perdemos el sentido de los límites de la condición humana, de nuestra propia debilidad. Si más tarde llegamos a ejercer cargos de autoridad, podemos ser peligrosos.
ORATIO
Mira con bondad mi instintiva necesidad de juzgar, de clasificar, de catalogar a las personas. Ten piedad de este ciego que quisiera ser guía de otros ciegos empleando sus criterios personales de evaluación. Haz que me convenza de que no estoy en absoluto entre los mejores porque oigo con frecuencia tu Palabra y porque te rezo más de una vez al día. Infunde en mi corazón la convicción de que todo es gracia, de que todo es fruto de tu misericordia, que por mí solo no puedo concluir nada, de que no puedo vanagloriarme de nada, de que no sé lo que sucede en el corazón del otro.
Vence mi ceguera, sacude mi torpor de tranquilo consumidor de tu amistad. Quítame todas las ilusiones y haz que me considere puramente fruto de tu gracia, a la que he correspondido de una manera bastante perezosa. Si más tarde ejerzo alguna responsabilidad en la Iglesia, cualquier responsabilidad que me ponga en el candelero, ayúdame a reflexionar sobre el texto que viene después. Con humildad y temblor, para evitar las trampas del enemigo. Sin escandalizarme, sino aprovechando la luz que puede venirme de un Padre de la Iglesia.
CONTEMPLATIO
Atanasio no manifiesta esa insolencia que procede de la satisfacción, como aquellos que se han apoderado de un poder absoluto o que han recibido una herencia inesperada. Eso es lo que hacen los falsos sacerdotes, los intrusos, indignos de lo que profesan, que, sin haber pagado antes ningún tributo al sacerdocio y sin haber sufrido ya por la virtud, son nombrados, no obstante, al mismo tiempo, discípulos y maestros de piedad y purifican a los otros antes de haberse purificado ellos mismos: ayer estaban fuera de las cosas santas, hoy son custodios de los santos misterios. Estos hombres acaban por tiranizar a la misma religión; son hombres cuyas costumbres no hacen creer que posean tal dignidad, sino que, por una extraña inversión, en ellos la dignidad hace creer que tienen costumbres. En todo caso, caen en alguna de estas culpas: o perdonan demasiado a los otros, por la necesidad de perdón que sienten ellos mismos, y éste es el mejor sistema para enseñar el mal, en vez de erradicarlo, o bien esconden sus propias debilidades bajo la dureza de su autoridad (Gregorio de Nacianzo, Oración fúnebre de san Atanasio).
ACTIO
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Tú eres, Señor, mi heredad» (del salmo responsorial).
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Cada uno es un peso para el otro. Y de este modo -¡ay de mí!, qué difícil es que lo comprendamos- también una gracia. Tal vez el otro nos perjudica. Tal vez nos obliga a soportar algo. Tal vez pudiera no hacerlo. Sin embargo, también estos pesos deberían ser para el cristiano el sobrepeso de la gracia. Por consiguiente, debemos soportarlo e incluso perdonar al otro lo que en ese peso tal vez sea culpa suya.
Pablo expresa este perdón en griego con un término en el que resuena la gracia, la cháris. En erecto, así concluye [su exhortación]: «Como el Señor os ha agraciado, haced así también vosotros». Así pues, debemos perdonarnos mutuamente y, de este modo, ser gracia los unos para los otros, exactamente como el Señor nos ha perdonado. ¿O bien no tuvo él necesidad de perdonarnos? ¿Acaso no somos también nosotros de esos que tuvieron que ser agraciados, de esos pobres pecadores, de esos a los que el Señor Dios tuvo que perdonar en Jesucristo toda culpa, nuestra gran culpa? ¿Y no podemos hacer también nosotros todo esto después con nuestros hermanos? (K. Rahner, Parole per una esperienza di fede, Brescia 1998, p. 92).

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-2.12-14




Pablo, Apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, nuestro Salvador, y de Cristo Jesús, nuestra esperanza, saluda a Timoteo, su verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor.
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Timoteo nacido en Listra de Licaonia, de padre griego y madre judía. Fue uno de los compañeros más fieles de Pablo en sus viajes y luego responsable de la comunidad de Efeso. La primera página es un afectuoso saludo a Timoteo, "verdadero hijo en la fe", a quien desea la gracia y la paz de Dios y de Cristo Jesús. En seguida pasa a una especie de confesión general, llena de humildad y gratitud para con Dios, recordando su vocación. Pablo agradece a Dios que le haya llamado a ser ministro en la comunidad, a pesar de su pasado nada recomendable. Es interesante que Pablo, una autoridad en la Iglesia, reconozca humildemente los fallos de su "prehistoria". Las vidas de santos suelen estar llenas de virtudes y milagros, y pocas veces se atreven sus autores a recordar sus sombras. La humildad en la presencia de Dios nos hace a todos también más amables en la presencia del prójimo. Nos relativiza a nosotros mismos, nos hace recordar nuestros fallos, y así estamos más dispuestos a ser tolerantes con los de los demás.  


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 15, 1-2a. 5. 7-8. 11





R .    ¡Tú eres la parte de mi herencia, Señor!

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: “Señor, Tú eres mi bien”.
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡Tú decides mi suerte!. R.


Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.


Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna
a tu derecha. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 37-42




Jesús dijo a sus discípulos:
«No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes».
Les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?
El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: "Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo", tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano».

Palabra del Señor




¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Los ejemplos de este Evangelio son claros. Son fáciles de comprender. A nosotros nos toca aplicarlos a nuestra vida: ¿Cuáles son las vigas que llevamos en los ojos? ¿Que tendríamos que cuidar en nosotros mismos, antes de intentar ayudar a los demás? Cuidarnos es, además de una obligación moral, una exigencia del amor al prójimo.

¿Qué te dice Dios? ¿Qué le dices?



Jesús nos previene también contra la hipocresía: a veces tenemos vista de lince para descubrir los fallos de los demás y de topillo para descubrir nuestros errores. Tenemos que hacer un esfuerzo para ver a los otros y a nosotros mismos con la máxima objetividad. Tampoco sería bueno destacar sólo los pecados propios y las virtudes ajenas.

            “Señor, ayúdanos a ver claro”

            “Danos fuerza para cambiar”

            “Perdona nuestra hipocresía”.



Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

con la luz de tu Verdad y de tu Amor,

para que yo me haga cada día más sensible al mal que hay en mí,

y que se esconde de mil maneras distintas, para que no lo descubra.

Sensible a la injusticia que me aleja de Ti y de tu bondad

para con todos los hombres y mujeres del mundo.

Sensible a los odios y rencores

que me separan de aquellos a quienes debería amar y servir.

Sensible a la mentira, a la hipocresía, a la envidia, al orgullo,

a la idolatría, a la impureza, a la desconfianza,

para que pueda rechazarlos con todas mis fuerzas

y sacarlos de mi vida y de mi obrar.



Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que yo me haga cada día más sencillo,

más sincero, más justo, más servicial,

más amable en mis palabras y en mis acciones.



Ilumina, Señor, mi entendimiento y mi corazón,

para que Tú seas cada día con más fuerza,

el dueño de mis pensamientos, de mis palabras y de mis actos;

para que todo en mi vida gire en torno a Ti;

para que todo en mi vida sea reflejo de tu amor infinito,

de tu bondad infinita,

de tu misericordia y tu compasión.



Dame, Señor, la gracia de la conversión sincera y constante.

Dame, Señor, la gracia de mantenerme unido a Ti siempre,

hasta el último instante de mi vida en el mundo,

para luego resucitar Contigo a la Vida eterna. Amén.




SANTA VINCIANA

  
 Santa Vinciana era la hermana y colaboradora de san Landoaldo a quien el Papa Martín I había enviado a los cristianos de Maastricht (Limburgo holandés). Éstos habían sido tan mal convertidos que continuaban expulsando y asesinando a los sacerdotes si los sermones y exhortaciones morales les disgustaban. Leobaldo y su hermana se establecieron en Winterhoven en medio de los más salvajes de estos feligreses. Vinciana cuidaba la casa de su hermano, preparaba la comida y le asistía en su trabajo apostólico. El cielo bendijo su abnegación y ambos dejaron tan buen recuerdo que fueron elevados a los altares y sus reliquias solicitadas durante largo tiempo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

La Biblia Capitulo 1 Completo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 27-36




Jesús dijo a sus discípulos:
Yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se los hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los malos.
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?



Las palabras de este Evangelio son tan fáciles de entender como difíciles de vivir. Creo que a todos nos parecen preciosas, pero quizá irrealizables. Sin embargo, no las pronunció Jesús para que se escribiera una de las páginas más bonitas del Evangelio. Jesús las predicó y, más aún, las vivió, para que también nosotros las vivamos.

    "Señor, haznos parecidos a ti"

    "Perdona nuestras revanchas y violencias"

    "Danos tu Espíritu de paz"

   

¿Por qué tenemos que vivir de esta manera? Jesús nos da la razón más profunda: Dios es compasivo con todos, hace salir el sol para buenos y malos. Y nosotros, creados a su imagen, estamos llamados a ser y a vivir de la misma forma. Si Dios te ama cuando te conviertes en su enemigo, si presenta mil veces la mejilla, si te da todo lo suyo... ¿qué motivos tenemos para no hacer lo mismo con los hermanos?



Señor, ayúdanos a amar a los enemigos,

a hacer el bien a los que nos odian,

como tú nos amas a nosotros, cuando no lo merecemos.



Señor, enséñanos a bendecir a los que nos maldicen

y a orar por los que nos injurian,

como tú nos bendices y acompañas cuando nos alejamos de ti.



Que la generosidad con la que tú nos tratas transforme nuestro egoísmo,

para tratar a los demás, no como merecen, sino como necesitan;

no como ellos nos tratan, sino como tú nos tratas.



Señor, que seamos compasivos como tú, Padre nuestro,

eres compasivo con nosotros y con todos tus hijos. Amén.


Lectio: Jueves, 10 Septiembre, 2015


Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 6,27-38
«Pero a vosotros, los que me escucháis, yo os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los perversos. «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá.»
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta la segunda parte del “Sermón de la Planicie”. En la primera parte (Lc 6,20-26), Jesús se dirigía a los discípulos (Lc 6,20). En la segunda parte (Lc 6,27-49), se dirige a “los que me escucháis”, esto es, aquella multitud inmensa de pobres y de enfermos, llegada de todos los lados (Lc 6,17-19).
• Lucas 6,27-30: ¡Amar a los enemigos! Las palabras que Jesús dirige a este pueblo son exigentes y difíciles: amar a los enemigos, no maldecir, ofrecer la otra mejilla a quien te hiera en una, no reclamar cuando alguien toma lo que es tuyo. Tomadas al pie de la letra, estas frases parecen favorecer a los ricos que roban. Pero ni siquiera Jesús las observó al pie de la letra. Cuando el soldado le hirió en la mejilla, no ofreció la otra, sino que reaccionó con firmeza: “Si hablé mal, ¡pruébalo! Y si no ¿por qué me golpeas?” (Jn 18,22-23). Entonces, ¿cómo entender estas palabras? Los versículos siguientes nos ayudan a entender lo que Jesús quiere enseñarnos.
• Lucas 6,31-36: ¡La Regla de Oro! Imitar a Dios. Dos frases de Jesús ayudan a entender lo que él quiere enseñar. La primera frase es la así llamada Regla de Oro: " ¡Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten!” (Lc 6,31). La segunda frase es: "¡Sed compasivo como vuestro Padre celestial es compasivo!" (Lc 6,36). Estas dos frases muestran que Jesús no quiere invertir sencillamente la situación, pues nada cambiaría. Quiere cambiar el sistema. Lo Nuevo que el quiere construir nace de la nueva experiencia de Dios como Padre lleno de ternura que ¡acoge a todos! Las palabras de amenaza contra los ricos no pueden ser ocasión para que los pobres se venguen. Jesús manda tener una actitud contraria: “¡Amar a vuestros enemigos!" El amor no puede depender de lo que recibimos del otro. El verdadero amor tiene que querer también el bien del otro, independientemente de que él o ella hagan por mí. El amor tiene que ser creativo, pues así es el amor de Dios para nosotros: "¡Sed compasivos como el Padre celestial es compasivo!". Mateo dice lo mismo con otras palabras: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Nunca nadie podrá llegar a decir: Hoy he sido perfecto como el Padre celestial es perfecto. He sido compasivo como el Padre celestial es compasivo”. Estaremos siempre por debajo del listón que Jesús puso ante nosotros.
En el evangelio de Lucas, la Regla de Oro dice: "¡Y todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos” y añade: “Pues en esto consisten la Ley y los Profetas" (Mt 7,12). Prácticamente todas las religiones del mundo tienen la misma Regla de oro con formulaciones diversas. Señal de que aquí se expresa una intuición o un deseo universal que nace del fondo del corazón humano.
• Lucas 6,37-38: Porque con la medida con que midáis se os medirá. “No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá”. Son cuatro consejos: dos de forma negativa: no juzgar, no condenar; y dos de forma positiva: perdonar y dar con medida abundante. Cuando dice “y se os dará”, Jesús alude al tratamiento que Dios quiere tener con nosotros. Pero cuando nuestra manera de tratar a los otros es mezquina, Dios no puede usar la medida abundante y rebosante que a El le gustaría usar.
Celebrar la visita de Dios. El Sermón de la Planicie o Sermón del Monte, desde su comienzo, lleva a los oyentes a optar, a una opción a favor de los pobres. En el Antiguo Testamento, varias veces, Dios colocó a la gente ante la misma opción de bendición o de maldición. La gente tenía la libertad de escoger. "Te puse delante la vida o la muerte, la bendición o la maldición. Escoge, por tanto, la vida, para que vivas tú y tu descendencia" (Dt 30,19). No es Dios quien condena, sino que la gente misma según la opción que hará entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Estos momentos de opción son los momentos de la visita de Dios a su gente (Gén 21,1; 50,24-25; Ex 3,16; 32,34; Jer 29,10; Sal 59,6; Sal 65,10; Sal 80,15, Sal 106,4). Lucas es el único evangelista que emplea esta imagen de la visita de Dios (Lc 1,68. 78; 7,16; 19,44; He 15,16). Para Lucas Jesús es la visita de Dios que coloca a la gente ante la posibilidad de escoger la bendición o la maldición: “¡Bienaventurados vosotros los pobres!" y "¡Ay de vosotros, los ricos!" Pero la gente no reconoce la visita de Dios (Lc 19,44).
4) Para la reflexión personal
• ¿Será que miramos la vida y a las personas con la misma mirada de Jesús?
• ¿Qué quiere decir hoy “ser misericordioso como el Padre celestial es misericordioso"?
5) Oración final
Tú me escrutas, Yahvé, y me conoces;
sabes cuándo me siento y me levanto,
mi pensamiento percibes desde lejos;
de camino o acostado, tú lo adviertes,
familiares te son todas mis sendas. (Sal 139,1-3)

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 12-17





Hermanos:
Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.
Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.
Que la Palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados.
Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en Nombre del Señor Jesús, dando gracias por Él a Dios Padre.

Palabra de Dios.



Reflexionamos juntos


Terminamos, con un hermoso programa de vida cristiana que Pablo presenta a ellos y a nosotros. Un programa elevado, pero concreto. En dos direcciones. Para con las personas que encontremos a lo largo del día, se nos apremia a usar misericordia, a ser comprensivos, amables. La razón es convincente: "el Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo".  Para con Dios, se nos invita a una apertura cada día mayor: - ante todo a la escucha de su Palabra: - con una actitud de acción de gracias, que es la que llega a su expresión más densa en la Eucaristía; - con nuestra oración, parece aquí aludir a lo que en la Iglesia se organizó como Oración de las Horas por la mañana y la tarde; - y, sobre todo, en la misma vida. No son cosas difíciles de entender. Lo que pasa es que nos cuesta organizar nuestra jornada en esta clave tan espiritual. 

P. Juan R. Celeiro

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