sábado, 25 de marzo de 2017

Con profunda tristeza informamos el fallecimiento en el día de la fecha de nuestra hermana Teresa Greszczuk.

Nuestras condolencias para sus familiares y amigos. 

Sus restos serán velados mañana 26/03/17 en Casa García desde las 14 hs hasta 19 hs. Farrel y Pte Perón. Valentín Alsina.



Que Jesús la tenga junto a él, dale señor el descanso eterno y brille para ella la luz que no tiene fin, que descanse en Paz.


Lectura del libro de Isaías 7, 10-14; 8, 10



El Señor habló a Ajaz en estos términos:
«Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas».
Pero Ajaz respondió:
«No lo pediré ni tentaré al Señor».
Isaías dijo:
«Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la virgen está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel, que significa Dios está con nosotros».

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

El profeta le ofrece al rey Acaz, en el siglo VII antes de Cristo, la ayuda de Dios para la solución de sus problemas. Pero el rey se fía más de su alianza militar con los asirios. Entonces el profeta le anuncia un signo: una muchacha -que luego en griego se tradujo por "virgen"- dará a luz a un niño. Este niño pudo ser, históricamente, el hijo de Acaz, Ezequías, pero los judíos lo interpretaron como figura del futuro Mesías, porque Isaías, en este pasaje, ya le llama "Emmanuel", el "Dios-con-nosotros". Nos llena de alegría la gran noticia -que no   aparecerá en los medios de comunicación- de que Dios no es un Dios lejano, sino "Dios con nosotros", que ha querido hacerse hombre para que nosotros podamos unirnos a su vida divina. Y, nos sentimos animados, por el ejemplo de María, a contestar con nuestro "sí" personal, vital, desde nuestra historia concreta, a ese acercamiento de Dios, superando así los planteamientos más superficiales de la vida a los que podría invitarnos nuestra comodidad o el clima de la sociedad.



P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 39, 7-11



R.    ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!

Tú no quisiste víctima ni oblación,
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy». R.

«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón». R.

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor. R.

No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad. R.

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10



Hermanos:
Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo:
«Tú no has querido sacrificio ni oblación;
en cambio, me has dado un cuerpo.
No has mirado con agrado los holocaustos
ni los sacrificios expiatorios.
Entonces dije: Dios, aquí estoy, yo vengo
-como está escrito de mí en el libro de la Ley-
para hacer tu voluntad».
Él comienza diciendo: «Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios», a pesar de que están prescritos por la Ley". Y luego añade: «Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad». Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.
Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Palabra de Dios.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38



El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo:
«¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo:
«No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».
María dijo al Ángel:
«¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relación con ningún hombre?»
El Ángel le respondió:
«El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».
María dijo entonces:
«Yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra».
Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

La solemnidad de la Anunciación nos invita a meditar una vez más este pasaje del Evangelio, a llenarnos de alegría con la Buena Noticia de Gabriel.

Dios no nos abandona, no se olvida de nosotros, viene a salvarnos, se encarna, se hace persona humana para que seamos y vivamos como hijos suyos.

Dios no nos salva sin contar con nosotros, con un gesto lejano y frío, sino que se acerca a nuestra realidad hasta asumirla, y esto lo hace contando con nuestra colaboración.

La sencillez, la humildad y la confianza de María, son las actitudes con las que debemos acoger al Dios que se nos acerca, hoy le pedimos que nos enseñe a decir como ella: Aquí está la esclava del Señor, que se cumpla lo que dices.

Vivir
es dejar que la Palabra se haga cuerpo
en nuestro cuerpo humano,
cuerpo de carne y sangre
con espíritu bíblico
y aliento solidario.

Y para ello
se necesita paciencia y tiempo,
cántaros de esperanza compartida
y dejar que la semilla crezca sola
en nuestras entrañas humanas
aunque no sepamos cómo.

Vivir
es gestar en paz y con cuidado al esperado,
que siempre es nuestro hermano,
que viene ilusionado a su casa,
sin ánimo de destronarnos
y sí de enriquecernos y alegrarnos.

Pero para ello
hay que estar embarazados
o dejar al Espíritu que repose,
como él quiera, en nuestro regazo;
y ponerse de parto
para que la Palabra acampe entre nosotros.

Vivir es...
¡Ya estoy, Señor, dándote cuerpo!

Florentino Ulibarri

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A mi medida.
¡Tan débil como yo,
tan pobre y solo!
Tan cansado, Señor, y tan dolido
del dolor de los hombres!
Tan hambriento del querer de tu Padre (Jn 4,34)
y tan sediento, Señor, de que te beban... (Jn 7,37)

Tu, que eres la fuerza y la verdad,
la vida y el camino;
y hablas el lenguaje de todo lo que existe,           
de todos lo que somos.

Sacias la sed, la nuestra y la del campo,
sentado junto al pozo de los hombres.
Arrimas tu hombro cansado a mi cansancio
y me alargas la mano cuando la fe vacila
y siento que me hundo.

Tu, que aprendes lo que sabes,
y aprendes a llorar y a reir como nosotros

Tu, Dios, Tu, hombre,
Tu, mujer, Tu, anciano,
Tu, niño y joven,
Tu, siervo voluntario,
siervo último
siervo de todos...
Tu, nuestro.
Tu, nosotros!

Ignacio Iglesias

4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

viernes, 24 de marzo de 2017

Conviérteme, Señor



Si alguien necesita libertad, y puedo ayudar:
conviérteme en un pequeño libertador.
Si me creo mejor que nadie
y pienso que mi vida es perfecta:
impregna mi corazón de humildad.
Si pienso que, tu llamada, es para otros:
convierte, mis oídos sordos,
en escucha atenta a tus Palabras.

Si caigo en el error de pensar
que el pecado es cosa de viejos:
dame una conciencia clara
para diferenciar lo bueno de lo malo.
Si me canso de caminar
y me detengo en la búsqueda de tu rostro:
convierte mi cansancio en fuerzas
redobladas de inquietud apostólica.
Si, en el camino hacia la Pascua,
no me alimento de tu Eucaristía:
convierte mi debilidad en aprecio
por tu Cuerpo y tu Sangre.

Si este tiempo de gracia
no tiene relevancia en mi vida:
haz, Señor, que lo convierta
en un momento de reflexión.
Si me creo libre de todo,
cuando en realidad vivo esclavo
de mucho: convierte mis sensaciones
en gusto por conocer la libertad
de estar junto a Ti.
Si me siento sólo y abatido,
deprimido o angustiado:
convierte mi soledad en seguridad
de saber que Tú siempre me buscas.

Si pregunto demasiado sobre Ti
o exijo otro tanto de tu mano:
convierte mis caprichos
en comprender y entender tu voluntad.
Si, como la higuera, no doy frutos
porque me aprisiona la seducción:
convierte mi seca vida en algo fructífero.
Si siento que, Tú estás cerca,
pero no vivo según tus designios:
conviérteme en un instrumento para tu alabanza.
Si me dejo llevar por la falsa apariencia:
convierte mis impulsos en pensamientos rectos.
Si acepto las ofertas paganas que surgen
en la vida cotidiana: conviérteme a Ti
y haz que valore lo que en verdad merece la pena.

P. Javier Leoz

Lectura de la profecía de Oseas 14, 2-10



Así habla el Señor:
Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tu falta te ha hecho caer.
Preparen lo que van a decir
y vuelvan al Señor.
Díganle: «Borra todas las faltas,
acepta lo que hay de bueno,
y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.
Asiria no nos salvará,
ya no montaremos a caballo,
ni diremos más "¡Dios nuestro!"
a la obra de nuestras manos,
porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión».

Yo los sanaré de su apostasía,
los amaré generosamente,
porque mi ira se ha apartado de ellos.
Seré como rocío para Israel:
él florecerá como el lirio,
hundirá sus raíces como el bosque del Líbano;
sus retoños se extenderán,
su esplendor será como el del olivo
y su fragancia como la del Líbano.
Volverán a sentarse a mi sombra,
harán revivir el trigo,
florecerán como la viña,
y su renombre será como el del vino del Líbano.
Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos?
Yo le respondo y velo por él.
Soy como un ciprés siempre verde,
y de mí procede tu fruto.

¡Que el sabio comprenda estas cosas!
¡Que el hombre inteligente las entienda!
Los caminos del Señor son rectos:
por ellos caminarán los justos,
pero los rebeldes tropezarán en ellos.

Palabra de Dios.


Reflexionamos juntos

Oseas habla a las tribus del Norte -Israel- antes del destierro y les urge a que se conviertan. La 1ª parte es una oración humilde del pueblo, prometiendo su vuelta a Dios. Interesante que el mismo Dios ponga en labios de su pueblo las palabras que está deseando oírle. El pecado principal había sido contra el 1er. mandamiento. Por eso el arrepentimiento se refiere a la idolatría. La 2ª parte es la respuesta amable de Dios recibiendo de nuevo a su pueblo, como se recibe al hijo pródigo o a la esposa caprichosa después de su escapada. Oseas añade que será sabio el que siga este camino de conversión y prudente el que haga caso de la invitación de Dios. ¿Es actual la tentación de la idolatría? ¿Podriamos estar faltando al 1º y más importante mandamiento? No serán ídolos de madera o de piedra. Pero sí pueden ser otros valores que absolutizamos: el dinero, el éxito, el placer, la comodidad, las estructuras, nuestra propia persona. Seguimos teniendo la tentación de pactar con Asiria o montar a caballo: de poner nuestra confianza en medios humanos, sin escarmentar por los fracasos que vamos teniendo ni por las veces que quedamos defraudados por haber recurrido a ellos.


P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 80, 6c-11ab. 14. 17



R.    ¡Ojalá escuchemos la voz del Señor!

Oigo una voz desconocida que dice:
«Yo quité el peso de tus espaldas
y tus manos quedaron libres de la carga.
Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.

Te respondí oculto entre los truenos,
aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.
Oye, pueblo mío, Yo atestiguo contra ti,
ojalá me escucharas, Israel! R.

No tendrás ningún dios extraño,
no adorarás a ningún dios extranjero:
Yo, el Señor, soy tu Dios,
que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,
e Israel siguiera mis caminos!
Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo
y lo saciaría con miel silvestre». R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34



Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»
Jesús respondió: «El primero es: "Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único. Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas". El segundo es: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay otro mandamiento más grande que éstos».
El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios».
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida?

Para responder a la pregunta de aquel escriba, Jesús une dos textos perdidos en el mar de leyes del Antiguo Testamento. Toma primero unas palabras del Deuteronomio 6,4-5: “Amarás a Dios tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Y a continuación une un fragmento de Levítico 19,18: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Para Jesús amar a Dios, amar al prójimo y amarse a uno mismo no es incompatible. Todo lo contrario. El amor es indivisible: cuando amamos a Dios sobre todas las cosas, amamos mejor a los hermanos y a nosotros mismos. Y, por supuesto, cuando amamos a los hermanos, crece nuestra capacidad de amar a Dios.

Dice Benedicto XVI: Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero.

Padre, ¿cómo te podemos amar sin haberte visto jamás?
¿Cómo amarte más que a nada y más que a nadie?
¿No pides demasiado, Señor?

Sólo podremos amarte así, cuando descubrimos tu amor,
Tú nos has amado primero y sigues amándonos primero;
por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor.
No nos amas porque te amamos y nos entregamos a Ti.
Te amamos, porque antes Tú nos has amado hasta el extremo.
Gracias, Padre, por ese amor tuyo, gratuito y fiel,
que hace posible nuestro amor a Ti y al prójimo.
Ayúdanos a reconocer y agradecer tu amor,
en los pobres y en las personas,
en tu Palabra, en los Sacramentos,
en la oración y en la comunidad viva de los creyentes,
en todo momento de nuestra vida cotidiana.

Señor Jesús, ayúdanos a mirar con amor a las personas,
a amigos y enemigos, a paisanos y extranjeros.
Ayúdanos a entregarme a todos, contigo y como Tú.
Que nunca olvide que Tú estás presente
en los hambrientos y sedientos, los forasteros,
los desnudos, enfermos o encarcelados;
y que cada vez que amo y ayudo a uno de estos hermanos,
te amo y te ayudo a ti.
Gracias, porque cada vez que amo y sirvo a las personas
se abren más mis ojos para reconocer
lo que Tú haces por mí y lo mucho que me amas.

Oración inspirada en Deus Caritas Est.


4. Termino la oración   
Doy gracias a Dios por su compañía, por sus enseñanzas, por su fuerza...
     Le pido que me ayude a vivir de acuerdo con el Evangelio
     Me despido rezando el Padre Nuestro u otra oración espontánea o ya hecha.

Santa Catalina de Suecia

A la edad de siete años fue enviada a la abadesa del convento de Riseberg para ser educada y pronto mostró, al igual que su madre, un deseo para vida de auto mortificación y devoción para cosas espirituales. Al mandato de su padre, cuando tiene trece o catorce años, se casa con un noble de descendencia alemana, Eggart von Kürnen. Ella inmediatamente persuade a su esposo, quién era un hombre religioso, a unirse con ella en un voto de castidad.
Ambos viven en un estado de virginidad y devotan su vida al ejercicio de perfección cristiana y caridad activa. A pesar del amor profundo hacia su esposo, Catalina acompaña a su madre a Roma en 1349. En 1351 Catalina recibe noticias de la muerte de su esposo en Suecia, por lo que decide permanecer al lado de su madre en Roma. Ella vive constantemente con su madre, toma una parte activa en la labor fructífera de St. Brígida e imita fervorosamente la vida ascética de su madre. Aunque la bella y distinguida viuda está rodeada de admiradores, ella constantemente rehúsa todas las ofertas de matrimonio. En 1372 St. Catalina y su hermano, Birger, acompañan a su madre a una peregrinación a la Tierra Santa; después de su regreso a Roma, St. Catalina está con su madre en la última enfermedad y muerte de ella.
En 1374, obedeciendo los últimos deseos de St. Brígida, Catalina traja el cuerpo de su madre a regreso a Suecia, para ser enterrada en Wadstena, de cuya fundación ella llegó a ser directora. Es la casa madre de la Orden Brigidina, también llamada La Orden del Santo Salvador. Catalina manejó el convento con gran habilidad y vivió ahí en armonía con los principios impuestos por la fundadora. Al año siguiente fue a Roma a promover la canonización de St Brígida y para obtener una nueva confirmación papal de la orden. Ella aseguró otra confirmación, ambas de Gregorio XI (1337) y de Urbano VI (1379), pero no fue capáz de ganar en ese tiempo la canonización de su madre, por la confusión causada por el Cisma que retrasó el proceso.
Cuando hubo este cisma ella se mostró, cómo St. Catalina de Siena, con firme adhesión al Papa Romano Urbano VI, en cuyo favor ella testificó delante de una commisión judicial. Catalina se quedó cinco años en Italia y al regreasr a casa, portaba una carta de comendación del Papa. Poco después de su llegada a Suecia se enfermó y murió el 24 de marzo de 1381. Al tiempo de su muerte St. Catalina era jefe del convento de Wadstena, fundada por su madre; de ahí el nombre Catalina Vastanensis, por el cuál es ocasionalmente llamada. En 1484 Inocencio VIII dió permiso para su veneración como santa.
Catalina escribió un trabajo devocional titulado “Consolación del Alma” (Sielinna Troëst), largamente compuesto de citaciones Escrípturales y antiguos libros religiosos; no hay copia en existencia. Generalmente ella es representada con una cierva a su lado, la cual se ha dicho vino a su ayuda cuando jóvenes sin castidad buscaban cortejarla.

jueves, 23 de marzo de 2017

Acróstico de la Cuaresma



Contabiliza, no las veces que haces el bien,
sino aquello que pudiste llevar a término
y se quedó en el simple promesa.
Nadie lo hará por ti.

Utiliza la oración, no como una excusa,
sino como un crecimiento personal y de encuentro
esperado con Dios. Te dará fuerza para seguir adelante
y celebrar la Pascua con intensidad.

Abre tus manos al que te puede necesitar y,
no olvides a Dios, para no cansarte y tenerlas
siempre abiertas. No te quedes  sólo en la tierra…
mira hacia el cielo. Es el mensaje de la cruz.

Rechaza  y aléjate de aquello que te obliga a vivir
distante de Dios y  de los que te rodean.
No es malo renunciar a algo cuando ello
nos puede ayudar a superarnos a nosotros
mismos y no caer en errores pasados.

Estate atento a la línea divisoria del bien y del mal,
de la vida y de la muerte, de los auténticos valores
y de aquellos otros que vienen disfrazados.
En el futuro verás que el mundo necesitará
de modelos de referencia. Uno de ellos,
tal vez, puedas ser tú. No es malo ser tentado....
lo malo es ceder.

Sorprende a la gente que te rodea con tu comprensión
y por tu austeridad. La cuaresma, entre otras cosas,
nos invita a ser más auténticos mirándonos
en el espejo de Jesús. La Palabra de Dios te ayudará.

Mide tus palabras, medita tus acciones, valora
y alimenta tu fe. Creer y esperar en Cristo
no es lo mismo que ser bautizado.
Como, no tiene sentido, ser socio de un club
deportivo y no asistir nunca a ningún partido.
La Pascua necesita personas que se asomen
al sepulcro vacío, vean, crean y den testimonio de ello.

Anda por las sendas de la justicia y de la verdad,
de la alegría y de la esperanza. Cuando salgan
a tu encuentro pruebas y zancadillas (que vendrán)
encontrarás un antídoto eficaz para hacerles
frente: la cruz del Señor.

P. Javier Leoz

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