sábado, 1 de diciembre de 2012

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (22, 1-7)


El ángel del Señor me mostró  a , Juan, el río del agua  que da la vida, reluciente  como el cristal, que brotaba  del trono de Dios y del  Cordero. En el centro de la  plaza de la ciudad y en cada  lado del río, crecía un árbol  de la vida, que daba doce  cosechas al año, una cada  mes, y sus hojas sirven para  dar la salud a las naciones.  Ahí no habrá ya ninguna maldición.
En la ciudad estará el trono  de Dios y el del Cordero,  y sus servidores le darán  culto, lo verán cara a cara,  y llevarán su nombre en la  frente. Ahí no habrá ya noche  ni habrá necesidad de lámparas  o de sol, porque el Señor  Dios los iluminará con su luz  y reinarán por los siglos de los siglos.
Luego el ángel me dijo:
Estas palabras son verdaderas  y dignas de crédito. El Señor  Dios, que inspiró a los profetas,  ha enviado su ángel para  comunicar a sus servidores lo  que tiene que suceder en breve. Ya estoy a punto de llegar.
Dichoso quien le hace caso  al mensaje profético contenido en este libro”. 

Palabra de Dios.


Reflexionemos

 He aquí la ultima pagina de la Biblia, de la revelación que Dios quiere hacernos: es la repetición de la primera, es el nuevo comienzo del “génesis”, el paraíso encontrado de nuevo, el proyecto de Dios realizado al fin, la”vida que discurre como un río”, “el árbol de la vida que da sus frutos”, la luz sin ocaso, Adán y Eva, tal como Dios los había querido desde el principio. El éxito de la creación.

P. Juan R. Celeiro


Salmo Responsorial Salmo 94


Demos gracias al Señor.
 
Vengan, lancemos vivas al  Señor, aclamemos al Dios que  nos salva. Acerquémonos a  él llenos de júbilo y démosle  gracias.

Porque el Señor es un  Dios grande, es un rey  más grande que todos  los dioses: en sus manos  están los abismos de la tierra  y son suyas las cumbres de  las montañas; el mar es suyo,  pues él lo hizo, y también la  tierra, pues la formó con sus manos

  Vengan, y puestos de rodillas,  adoremos y bendigamos al  Señor, que nos hizo, pues él  es nuestro Dios y nosotros,  su pueblo, él nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21, 34-36)



En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
Estén alerta, para que los  vicios, la embriaguez y las  preocupaciones de esta vida  no entorpezcan su mente  y aquel día los sorprenda  desprevenidos; porque caerá  de repente como una trampa  sobre todos los habitantes de la tierra.
Velen, pues, y hagan oración  continuamente, para que  puedan escapar de todo  lo que ha de suceder y  comparecer seguros ante el  Hijo del hombre”. 

Palabra del Señor


¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 

 "No se os embote la mente". La advertencia de Jesús es quizá en nuestro mundo todavía más necesaria que en la Palestina del Siglo I. Hay muchos intereses que quieren que no funcione nuestra mente. Se invierte mucho dinero para que pensemos lo que conviene a los que pagan. Y muchas veces consiguen sus propósitos: no nos llama la atención que cada día mueran miles de niños por hambre, por el aborto...  Parece normal que empleemos más dinero en colonias, deportes, espectáculos que en solidaridad. Podríamos poner mil ejemplos. ¿Qué embota mi cabeza?
Pedimos a Dios que nos ayude a descubrir y a superar las trampas que continuamente se tienden a nuestro paso.

 "Estad despiertos". No os traguéis cualquier cosa. Pensad ¿qué se dice? ¿quién lo dice? ¿para qué lo dice? ¿a quién beneficia? Rezad ¿qué me dices tú, Señor? La Palabra de Dios no tiene intereses en esta tierra, mejor dicho, tiene un sólo interés: la felicidad de todos. Pensar y rezar son los mejores medicamentos para combatir la enfermedad del sueño.
     "Ayúdame Seño a poner los medios para permanecer despierto"
     "Gracias por buscar siempre nuestra felicidad más plena"

 Las advertencias de Jesús son importantes. No es lo mismo estar despiertos o dormidos, con mente embotada o clara. Nos jugamos mucho. Nos jugamos la salvación. Es decir, nos jugamos que nuestra vida tenga sentido o no. Nos jugamos ser felices o no. Nos jugamos que otras personas vivan felices o no.
      "Señor, perdona nuestra falta de responsabilidad"
      "Gracias por crearnos libres y responsables"
      "Danos fuerza para ayudar a nuestros próximos a vivir despiertos, con la mirada y la cabeza claras"

San Eloy

San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII (orfebre es el que labra objetos de plata u oro).
Dios le concedió desde muy pequeño unas grandes cualidades para trabajar con mucho arte el oro y la plata. Nació en el año 588 en Limoges (Francia). Su padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño tenía capacidades excepcionales para el arte y lo puso a aprederlo bajo la dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.
Cuando ya aprendió bien el arte de la orfebrería se fue a París y se hizo amigo del tesorero del rey. Clotario II le encomendó a Eloy que le fabricara un trono adornado con oro y piedras preciosas. Pero con el material recibido el joven artista hizo dos hermosos tronos. El rey quedó admirado de la honradez, de la inteligencia, la habilidad y las otras cualidades de Eloy y lo nombró jefe de la casa de moneda (todavía se conservan monedas de ese tiempo que llevan su nombre).
Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán. La habilidad del artista y su amistad con el monarca hicieron de él un personaje muy conocido en su siglo.
Eloy se propuso no dejarse llevar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte. Y así, aunque vestía muy bien, como alto empleado, sin embargo era muy mortificado en el mirar, comer y hablar. Y era tan generoso con los necesitados que cuando alguien preguntaba: "¿Dónde vive Eloy?", le respondían: "siga por esta calle, y donde vea una casa rodeada por una muchedumbre de pobres, ahí vive Eloy".
Un día Clotario le pidió a nuestro santo que como todos los demás empleados jurara fidelidad al rey. Él se negaba porque había leído que Cristo recomendaba: "No juren por nada". Y además tenía miedo de que de pronto al monarca se le antojara mandarle cosas que fueran contra su conciencia. Al principio el rey se disgustó, pero luego se dio cuenta de que un hombre que tenía una conciencia tan delicada no necesitaba hacer juramentos para portarse bien.
Eloy se propuso ayudar a cuanto esclavo pudiera. Y con el dinero que conseguía pagaba para que les concedieran libertad. Varios de ellos permanecieron ayudándole a él durante toda su vida porque los trataba como un bondadoso padre.
Al santo le llamaba mucho la atención alejarse del gentío a dedicarse a rezar y meditar. Y entonces el nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin, donde fundó un monasterio de hombres. Luego el rey le regaló un terreno en París y allá fundó un monasterio para mujeres. Y a sus religiosos les enseñaba el arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas. Al cercar el terreno que el rey le había regalado en París, se apropió de unos metros más de los concedidos, y al darse cuenta fue donde el monarca a pedirle perdón por ello. El rey exclamó: "Otros me roban kilómetros de terreno y no se les da nada. En cambio este bueno hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más". Con esto adquirió tan grande aprecio por él que lo nombró embajador para tratar de obtener la paz ante un gobierno vecino que le quería hacer la guerra.
Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. Predicaba constantemente donde quiera que podía. Al principio aquellos bárbaros se burlaban de él, pero su bondad y su santidad los fueron ganando y se fueron convirtiendo. Cada año el día de Pascua bautizaba centenares de ellos. Se conservan 15 sermones suyos, y en ellos ataca fuertemente a la superstición, a la creencia en maleficios, sales, lectura de naipes o de las manos, y recomienda fuertemente dedicar bastante tiempo a la oración, asistir a la Santa Misa y comulgar; hacer cada día la señal de la cruz, rezar frecuentemente el Credo y el Padrenuestro y tener mucha devoción a los santos. Insistía muchísimo en la santificación de las fiestas, en asistir a misa cada domingo y en descansar siempre en el día del Señor. Prohibía trabajar más de dos horas los domingos.
Cuando ya llevaba 19 años gobernando a su diócesis, supo por revelación que se le acercaba la hora de su muerte y comunicó la noticia a su clero. Poco después le llegó una gran fiebre. Convocó a todo el personal que trabajaba en su casa de obispo y se despidió de ellos dándoles las gracias y prometiéndoles orar por cada uno. Todos lloraban fuertemente y esto lo conmovió a él también. Y el 1º. de diciembre del año 660 murió con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 10, 9-18


 

Hermanos:
Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: «El que cree en él no quedará confundido».
Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Pero, ¿cómo invocarlo sin creer en él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de él? ¿Y cómo oír hablar de él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se les envía? Como dice la Escritura: «¡Qué hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias!»
Pero no todos aceptan el Evangelio. Así lo dice Isaías: «Señor, ¿quién creyó en nuestra predicación?» La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la palabra de Cristo.
Yo me pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: «Por toda la tierra se extiende su voz, y sus palabras llegan hasta los confines del mundo».
 
Palabra de Dios. 


Reflexionemos

San Pablo establece un principio: por la fe se alcanza la salvación. Claro que esta fe, confesada con la boca y creída con el corazón, no puede ser infundida por Dios en el interior sin la palabra exterior de la predicación. ¿Cómo se conocerá a Cristo si nadie lo anuncia? ¿Y cómo alguien puede predicar sin ser enviado? Cristo envió a sus Apóstoles a predicar el Evangelio y por su testimonio hemos podido abrazar, con la ayuda del Espíritu, la fe. Al celebrar la fiesta de San Andrés, la Iglesia vuelve a experimentar que se haya cimentada sobre los Apóstoles, quienes a su vez se encuentran afirmados sobre la piedra angular que es Cristo.

P. Juan R. Celeiro

SALMO RESPONSORIAL 18, 2-3. 4-5




R.    Resuena su eco por toda la tierra. 

El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos:
un día transmite al otro este mensaje
y las noches se van dando la noticia. R.
 
Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,
resuena su eco por toda la tierra,
y su lenguaje, hasta los confines del mundo. R.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 4, 18-22


 

En aquel tiempo:
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar, porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, ya su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca -y a su padre, y lo siguieron.
 
Palabra del Señor. 



¿Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 

Celebramos hoy la fiesta de San Andrés.

En medio de nuestras ocupaciones cotidianas Jesús nos dice «sígueme». San Andrés y los primeros discípulos responden generosamente y dejan las redes. Él mira hoy amorosamente nuestras vidas y nos llama. Él espera tu respuesta. Dios da una vocación a cada persona. La vocación es cómo Dios quiere hacerte feliz. Hay que responder para ser feliz.

¿Cómo saber lo que Dios quiere de mí? Puede que te llame a la vocación matrimonial, a la vida religiosa o sacerdotal... ahí no acaba la cosa. En la oración Dios deja un poso, ahí te dice cómo quiere que le sirvas y te provoca y da fuerzas para que respondas. En tu vida, determinadas personas han sido luz y te han indicado el camino. Dios también habla en los problemas que conmueven tus entrañas: el hambre, las familias rotas, los niños abandonados, los ancianos, los transeúntes... el rostro de Jesús se manifiesta en los hermanos necesitados y te piden una respuesta.

Repasa lentamente algunos de estos momentos en tu vida. ¿A dónde apuntan? ¿Qué giro le pide Dios a tu vida? Pide luz para ver y confianza para responder. Da siempre gracias.


 

San Andrés Apóstol

San Andrés (cuyo nombre significa "varonil") nació en Betsaida, población de Galilea, situada a orillas del lago Genesaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano de Simón Pedro. La familia tenía una casa en Cafarnaum, y en ella se hospedaba Jesús cuando predicaba en esta ciudad.
Andrés tiene el honor de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús (junto con Juan Evangelista), Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nuca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: "Vengan y verán". Esa llamada cambió su vida para siempre.
Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a donde Jesús. Así le consiguió a Cristo un formidable amigo, el gran San Pedro.
Al principio Andrés y Simón no iban con Jesús continuamente sino que acudían a escucharle siempre que podían, y luego regresaban a sus labores de pesca. Pero cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Andrés y a Simón remendando sus redes y les dijo: "Vengan y me siguen", y ellos dejando a sus familias y a sus negocios y a sus redes, se fueron definitivamente con Jesús. Después de la pesca milagrosa, Cristo les dijo: "De ahora en adelante serán pescadores de almas".
San AndrésEl día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones. Vivió junto a Él por tres años.
En el día de Pentecostés, Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.
Un escrito que data del siglo III, el "Fragmento de Muratori" dice: "Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el Cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al apóstol San Andrés, el cual le dijo: ‘Debe escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escriba’".
Una tradición muy antigua cuenta que el apóstol Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Que lo amarraron a una cruz en forma de X y que allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: "Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo".
La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio cruel de Nerón.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La Corona de Adviento

La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular
El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes
Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas
Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (18, 1-2. 21-23; 19, 1-3. 9)


Yo Juan, vi un ángel que  bajaba del cielo. Su poder  era inmenso y con resplandor  iluminó la tierra. Gritó con voz potente y dijo:
“Ha caído ya la  gran Babilonia y ha quedado  convertida en morada de  demonios, en guarida de toda  clase de espíritus impuros,  en escondrijo de aves inmundas  y repugnantes”.
Otro ángel poderoso levantó  una piedra del tamaño de una  rueda de molino y la arrojó al
mar, diciendo:
“Con esta misma violencia  será arrojada Babilonia, la gran  ciudad, y desaparecerá para  siempre. Ya no se volverán a  escuchar en ti ni cantos, ni  cítaras, ni flautas, ni trompetas.  Ya no habrá jamás en ti  artesanos de ningún oficio, ni  se escuchará más el ruido de la  piedra de molino; ya no brillarán  en ti las luces de las lámparas,  ni volverá a escucharse en ti el bullicio de las bodas. Esto sucederá porque tus  comerciantes llegaron a dominar  la tierra y , con tus brujerías, sedujiste a todas las naciones”.
Después de esto algo así  como una inmensa multitud que  cantaba en el cielo: “¡Aleluya!  La salvación, la gloria y el  poder pertenecen a nuestro  Dios, porque sus sentencias  son legítimas y justas. El ha  condenado a la gran prostituta,  que corrompía a la tierra con  su fornicación y le ha pedido  cuentas de la sangre de sus siervos”.
 Y por segunda vez todos cantaron:
“¡Aleluya!  El humo del incendio de la gran  ciudad se eleva por los siglos de
los siglos”.
 Entonces un ángel me dijo:
Escribe: ‘Dichosos los invitados  al banquete de bodas del Cordero’ ”.

Palabra de Dios.


Reflexionemos

En su contexto histórico el Apocalipsis anuncia que finalmente caerá Babilonia, probablemente símbolo de Roma, por su persecución contra los cristianos y su idolatría. Una lectura escatológica, ya prevista por el autor sagrado, nos ubica en el Juicio de Dios al final de los tiempos: serán aniquilados los pecadores, los que intentan oponerse y resistir al plan salvífico de Dios; entonces se celebrará en el Cielo las bodas del Cordero con su Pueblo, es decir, llegará la hora de la plenitud del Reino. Así nuevamente se nos invita a no perder la esperanza aunque sea muy difícil el tiempo que nos toca atravesar. En Jesucristo ya hemos obtenido la victoria. Confiemos en Él; creamos que toda la historia termina bien, sobre todo cuando parece que va mal. Es Dios quien lo promete y lo realiza.

P. Juan R. Celeiro

Salmo Responsorial Salmo 99


Dichosos los invitados al banquete del Señor.

Alabemos a Dios todos los  hombres, sirvamos al Señor con  alegría y con júbilo entremos en su templo.
.
Reconozcamos que el Señor  es Dios, que él fue quien nos  hizo y somos suyos, que somos  su pueblo y su rebaño.
.
Entremos por sus puertas  dando gracias, crucemos por sus  atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. 

Porque el Señor es bueno,  bendigámoslo, porque es eterna  su misericordia y su fidelidad  nunca se acaba.


† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21, 20-28)



 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando  vean a Jerusalén sitiada por un  ejército, sepan que se aproxima  su destrucción. Entonces, los  que estén en Judea, que huyan  a los montes; los que estén en  la ciudad, que se alejen de ella;  los que estén en el campo, que  no vuelvan a la ciudad; porque  esos días serán de castigo para  que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Pobres de las que estén  embarazadas y de las que estén  criando en aquellos días! Porque  vendrá una gran calamidad  sobre el país y el castigo de  Dios se descargará contra este  pueblo. Caerán al filo de la  espada, serán llevados cautivos  a todas las naciones y Jerusalén  será pisoteada por los paganos,  hasta que se cumpla el plazo
que Dios les ha señalado.
Habrá señales prodigiosas  en el sol, en la luna y en las  estrellas. En la tierra las naciones  se llenarán de angustia y de  miedo por el estruendo de las  olas del mar; la gente se morirá  de terror y de angustiosa espera  por las cosas que vendrán  sobre el mundo, pues hasta  las estrellas se bambolearán.
Entonces verán venir al Hijo del  hombre en una nube, con gran  poder y majestad. Cuando estas  cosas comiencen a suceder,  pongan atención y levanten la  cabeza, porque se acerca la hora  de su liberación

Palabra del Señor


Qué me quieres decir, Señor? ¿Cómo puedo hacer realidad este evangelio en mi vida? 
 

Otra vez Jesús utiliza un lenguaje simbólico, difícil de comprender para nosotros. El panorama que dibuja es desolador: destrucción, venganza, signos en los astros... Sin embargo, a pesar de todo, las últimas palabras de Jesús son esperanzadoras: "levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación". Aunque a veces no lo parezca, hasta en las situaciones más dolorosas, Dios está presente y busca nuestra liberación, nuestra felicidad.
     "Gracias Señor porque levantas cada día nuestra esperanza"
     "Que los árboles del dolor no me oculten el bosque de tu cercanía"

Podemos pensar en situaciones difíciles que hemos vivido. Y recordar cómo a pesar de todas las apariencias negativas, Dios se ha hecho paso y nos ha ido salvando poco a poco. Damos gracias.
Si no hemos descubierto la presencia de Dios en los momentos dolorosos de la vida, le pedimos que nos conceda luz para saber descubrirlo.

Dios nos pone a veces en camino de personas que sufren mucho, que no tienen un futuro esperanzador. Y nos pide que les ayudemos a levantarse, a caminar, a disfrutar de la salvación (del amor de Dios y de los hermanos).
     "¿A quien tengo que ayudar, Señor?"
     "Me has dado, Padre, la felicidad para compartirla"
     "Perdona mi indiferencia ante los problemas del prójimo"


San Gregorio Taumaturgo

Se llama "taumaturgo" al que hace muchos milagros. A este santo le pusieron ese nombre porque según decía la gente, desde tiempos de Moisés, no se había visto a un simple hombre conseguir tantos milagros como los que obtuvo él.
N
ació Gregorio cerca del Mar Negro, de una familia pagana. Sus padres que eran de familia noble lo encauzaron hacia los estudios de las leyes.
C
uando era joven tuvo que viajar a Cesarea, en Palestina, a acompañar a una hermana, y allá conoció al sabio más grande de su tiempo que era Orígenes, el cual había puesto una escuela de teología en esa ciudad. Desde el primer encuentro el sabio Orígenes se dio cuenta de que Gregorio poseía unas cualidades excepcionales para el estudio y lo recibió en su famosa escuela.
L
o dedicó enseguida a que leyera todo lo que los antiguos autores habían escrito acerca de Dios y el joven se fue dando cuenta de que lo verdaderamente admirable y cierto acerca de Dios es lo que dice la S. Biblia, y se convirtió al cristianismo y se hizo bautizar.
F
ascinado por la personalidad de Orígenes, el joven Gregorio renunció a su antiguo plan de dedicarse a la abogacía y se consagró totalmente a los estudios religiosos. Más tarde dirá: "Cuando estábamos estudiando nuestro maestro Orígenes era para nosotros como un ángel de la guarda. Siempre cuidaba de nuestra alma con un interés increíble. Parecía que cuando íbamos a sus clases el ángel guardián no tenía nada que hacer porque el maestro Orígenes lo reemplazaba cuidando amorosamente el alma de cada uno de nosotros. Nos guiaba por el camino de la virtud no sólo con sus luminosas palabras sino con los admirables ejemplos de su buen comportamiento" (¡Quisiera Dios que los alumnos de hoy pudieran decir lo mismo de sus maestros!)
E
l año 238 cuando ya Gregorio terminó sus estudios hizo un hermoso discurso de despedida a su gran profesor, alabando los métodos que Orígenes tenía para educar. En este discurso, que aún se conserva, se señalan ciertos datos de importancia para conocer como aquel sabio se preocupaba no sólo de que sus alumnos fueran muy instruidos sino también de que fueran sumamente virtuosos.
A
l llegar a su patria, a su ciudad Neocesarea del Ponto, fue nombrado obispo, y empezó entonces una cadena incontable de milagros. San Gregorio de Nisa al hacer el discurso fúnebre de nuestro santo, narra unos cuantos como por ej. El poder tan extraordinario que tenía de expulsar los malos espíritus. En cierta ocasión dos familias se peleaban a muerte por un nacedero de agua. Viendo que la pelea no acababa nunca, el santo le envió una bendición al nacedero y este se secó y ya no hubo más peleas. La casa del obispo Gregorio estaba siempre llena de gente aguardando en su puerta para que les diera la bendición. Él los instruía en la religión y luego les obtenía de Dios su curación. Y así con su predicación y sus milagros logró aumentar enormemente el número de cristianos en aquella ciudad.
S
an Gregorio Taumaturgo necesitaba construir un nuevo templo porque el número de creyentes había aumentado mucho, pero no tenía como terreno sino un cerro abrupto. Y un día dijo: "Vamos a ver si es cierto lo que Jesús dijo: "si tenéis fe, podréis decir a un monte: ¡quítate de ahí! – y este obedecerá". Y se puso a rezar con mucha fe, y sobrevino un terremoto y el cerro se derrumbó quedando allí una buena explanada para construir el templo.
S
an Gregorio de Nisa y San Basilio comentaban cómo su abuela Santa Macrina, que había conocido a este santo les narraba que la vida de Gregorio era como un retrato de lo que el evangelio dice que debe ser la vida de un buen amigo de Dios; que nadie veía en él jamás un estallido de cólera; que siempre sus respuestas eran sencillas: "si, si" o "no, no", como lo manda el evangelio. Que su piedad era tan admirable que al rezar parecía estar viendo al invisible".
A
l estallar la persecución de Decio en 250, San Gregorio aconsejó a los cristianos que se escondieran para que no tuvieran peligro de renegar de su fe cristiana por temor a los tormentos. Y él mismo ser retiró a un bosque, acompañado de un antiguo sacerdote pagano, al cual él había convertido al cristianismo.
Y
sucedió que un infante fue y avisó a la policía dónde estaban escondidos los dos. Y llegó un numeroso grupo de policías y por más que requisaron todo el bosque no lo lograron encontrar. Cuando la policía se fue, llegó el informante y al verlos allí y darse cuenta de que por milagro no los habían logrado ver los policías, se convirtió el también al cristianismo.
S
an Gregorio se propuso hacer que la religión fuera muy agradable para la gente y así en las vísperas de las grandes fiestas organizaba resonantes festivales populares donde todo el mundo estaba contento y alegre sin ofender a Dios. Esto le atrajo la simpatía de la ciudad.
S
e ha hecho célebre en la historia de la Iglesia la frase que dijo este gran santo poco antes de morir. Preguntó: "¿Cuántos infieles quedan aún en la ciudad sin convertirse al cristianismo?" Le respondieron: "Quedan diecisiete", y él exclamó gozoso: "Gracias Señor: ese era el número de cristianos que había en esta ciudad cuando yo llegué a misionar aquí. En ese tiempo no había sino 17 cristianos, y ahora no hay sino 17 paganos".
P
oco antes de morir pidió que lo enterraran en el cementerio de los pobres porque él quería estar también junto a ellos hasta después de muerto.
Las gentes lo invocaban después cuando había inundaciones y terremotos, y es que él con sus
oraciones logró detener terribles inundaciones que amenazaban acabar con todo.
E
n verdad que en la vida de San Gregorio Taumaturgo sí que se cumplió aquello que decía Jesús: "Según sea tu fe, así serán las cosas que te sucederán". Quiera Dios bendito y adorado darnos también a cada uno de nosotros una gran fe que mueva montañas de dificultades. Amen.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lectura del libro del Apocalipsis 15, 1-4



 

Yo, Juan, vi en el cielo otro signo grande y admirable: siete Ángeles que llevaban las siete últimas plagas, con las cuales debía consumarse la ira de Dios.
También vi como un mar de cristal, mezclado de fuego. Los que habían vencido a la Bestia, a su imagen y la cifra de su nombre, estaban de pie sobre el mar de cristal, teniendo en sus manos grandes arpas, y cantaban el canto de Moisés, el servidor de Dios, y el canto del Cordero, diciendo:
«¡Grandes y admirables son tus obras,
Señor, Dios todopoderoso;
justos y verdaderos son tus caminos,
Rey de los pueblos!
¿Quién dejará de temerte, Señor,
quién no alabará tu Nombre?
Sólo Tú eres santo,
y todas las naciones vendrán a adorarte,
porque se ha manifestado la justicia de tus actos».
 
Palabra de Dios.


Reflexionemos

 Nuevamente se instala el tema del cántico de victoria que entonan los elegidos. Un canto de alabanza al Cordero en quien han recibido el triunfo definitivo. Ojalá, cercanos al Adviento, finalizando el año litúrgico, podamos exclamar: Grandes y maravillosas son tus obras, justos y verdaderos tus caminos; y también: Sólo tú eres Santo, se ha manifestado la justicia de tus actos. Pidamos al Señor la gracia de reconocer en la fe su victoria, la presencia de su Reino entre nosotros. Solicitémosle con insistencia que nos envíe su Espíritu para cantar el Cántico Nuevo del Cordero con toda nuestra vida y nuestro corazón.


P. Juan R. Celeiro

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